Del Sueve al “picón” de Buelna: la múltiple conexión asturiana de “Tato” Noriega, el nieto de llanisco que preside uno de los grandes clubes del fútbol mexicano
Exfutbolista y excomentarista de fútbol europeo en la televisión estadounidense, ha cumplido tres años al frente de Rayados de Monterrey
El club, destino del exsportinguista Djurdjevic y de la allerana Lucía García, tiene entre sus principales accionistas a la empresa del asturmexicano José Antonio Fernández Carbajal

José Antonio Noriega, en una calle de Monterrey, con el Cerro de la Silla al fondo. / M. P.
Esta historia que termina a los pies del Cerro de la Silla, la enorme colina icónica que vigila la ciudad de Monterrey, ha empezado en el Sueve. Pero el Sueve no es aquí la formación montañosa que se extiende en paralelo a la costa oriental asturiana. O no sólo. Este Sueve es un equipo de fútbol mexicano, el que José Antonio Noriega, exfutbolista, excomentarista deportivo y ahora presidente del club Rayados de Monterrey, recuerda como el primero de su vida. Nieto de llanisco nacido en Ciudad de México en 1969, se formó jugando en el descomunal Centro Asturiano de la capital federal desde los cinco años hasta que se hizo profesional, a los dieciséis. Se enfrentaba al Río Sella, al Río Navia, al Principado, al Covadonga… Quizá no lo supiera entonces, pero las raíces de su familia paterna no estaban muy lejos de aquella sierra prelitoral que daba nombre a su equipo.
A José Antonio, “Tato”, el apellido no le va a dejar mentir: es el nieto de un emigrante de Buelna (Llanes) nacido en 1904 que buscó en México la fortuna que le negaba la Guerra Civil y tuvo varias tiendas de “abarrotes”, de comestibles y artículos de uso cotidiano, en el mercado de San Juan y otros puntos de la capital. Se llamaban “El cañón”, “La ametralladora” y “La perla” y allí el abuelo, Miguel Joaquín Noriega Escandón, se ganaba la vida vendiendo productos de importación. Su nieto se acuerda de las grandes piezas de bacalao, con su olor penetrante, y tiene grabada la imagen de un hombre “callado, tranquilo y muy observador”, un hombre “noble, pero rígido”, que hablaba con un acento muy diferente y ponía en la mesa cosas para comer muy distintas de las que servía su familia materna, mexicana.
Miguel Joaquín se había casado en 1940 con una mexicana de ascendencia catalana, Mercedes Ferrer, y vivió desahogadamente, sin opulencia, gracias a aquellas tiendas de las que a su muerte, cuando José Antonio era aún un adolescente, se hizo cargo por algún tiempo su padre. A José Antonio, por cierto, le viene el “Tato” de la similitud fonética que encontró su hermana cuando empezaba a hablar, pero la casa del abuelo asturiano era, recuerda, el único lugar en el que a “Tato” no le llamaban así. Allí, “no sé si por costumbre española”, era Pepe Toño.

Una imagen de la casa de los Noriega Escandón en Buelna (Llanes). / J. A. N.
Como tantas otras historias de la emigración ultramarina, ésta tiene también sus afluentes y sus relatos aledaños. Con el tiempo, en México desembarcó Gumersindo Ruiz Noriega, un primo de Miguel Joaquín al que éste echó una mano a su llegada y que terminó fundando su propia tienda de abarrotes y alimentos de importación que en su versión actual se ha convertido en “La europea”, una gran cadena de establecimientos repartidos por todo el país que siguen en manos de la familia y tienen el importante apéndice de un viñedo en la Ribera del Duero. Gumersindo, natural de Colombres, falleció en 2021 a los 101 años dejando una biografía intensa que incluye el duro trance de un secuestro a finales de los noventa.
Por los vericuetos de su propio destino, mientras tanto, “Tato” Noriega va a terminar encontrando nuevos vínculos con Asturias en una larga carrera que ha cumplido cuarenta años de fútbol profesional entre el césped, los despachos y las cabinas de comentarista de televisión. Como futbolista debutó y fue campeón con los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero entonces era muy joven y se hizo futbolista de verdad, dice, defendiendo la camiseta de Rayados de Monterrey, el club que ahora preside y que fue su segundo destino como profesional.
Siguieron el Cruz Azul, el Santos Laguna de Torreón, los Tigres –el otro equipo y gran rival de Rayados en Monterrey– y Morelia. Se retiró a los 35 años y después de cuatro como directivo recibió una invitación para trabajar como comentarista de fútbol europeo en la cadena de televisión estadounidense ESPN. Pasó catorce años allí, en la sede central de la empresa en el estado de Connecticut, y recibió la llamada que le ofreció la presidencia de Rayados, donde acaba de cumplir tres años.

Miguel Joaquín Noriega Escandón, en una imagen de su juventud en Buelna, con el "picón" detrás. / J. A. N.
El “picón” emerge del mar en Buelna
Aquel trabajo en la televisión le obligaba a viajar a Europa con cierta frecuencia, entre otras ocasiones a la final de la Liga de Campeones, pero no tanto a España. Para poner remedio a esa carencia alquiló un coche en 2019 y recorrió el país junto a su esposa y sus tres hijos. Llegaron a Asturias, claro, y por primera vez visitó la casa del abuelo, que sigue ahí, mirando al mar en Buelna, y en un momento muy especial se encontró cara a cara con el “picón”, una curiosa roca inclinada que sobresale del mar frente a la playa de la localidad llanisca y que había visto mil veces en “las fotos antiguas que había en casa de mi abuelo…”
El azar le devolvió después de aquello a Monterrey, este lugar donde otra vez se le tejieron lazos insospechados con la tierra natal de su abuelo paterno. En este caso, la conexión tiene el nombre de su tocayo José Antonio Fernández Carbajal, ingeniero y empresario, mexicano afincado en Monterrey con sólidas raíces familiares en Siero y Peñamellera Alta y “alma máter” de FEMSA, la gran empresa de esta ciudad con negocios en multitud de sectores y máximo accionista de Rayados aproximadamente desde el cambio de siglo.
“El ingeniero y la empresa”, apunta Noriega, “han buscado siempre el beneficio de la comunidad. Están muy agradecidos a la sociedad del estado de Nuevo León, porque de alguna manera la gran empresa que es hoy FEMSA ha crecido desde aquí hacia el mundo” y quieren devolver lo que han recibido. Por eso en 1999, en el peor momento de la historia del club, cuando atravesaba problemas fiscales, la Federación Mexicana lo había rescatado y buscaba quién se hiciera cargo de él, “enseguida el ingeniero y FEMSA levantaron la mano para decir ‘Rayados es un bien de la comunidad de Monterrey y queremos que permanezca’”.
“Ellos lo rescataron y lograron la época de mayor éxito de la historia del club”, agradece el presidente de una entidad que salió de aquel atolladero y ahora exhibe su poder enseñando el moderno estadio con capacidad para 53.000 espectadores en el que juega sus partidos y que este verano será una de las tres sedes mexicanas del Mundial, junto a las de Ciudad de México y Guadalajara. La inserción del club en el tejido urbano puede considerarse incluso física si se tiene en cuenta que el campo tiene una singularidad constructiva en una grada que ha sido modificada de tal forma que permita ver desde dentro el Cerro de la Silla, la gran montaña que es icono de la ciudad y que toma su nombre de su forma, con una hendidura en la cima que en el imaginario popular la ha hecho semejante a la silla de un caballo.
“Djuka” y Lucía García
Es esta una ciudad que vive el fútbol con pasión dividida entre Rayados y Tigres, tanto que “Tato” Noriega no duda en compararla en este punto a Sevilla. En su lado de la rivalidad “hay un ambiente de hambre deportiva” después de cinco años sin ganar el título, señala el presidente, que hace casi un año estaba viajando a España para fichar a Sergio Ramos. La leyenda del Real Madrid tuvo su último destino profesional en Rayados, equipo al que defendió hasta finales del año pasado. La cuota española la mantienen ahora Sergio Canales y Óliver Torres, exjugadores del Betis y el Sevilla, respectivamente, y está recién aterrizado en el club Uros Djurdjevic, el delantero montenegrino que jugó en el Sporting de 2018 a 2024. Para que no se pierda la conexión asturiana, en el equipo femenino sigue Lucía García, delantera internacional, allerana de Pola del Pino y jugadora de Rayadas desde el verano de 2024.
Hablar de fútbol, de México y de Asturias conduce de inmediato a completar los vínculos nombrando al Oviedo y al Sporting, y a Pachuca y Orlegi, los dos propietarios mexicanos de los dos grandes del fútbol asturiano. Con independencia del análisis más inmediato de los resultados, allí “genera cierta sensación de orgullo”, señala Noriega, “que gente que ha hecho las cosas bien en México, que ha logrado campeonatos y ha hecho crecer a sus instituciones, tenga la capacidad de ir a uno de los lugares más futboleros del mundo y tener un equipo en Primera y otro en Segunda. Porque además los conocemos y son gente muy cercana”.
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