"La calidad de vida es mejor, no nos arrepentimos en absoluto": hablan los jóvenes que cambian Madrid por Asturias (y que protagonizan nuestra remontada demográfica)
Entre 2020 y 2024, más de 10.000 personas cambiaron Madrid por Asturias y el saldo migratorio acumula cinco años consecutivos en positivo para el Principado

Montaje fotográfico con doce personas que cambiaron Madrid por Asturias.
Pedro González Céspedes, ovetense nacido en 1989, tomó una decisión clave junto a la que hoy es su mujer, María José González-Eguren, también de la capital de Asturias. Los dos vivían en Madrid. Allí llevaban ya varios años con un buen trabajo y también un alquiler elevado, como tantos otros jóvenes que en su día se desplazaron a la capital. En 2023 lo vieron claro: regresaron a Oviedo. Ella lo hizo primero, él unos meses después.
Hay un motivo doble que explica él mismo y que es común para tantos otros asturianos en una situación similar. “Para nosotros la clave fue la familia, que estaba en Asturias, y la calidad de vida de la región. No nos arrepentimos, sino todo lo contrario, estamos encantados.
Aquí puedo ir caminando a la oficina, me evito el tráfico y mi mujer en Madrid tardaba más de una hora. Conozco muchos más casos de gente que quiere volver”, cuenta el ovetense. Y tiene razón. Estos dos asturianos forman parte de los más de 10.000 ciudadanos que entre 2020 y 2024 cambiaron Madrid por Asturias, en un fenómeno reciente que, según los expertos, irá a más.
¿Qué está pasando entre Asturias y Madrid?
Y es que la pandemia hizo pedazos el mito. La imagen de Madrid como el gran sumidero por el que se le iba la población a Asturias empezó a cambiar con la entrada convulsa en la tercera década del siglo. El saldo de los intercambios migratorios entre el Principado y la capital de España, que había sido obstinada e ininterrumpidamente negativo para Asturias desde 2009 en adelante, cuando ya acechaba la crisis económica, arrojó de repente un resultado favorable a la región.
El giro podría haberse interpretado como un efecto coyuntural del covid, pero la tendencia se ha sostenido desde entonces: de las idas y venidas a Madrid también salió ganando Asturias, y cada vez más. Hubo más movimientos de Madrid a Asturias que al revés en 2020, 2021, 2022, 2023 y 2024, el último año actualizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
El techo se alcanzó en ese último ejercicio (2024), con un saldo favorable al Principado de 1.119 personas, fruto de la diferencia entre 2.056 mudanzas de Asturias a Madrid y 3.175 movimientos en la dirección contraria. El número, advierten los expertos, podría ser incluso mayor si se sumasen los retornados que nunca dejaron de estar censados en Asturias pese a vivir fuera.
La capital de España, en cualquier caso, no ha dejado de ser en todo este tiempo lo que ha sido siempre: el destino principal de los que deciden abandonar Asturias. En este último año contabilizado, más de dos de cada diez salidas hacia el resto de España pusieron rumbo a Madrid, y el nivel es similar al de los ejercicios anteriores tanto en porcentaje como en números absolutos: las cifras se han mantenido en los últimos años en el entorno de las 2.000 personas al año.
Lo que se ha incrementado más significativamente es el movimiento en sentido inverso, el de los que salen de la capital en dirección al Principado, que han aumentado en casi mil personas desde 2021, pasando de 2.274 llegadas a 3.175 en solo tres años.

Pedro González Céspedes y María José González-Eguren / LNE
Jacobo Blanco, sociólogo, subraya el cambio generacional
“Los datos demográficos incluyen una gran novedad. Tradicionalmente, había grupos de mediana edad, la mayoría asturianos que estaban fuera, sobre todo en Madrid, que regresaban a Asturias para disfrutar de su jubilación después de muchas décadas. Ahora, de repente, nos encontramos con que hay un gran saldo positivo entre las personas de entre 30 y 50 años. Nunca había sido así. Claramente es gente que empezó a trabajar fuera de Asturias y que ahora quiere volver. También hay casos de personas que, aunque no tengan relación previa con la región, también eligen el Principado. Es algo insólito”, explica el vicedecano del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Asturias.
¿Por qué se da este fenómeno? El sociólogo apunta a varias claves. “Tenemos varios factores, pero lo que más influye es el fenómeno del teletrabajo y el enorme coste de la vivienda en Madrid. Hay asturianos que se han dado cuenta de que pueden trabajar en Asturias sin perder su empleo. A eso se le suman ingredientes como la calidad de vida, los servicios, tener cerca a la familia… Además, tenemos un cierto repunte del empleo, moderado, pero repunte al fin y al cabo en sectores cualificados. Todo eso forma un cóctel que provoca estos saldos migratorios internos sin precedentes”, asegura Blanco.
Asturias, además, se beneficia demográficamente de un factor nacional, tan inesperado como real: la Comunidad de Madrid está perdiendo población española. No es un fenómeno único del centro de la Meseta, sino que también pasa en otras grandes regiones, como Cataluña. Las dos grandes comunidades tienen un saldo migratorio interior negativo en 2024: -3.148 en el caso de Madrid y -5.368 en el caso de Cataluña. Ambas comunidades pierden nacionales por el altísimo precio de la vivienda.
Una madrileña y un australiano, en San Esteban
El matrimonio formado por la madrileña María Carrasco y el australiano Matthew Bray es otro ejemplo del saldo migratorio de la capital de España hacia Asturias. Se conocieron en Sídney, se casaron y allí estuvieron once años. Él era cocinero; ella compaginó varios trabajos e hizo estudios de Horticultura. Tras una década en Australia decidieron cambiar de vida, irse a vivir a España y el año pasado acabaron instalándose —ahí siguen— en una casa en San Esteban (Muros de Nalón), después de pasar un mes en Madrid calibrando opciones. No conocían de nada ese pueblo del Bajo Nalón.
“Regresamos a España, pero no nos interesaba nada quedarnos en Madrid. Hicimos un viaje en furgoneta por todo el norte y acabamos en Asturias porque encontramos la casa que realmente nos gustaba después de mucho buscar”, asegura Carrasco, que ha abierto su propio negocio en el pueblo (“Passiflora Jardines”), enfocado en cuidar los jardines de los vecinos de pueblos de la zona.
“No nos arrepentimos en absoluto de haber tomado la decisión de instalarnos en Asturias. Es más, cada vez me gusta más. En una ciudad grande no eres nadie, no conoces a tus vecinos, eres uno más sentado en el autobús. Aquí tenemos todo el ocio que queramos cerca y vivimos más tranquilos, con una calidad de vida completamente diferente”, cuenta Carrasco, que destaca, además, las “buenas comunicaciones” de las que dispone. “En media hora estoy en Oviedo o en Gijón en coche y tengo el aeropuerto a diez minutos”, asegura.
El caso de este matrimonio apunta a otro cambio de tendencia entre los jóvenes. La búsqueda de una gran ciudad donde vivir, con incontables posibilidades de ocio, donde hay de todo y a todas horas, ya no parece ser una prioridad. Sí lo es la tranquilidad, el poder ir andando a los sitios y estar cerca de casi todo.

Matthew Bray y María Carrasco, en su casa de San Esteban / LNE
Rafa Tarsicio, el músico que descubrió que es de "provincia"
El regreso a casa también es cosa de los artistas. Es el caso del ovetense Rafa Tarsicio, cantante del grupo asturiano Puño Dragón, que en 2025, tras diez años en la capital, decidió regresar a su casa de La Fresneda (Lugones). “Me fui de Asturias en 2015 porque estaba cansado. Tenía ganas de probar Madrid, ver mundo. Me sirvió de mucho, fue un gran aprendizaje, pero fui descubriendo poco a poco que soy de provincia, de vida tranquila. Madrid me agobiaba y decidí volver, aunque sigo muy a caballo con Puño Dragón”, cuenta. Gestionar un grupo de música ya no supone un problema a distancia. “Hoy todo se puede organizar de otra manera. Ensayamos por temporadas, cerramos conciertos con meses de antelación y el trabajo digital hace el resto. No necesito vivir en Madrid para mantener el proyecto”.

Rafa Tarsicio, en un concierto / LNE
Laura Palacio, emprendedora, redefine su vínculo con la capital
Laura Palacio (Pola de Siero, 1995) representa un perfil distinto: el de quien no huye de Madrid, sino que redefine su relación con la capital. Palacio estudió Derecho y ADE en la Universidad de Oviedo, pero como nunca vio claro ejercer de abogada, al terminar sus estudios se mudó a Madrid para probar suerte en el sector de la comunicación, concretamente en el gastronómico, que es su pasión. Estuvo varios años trabajando en una agencia y en 2025 echó a andar la suya propia, Palacio & Río, que principalmente trabaja con clientes asturianos. Por eso decidió regresar a Asturias, para vivir en Oviedo, aunque realmente lo hace a caballo con Madrid.
“Mi caso no es el típico de: ‘Me cansé de Madrid y regresé’. Estaba feliz en Madrid, pero detecté una oportunidad de negocio y en Asturias hay una potencia brutal, porque hay vida empresarial y movimiento más allá de Madrid. Veía que aquí surgían proyectos turísticos y gastronómicos muy potentes, pero que no siempre tenían visibilidad nacional. Y pensé que ahí había una oportunidad”.

Laura Palacio / LNE
Claudia Lorenzana, consultora, regresa gracias al teletrabajo
Claudia Lorenzana (Oviedo, 1994) encarna un retorno más clásico, aunque facilitado por los cambios laborales de los últimos años gracias al teletrabajo. Estudió ADE en la Universidad de Oviedo, trabajó dos años en el negocio familiar (la joyería La Perla, un clásico de la capital asturiana) y después, en 2018, se fue a Madrid a realizar un máster en Asesoría Fiscal y Financiera.
En la capital de España, viviendo ya con su actual marido, Álvaro Pallicer, también ovetense, empezó a trabajar en una gran consultora, pero siempre con la idea de volver a la región. “Siempre teníamos claro que a la larga queríamos vivir en Asturias, pero tomamos una decisión sin tener nada atado. Pude conseguir el traslado después de mudarme y ahora teletrabajo en Oviedo para Madrid. Suelo tener que bajar al menos una vez al mes, pero hemos cambiado de vida. No echo de menos la gran ciudad; es una etapa preciosa, que te aporta mucho, pero la calidad de vida no tiene nada que ver”, explica.
En su caso, el retorno a Asturias propició también que Lorenzana y Pallicer abriesen su propio negocio, (Cruda), de tortillas a domicilio en Oviedo. “En Madrid hubiese sido inviable”, cuenta.

Álvaro Pallicer y Claudia Lorenzana / LNE
Victoria Estrada, trece años en Madrid antes del regreso
Victoria Estrada (Oviedo, 1994) pasó trece años en Madrid. Estudió en el colegio Meres (Siero) y después cursó la carrera (Ciencias Económicas y Empresariales) y un máster en la Universidad Pontificia Comillas, de Madrid. Comenzó su vida laboral en un despacho de abogados, dio el salto al sector de las energías renovables y actualmente trabaja en una gran compañía del sector.
Desde 2012 hasta abril de 2025 vivió de alquiler, encadenando etapas profesionales de crecimiento. Hasta que dijo basta.
“Mi pareja (también asturiano) y yo llevábamos tiempo pensando en volver. No fue una decisión impulsiva, lo meditamos mucho”, explica. Consiguió el traslado en su empresa y el resto vino rodado. “Estoy feliz. Creo que hay que vivir la experiencia de Madrid, quien la quiera, pero la parte personal que he ganado al regresar a Asturias es impagable”.

Victoria Estrada / LNE
Miguel García, perfil internacional con retorno a Gijón
Miguel García (Gijón, 1996) tiene una trayectoria marcadamente internacional. Estudió en el colegio Begoña, pasó parte del bachillerato en Estados Unidos y cursó Comercio Internacional y Economía en Austria. De allí saltó a Madrid, donde trabajó en varias empresas tecnológicas, además de realizar prácticas en la asturiana TSK.
Entre 2017 y 2025 vivió en la capital. “Siempre estuve de alquiler. Madrid es estimulante, tiene una energía especial, pero yo echaba de menos el monte, la naturaleza, mis abuelos. Llevaba tiempo con muchas ganas de volver”, explica.
El teletrabajo fue la llave para cambiar de vida. Ahora trabaja en remoto para una empresa tecnológica y vive otra vez en Gijón. “Aquí mis gastos son mucho menores y la calidad de vida es incomparable”. Gracias a su vuelta, ha abierto en Gijón un club de running (Atayu), que ya tiene 70 socios.

Miguel García / LNE
Isabel Fernández-Jardón, el regreso por familia y coste de vida
Isabel Fernández-Jardón (Puerto de Vega, Navia, 1993) es otro caso reciente de retorno. Estudió en Navia, se formó en Oviedo mediante una Formación Superior y se fue a Madrid a buscarse la vida en 2016. “A la semana de llegar ya tenía trabajo y contrato”, rememora. Vivió en la gran ciudad nueve años, hasta finales de 2025.
“Quería volver para estar más cerca de mi familia y Madrid me generaba un agobio grande por el ritmo de vida que hay. Además, estaba el punto de vista económico, siendo la vida mucho más cara en Madrid”.

Isabel Fernández-Jardón / LNE
Iciar Merediz, un retorno marcado por el negocio familiar
A Iciar Merediz (Gijón, 1997) le pilló el covid en el último año de carrera (Derecho y ADE en la Universidad de Oviedo). “Trabajé en una consultora en Asturias, pero no era lo mío. Quería probar comunicación y marketing”, cuenta. Se fue a Madrid con una beca y acabó trabajando en una empresa del sector inmobiliario.
“Mi madre tiene una tienda de ropa en Gijón (Cowper Hall) y pedí una excedencia para ayudarle con la página web. Esa fue la principal razón, pero no la única. Echaba de menos Asturias, en vacaciones cada vez me costaba más volver a Madrid y además mis amigas también están volviendo. El ritmo de vida de Madrid no era para mí”, destaca.
Los datos confirman la tendencia. Los testimonios la explican. Para una generación que creció con la idea de que marcharse a Madrid era casi una obligación, el retorno ya no es un fracaso ni una excepción. Es una opción consciente. Y, cada vez más, una elección meditada.

Icíar Merediz / LNE
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