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Un santuario sportinguista en un taller mecánico de Ciudad de México: Arturo heredó del abuelo el negocio, la pasión y los colores

Arturo Rodríguez regenta un garaje en la capital federal el garaje “Aúpa Sporting”, en el que ha estampado un gran mural rojiblanco con los escudos históricos del club

Nacido en Ciudad de México y nieto de asturianos, formado como piloto de aviación comercial y reconvertido como empresario, recibió el sportinguismo de su abuelo y ahora “igual soy más aficionado que él”

Arturo Rodríguez, ante el mural que ha instalado en uno de los muros de su taller mecánico en Ciudad de México.

Arturo Rodríguez, ante el mural que ha instalado en uno de los muros de su taller mecánico en Ciudad de México. / A. R.

A Arturo Rodríguez, mexicano de 38 años, Asturias le queda a 9.000 kilómetros y dos generaciones de distancia. Pero en su biografía el ejemplo de los abuelos paternos y la magia del fútbol tienen mucha más fuerza que el tiempo y el espacio. Arturo heredó el oficio y los colores del abuelo, José Ángel Rodríguez, un emigrante de Pañeda Nueva (Siero) que llamó “Automotriz Sporting” al taller de coches que regentó durante cuarenta años en Ciudad de México. Su nieto, piloto comercial reconvertido en empresario, se va a atrever a decir que “igual soy todavía más aficionado que mi abuelo”.

Tras sus pasos, él también ha abierto un garaje de reparaciones, chapa y pintura no muy lejos del que tuvo José Ángel y le ha buscado un nombre similar, “Aúpa Sporting”. Lo tiene pintado de rojo y blanco por fuera y en el interior acaba de añadirle un mural enorme con un “Puxa Sporting” negro sobre fondo rojiblanco y flanqueado por cuatro escudos icónicos de la historia del club gijonés.

El “pequeño Molinón” de Iztacalco, el muy automovilístico distrito de la capital mexicana en el que se encuentra el autódromo Hermanos Rodríguez –sede cada año del Gran Premio de México de Fórmula 1–, es un taller forrado de fotos y recuerdos, de cuadros con escudos y camisetas autografiadas, incluida una muy especial que Quini le firmó al abuelo en los primeros setenta.

Miembro muy activo de la peña que agrupa a los sportinguistas de la capital mexicana, “La villa de Quini”, Arturo Rodríguez no quiere dejar que se pierda ese anclaje transoceánico con Asturias que también es un lazo invisible con sus ancestros emigrantes. “Desde pequeño me acostumbré a ir los veranos, porque mis abuelos estaban un tiempo allí y otro acá, y ahora lo sigo haciendo siempre que puedo”, en todas las ocasiones con visitas obligadas a la familia, a los entrenamientos en Mareo y a los partidos en El Molinón.

La camiseta que Quini le dedicó a José Ángel Rodríguez, el abuelo de Arturo.

La camiseta que Quini le dedicó a José Ángel Rodríguez, el abuelo de Arturo. / A. R.

El fútbol y el Sporting son su forma de mantener bien regadas las raíces que le enganchan a Asturias, a su abuelo de Siero y a su abuela, Olga Suárez, de Noreña.  Además de ver y sufrir con su equipo, más de una vez salvando las dificultades logísticas que impone la diferencia horaria, Arturo juega de mediocentro defensivo con el equipo de “La villa de Quini”, finalista del torneo de peñas que organiza la Liga en México. “Estaban los del Oviedo, el Real Madrid, el Celta, el Valencia, el Osasuna… El año pasado llegamos hasta la final y la perdimos contra el Barcelona”, un poco como en la de la Copa del 81 en el Vicente Calderón, bromea Arturo, “pero nosotros por penaltis”.

Una camiseta autografiada por los jugadores del Sporting que Arturo Rodríguez exhibe en su taller mexicano.

Una camiseta autografiada por los jugadores del Sporting que Arturo Rodríguez exhibe en su taller mexicano. / A. R.

Jugó al fútbol desde lo tres años, primero en el gran Centro Asturiano de la capital federal y después en las “fuerzas básicas” de los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México, la UNAM, el equivalente español a la cantera. Los Pumas son el equipo “al que le voy aquí, en México” en parte por inspiración de la familia materna, cuenta. Ellos proceden de Madrid “y mi abuela fue catedrática de la UNAM". Desde México, la nostalgia se acalla jugando al fútbol, buscando huecos a deshora para ver partidos por televisión y mirando el mural y los recuerdos que adornan este taller en el que a veces Arturo tiene que dar algunas explicaciones sobre el nombre.

“La primera idea era ponerle ‘Puxa Sporting’, pero me pareció que iba a ser un lío, porque no es una palabra común ni la iban a pronunciar como nosotros y me quedé con ‘aúpa’”. El negocio ocupaba dos naves grandes y cuando llegó el momento de redistribuir el espacio no dudó. El muro de separación iba a tener “un toque” que le hiciera sentirse “como en El Molinón”, con una remembranza de las paredes rojas y blancas que recuerda de sus visitas al estadio.

El escudo del Sporting y la bandera de Asturias, en una de las paredes del taller.

El escudo del Sporting y la bandera de Asturias, en una de las paredes del taller. / A. R.

Hay mucho de homenaje a su pasado y al del club en este panel que de algún modo contiene la memoria del Sporting y la de sus abuelos. En él se perciben los ecos del taller que José Ángel Rodríguez regentó no muy lejos de aquí durante cuarenta años, los esfuerzos del padre y el tío de Arturo, que también trabajaron allí, y el afán que el nieto sintió cuando falleció el abuelo, hace diez años, por dar continuidad al negocio y ser su propio jefe. Arturo Rodríguez estudió para ser piloto comercial y voló durante algún tiempo, justo hasta que el espíritu emprendedor se apoderó de él y montó este garaje en Iztacalco además de una empresa de ventanas y puertas de PVC y un hotel que se está construyendo en Puerto Escondido, en la costa del estado mexicano de Oaxaca.

¿Y el Sporting? “al playoff creo que sí podemos llegar”, se ilusiona Arturo, un tanto receloso por los precedentes de las temporadas en las que el equipo empezaba bien y se desfondaba “después de las navidades”. La propiedad mexicana, dice con el conocimiento que da la cercanía, “empezó bien, pero ahora está teniendo problemas con sus equipos de aquí”. El Santos Laguna es el colista del torneo clausura, y en el Atlas de Guadalajara, “al que hicieron bicampeón después de muchos años”, “ahora tampoco anda bien”, pero en la parte que a él más le importa, la rojiblanca del Sporting, el hincha mexicano no va a perder la confianza.

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