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Pablo Aguinaga, un asturiano llamando a las puertas de Betel: el realizador dirige en HBO "Sobrevivir al Paraíso", sobre los testigos de Jehová

También fue impulsor del exitoso programa sobre "Locomía"

Pablo Aguinaga, un asturiano llamando a las puertas de Betel: el realizador dirige en HBO "Sobrevivir al Paraíso", sobre los testigos de Jehová

Pablo Aguinaga, un asturiano llamando a las puertas de Betel: el realizador dirige en HBO "Sobrevivir al Paraíso", sobre los testigos de Jehová / LNE

Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

Fue "la necesidad de hablar, las ganas de contar una historia" lo que Pablo Aguinaga (Avilés, 1980) detectó al escuchar los testimonios de algunos exmiembros de los testigos de Jehová y lo que finalmente le decidió a dirigir la serie documental de tres episodios "Sobrevivir al paraíso", que HBO acaba de estrenar el pasado viernes.

Aguinaga, nacido en Avilés, criado en Oviedo y con una trayectoria en el audiovisual en Madrid desde hace más de veinte años, ya sabía lo que era embarcarse en un proyecto de estas dimensiones. Desde la productora Boxfich, donde dirige el departamento de I+D, ya había puesto en marcha, como guionista y productor ejecutivo, la exitosa serie "Locomía, el mayor culebrón jamás bailado", en este caso para Movistar+. Ahora reconoce que se ha sumergido en un mundo más sombrío y espinoso, aunque el estreno de "Sobrevivir al Paraíso" le está proporcionando buenas noticias, críticas positivas y buenos números en el top de HBO en países como Ucrania, Macedonia, Georgia o Noruega el pasado fin de semana.

El proyecto parte del podcast "Los expulsados del paraíso", donde ya se daba voz a varios exmiembros de los testigos de Jehová, "víctimas", como ellos mismos dicen y como se denomina su asociación. Ese término motivó, de hecho, una batalla judicial en 2022 que a la postre les ha permitido seguir utilizando la denominación "asociación de víctimas de los testigos de Jehová" gracias a una sentencia en la que también se califica a este grupo como "secta destructiva".

Aquel juicio, pieza clave del podcast y también de esta serie, introdujo una mirada algo diferente sobre un colectivo al que la sociedad española contemplaba, en especial en décadas pasadas, cuando sus prácticas proselitistas habituales pasaban más por la oferta de libros puerta a puerta y en parejas, como "gente educada y un poco insistente". A través de estas investigaciones y de estos testimonios se descubren "ciertas prácticas, ciertas normas" como los comités judiciales y los castigos de ostracismo social, relata Aguinaga.

En el trabajo de preproducción hubo reuniones presenciales en "Betel", como los testigos denominan a sus sedes, en este caso la central en España, en Ajalvir (Torrejón), varias llamadas de teléfono y muchos mails. El director asturiano insiste en que los testigos "tuvieron derecho a réplica". "Sobre David Baidez, su portavoz en España, no puede decir más que cosas buenas; fueron muy cordiales y en algún momento llegué a creer que participarían en la serie", resume. El proyecto no pretende atacar la libertad de culto o a los testigos, sino "generar un debate, una reflexión, y presentar unos hechos siempre según el relato de los exmiembros", matiza.

La génesis de la serie partió del podcast y de las investigaciones previas del periodista José Ramón Navarro, pero al llevarlo a pantalla necesitaron imprimir otro ritmo. "El audiovisual te requiere ir directo al grano, quisimos sintetizar y buscamos un eje, que inicialmente fue cielo, infierno y juicio final", detalla Aguinaga. Así, y siempre según los testimonios de los exmiembros, el primer capítulo habla del momento en que entran en la organización y se encuentran con lo que definen como "una gran familia", "el amor de los cuidados". En el segundo, el infierno, es cuando los testimonios hablan de la presión, la falta de libertad y la expulsión. El juicio final, como su nombre indica, se refiere al citado proceso judicial, a la salida al mundo y al encuentro de una nueva "familia de acogida", la asociación de víctimas, en este caso. "Era un círculo perfecto. La idea de familia, y cómo todos necesitamos sentir esa pertenencia, lo que se relaciona directamente con el inicio", describe Pablo Aguinaga.

Los nombres de los capítulos se cambiaron finalmente por otras denominaciones de inspiración bíblica –génesis, éxodo e infierno–, pero se respetó la estructura. La carga emocional del trabajo se centró en las entrevistas, con sesiones intensas donde el equipo trató de ofrecer la atmósfera más favorable posible para que las conversaciones con los exmiembros fuera fluidas.

Para Pablo Aguinaga no fue un trabajo más. "Una de las claves de estos proyectos es la implicación, que tiene que ir más allá de lo profesional. También me pasó con ‘Locomía’. Tiene que haber un interés humano en la historia que te vincule con estos testimonios, algo que luego cuando esa gente lo vea te diga que se han visto representados, porque, al final, es su vida, y es una responsabilidad muy grande".

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