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José Lebeña viajó de Panes a México a buscarse la vida y acabó entrevistando a jefes de Estado

El periodista peñamellerano, director editorial del diario “Publimetro” en el país azteca, da por bien empleado el viaje vital que “Me ha dado una visión del mundo completamente diferente”

“En Latinoamérica, el poder condiciona la libertad de prensa tal vez más que en Europa”, afirma

El periodista asturiano José Lebeña, con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum.

El periodista asturiano José Lebeña, con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. / J. L. A.

El niño que jugaba a hacer reportajes en Panes, con una libreta y una cámara de video, había pasado los veinte y caminaba hacia los treinta. Tenía el título de Periodismo de la Universidad San Pablo CEU de Madrid, una experiencia de trabajo como becario en una revista de telecomunicaciones de la capital y otra de cuatro años en “El oriente de Asturias”. También había estudiado Empresariales con un curso de Erasmus en Irlanda. Había viajado mucho durante su etapa en la revista, había vuelto a casa y se marchaba. Aquel verano de hace cerca de veinte, José Lebeña (Panes, 1978) sentía que “tenía que dar un paso” y cruzó un océano. Se dio a sí mismo un mes en México para encontrar un trabajo y acabó quedándose dieciocho años. “Cuando faltaban cuatro días para volver", recuerda, "me llamaron de dos periódicos, ‘Reforma’ y ‘Publimetro’”, y hasta hoy.

Como en “Reforma” le ofrecían un puesto en la sección local y la había leído –“mataban gente todos los días”–, eligió “Publimetro”, un gratuito con una amplia presencia en Latinoamérica que hoy tiene ediciones en ocho ciudades mexicanas y una tirada nada desdeñable de 375.000 ejemplares diarios. El medio pionero y más importante de la prensa gratuita mundial ha sido su destino profesional desde que hace dieciocho años desembarcó en México por Monterrey. Se curtió en la gran ciudad del norte durante seis años y ha pasado los doce siguientes en la capital federal, como director editorial y de contenidos del diario para México. En este tiempo, “he estado en los Óscar, en los Grammy o en la toma de posesión de Donald Trump; he entrevistado al expresidente de México Enrique Peña Nieto y a la actual, Claudia Sheinbaum, y hasta tuve ocasión de asistir a una mesa redonda en Santiago de Chile con el presidente de China…”

Le emocionó ver levantarse, bajo aquella lluvia inclemente, el pebetero con la antorcha olímpica en la inauguración de los Juegos de París 2024 y en ocasiones todavía se pregunta cómo ha llegado hasta aquí. Se responde hablando del trabajo y bendiciendo aquella inquietud teñida de inconsciencia que le empujó a hacer las maletas y a tomar aquel avión a México, incluso contra el consejo de parte de su familia.

José Lebeña, durante una cobertura informativa en Washington.

José Lebeña, durante una cobertura informativa en Washington. / J. L. A.

La elección del destino no había sido difícil gracias a su madre, una mexicana hija de cántabro que conoció a un peñamellerano de Robriguero en las fiestas del Rosario de Merodio. Se casaron en Covadonga y José, el menor de sus tres hijos, recibió sin saberlo el regalo decisivo de una doble nacionalidad que le facilitaba el viaje y los contactos en México.

Por eso eligió el rumbo. Por eso y porque en Madrid ya había estado y era “demasiado caro”. Mirando con la perspectiva del paso del tiempo, Lebeña afirma sin titubeos que la expatriación “me ha beneficiado en todo, profesional y humanamente. Me ha dado una visión del mundo completamente diferente a la que puede tener una persona que no ha salido de su pueblo o de su ciudad, incluso de su país”. Le ha quitado, sí, “todo eso que tiene el que vive cerca de la familia y puede ir siempre a las bodas o a las comuniones”, pero puede que en la balanza pesen más las satisfacciones.

Los comienzos, eso sí, no fueron sencillos. Profesionalmente hablando, México empezó para él en Monterrey en seis años “de locura, con muertos, asesinatos, huracanes, explosiones, un atentado que incendió el Casino Royale y dejó 52 muertos… A mí seis tipos me robaron el coche a punta de pistola…” Vio lo que no había visto nunca en una etapa “muy dura” que, vista con la perspectiva del paso del tiempo, también fue “un trampolín” para una inmersión en la cultura latinoamericana. Después de seis años en Monterrey, y de atender el encargo de poner en marcha el periódico en Puerto Rico –comprando ordenadores y contratando trabajadores desde cero–, una llamada le llevó a Ciudad de México, donde ha terminado como director editorial y de contenidos.

Tomó las riendas de la división mexicana de una cabecera con fuerte implantación en Latinoamérica, y en Rusia, Canadá o Estados Unidos, lidiando con la crisis de la prensa convencional en un mercado que, de momento, aguanta. Las ocho ediciones que el gratuito mantiene en las principales ciudades del país son un dique de resistencia contra el vendaval que arrasa el papel en una nación que para la información ha sido siempre “muy audiovisual” y que tiene “cada vez menos lectores de periódicos”. Pero ellos siguen ahí, ayudando a sostener la bandera del periodismo mediante una apuesta que sólo concibe la batalla, dice, con las armas del “contenido de calidad, exclusivo y original”. Resisten en parte, reflexiona el periodista asturiano, porque la nación tiene un caladero enorme de 132 millones de habitantes, pero también porque en la cabecera han dado un significativo paso al frente, añade él, “en la transformación digital. En este aspecto somos los más avanzados tal vez junto a la Televisión Azteca”, señala.

Mientras habla, una porción importante del país contiene la respiración ante los conatos de escalada de violencia que ha generado la muerte, este domingo en Jalisco, del capo del narcotráfico Nemesio Oseguera, “El Mencho”. En la noche del martes todavía hubo “narcobloqueos”, carreteras cortadas con vehículos incendiados, en el estado de Jalisco en medio de un clima de tensión e inseguridad que se palpa en buena parte del país. Algunas embajadas, entre ellas la española, llegaron a instar a sus nacionales a evitar las calles.

José Lebeña, segundo por la izquierda, durante la recepción de los reyes de Suecia a un grupo de periodistas mexicanos en Estocolmo, en 2024.

José Lebeña, segundo por la izquierda, durante la recepción de los reyes de Suecia, Carlos Gustavo y Silvia, a un grupo de periodistas mexicanos en Estocolmo, en 2024. / Royal Court of Sweden

En un país tan conflictivo como éste, en la dirección de un periódico importa mucho decidir dónde se sitúa la frontera de lo que ellos llaman la “nota roja”, aquí los sucesos. “Es complicado”, asume Lebeña, y acaso difícil de entender desde este otro lado del charco. “En España, hay un asesinato y se suceden los actos de repulsa, y se para el país a las doce del mediodía… Aquí estaríamos parados todo el día”. No es todo el territorio igual de siniestro, ni muchísimo menos, pero “hay zonas donde yo siempre aconsejo que no se te haga de noche en la carretera. Lo mejor es quedarse a dormir donde sea antes que coger el coche por la noche”. En esas circunstancias, “podrías llenar el periódico todos los días de nota roja, o de feminicidios y desapariciones, pero nosotros nos esforzamos por no tratar esos casos como números, por personificarlos y evidenciar sus afecciones para la sociedad”.

Si compara el periodismo de los dos lados del Atlántico, dirá que allí “hay más movimiento”, que pasan más cosas, “quizá demasiadas”, también que “en España la prensa investiga más. En Latinoamérica hay libertad de prensa, pero tal vez sea diferente. El poder la condiciona bastante, mucho más que allí”, subraya. Habla un periodista que conserva el espíritu del niño inquieto de Panes y siente que a veces, “sentado en la redacción me falta el aire”, así que aplica a rajatabla la máxima profesional de que “si no vas, no ves”. Lo hace aunque en la a veces caótica Ciudad de México haya que levantarse a las cinco de la madrugada para estar en las “mañaneras”, las ruedas de prensa que Claudia Sheinbaum ofrece todos los días, de lunes a viernes, siguiendo una saludable costumbre democrática.

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