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Vuelos a 1.000 euros para salir de la ratonera de la guerra del Golfo: la peripecia en Jordania de unos estudiantes asturianos

"Nuestro guía se portó como un padre con nosotros y todos los jordanos, también", afirma el asturiano Adrián Villarreal, estudiante de Medicina de Erasmus en Cracovia, que fue sorprendido por el estallido bélico durante una escapada a Jordania

El grupo de amigos con el que viajaba pasó varios días intentando encontrar desde Ammán un vuelo, cuyos precios se habían disparado, para salir de un país atacado por los misiles y drones iraníes

El grupo de estudiantes en el desierto jordano.

El grupo de estudiantes en el desierto jordano.

Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

La escapada que hizo a Jordania el universitario asturiano Adrián Villarreal González, estudiante de Medicina de Erasmus en Cracovia, acabó convirtiéndose en una ratonera. Villarreal, junto a otros 17 españoles que están de Erasmus en la ciudad polaca, han conseguido salir del escenario cruzado de misiles donde se está desarrollando la guerra Estados Unidos-Irán contra el régimen iraní de los ayatolás. Pero no fue fácil: apenas había vuelos disponibles y los precios se habían disparado. Fueron varios días de incertidumbre, y de ver el cielo convertido en un escenario bélico. Así cuenta Adrián toda la peripecia:

Fuimos para Jordania el miércoles (día 25 de febrero). Estuvimos superbién, el país nos encantó. Hasta el sábado. El sábado por la mañana estábamos yendo desde el desierto, el Wadi Rum, hasta Acaba. La idea era hace submarinismo y luego coger un barco. De la estábamos yendo, mi madre ya nos mandó un mensaje contando lo que había pasado. Nerviosa, empezó a escribirme que nos fuéramos para Ammán y que nos saliéramos del país, que cogiéramos un vuelo. En principio, no le dimos tanta importancia. Unos fuimos a hacer submarinismo y otros se quedaron en la playa. Pero ya ahí ellos empezaron a escuchar las sirenas. Ahí empezó todo. Cuando terminamos de hacer submarinismo, el guía nos dijo que nos íbamos para Ammán”.

VÍDEO: Más Erasmus atrapados por la guerra, que lograron salir de Jordania con mucho esfuerzo

De la que íbamos, nos pusimos en contacto con otros grupos de españoles. Nos iban diciendo que los vuelos de ese día estaban cancelándose y que les estaban diciendo que se fueran a Ammán, como nosotros, hasta que supieran qué se podía hacer. Nuestro vuelo estaba previsto para el día siguiente, el domingo. Todavía no estaba cancelado. Pero a las dos o tres horas de viaje hacia Ammán ya nos lo cancelaron. Llamamos a la embajada hasta que nos lo cogieron. Nos dijeron que cogiéramos un vuelo de Royal Jordania, que era la única que estaba sacando la la gente”.

“El aeropuerto de Ammán estaba lleno; todo muy caótico, todo el mundo estresado. Cuando nos pusimos a comprar el vuelo, al decirle que éramos un grupo de 18 personas, primero nos decían que no había. Luego íbamos encontrando billetes, pero todos los vuelos eran de más de 1.000 euros. No teníamos casi ni dinero para pagar todos. Había en el grupo tres que habían venido de Erasmus solo un cuatrimestre y se iban justo esta semana. Encontramos tres vuelos a Atenas y compramos los tres primeros billetes para ellos por casi 600”.

El grupo de estudiantes de Erasmus, en Petra.

El grupo de estudiantes de Erasmus, en Petra. / .

“Después acabamos encontrando vuelos para el lunes (2 de marzo). El resto eran todo a 1.000 euros y todos los huecos estaban llenos. Encontramos billete a Estambul por la tarde. Ese fue el peor momento del viaje, después de comprar ese vuelo y sabiendo lo que estaba pasando, con las sirenas empezando a sonar, saber que te tienes que quedar dos días más allí. Con la incertidumbre de qué iba a pasar, hubo gente del grupo que empezó a llorar cuando hablaban con los padres. Eso fue lo peor. De hecho, otra chica se cogió otro vuelo y se fue a España ese día. Le costó 1.000 euros”.

“Nos volvimos para el hotel. A pasar la noche. Vimos los misiles impactar. Escuchábamos aviones, las sirenas sonando cada poco. Y a la mañana siguiente, lo mismo. Lo cierto es que acabas acostumbrándote. Veías a la gente haciendo su vida, como si todo aquello no importase, incluso con las sirenas sonando. Eso te daba sensación de tranquilidad, de que no iba a pasar nada. Pero ver lo misiles te impacta”.

“Al día siguiente, entre visitar los alrededores del hotel, que estaba en el centro, con el teatro romano, y hacer el check-in para los vuelos del día siguiente, pasamos el día. Dormimos y, al día siguiente, nada más despertar, estábamos yendo al aeropuerto para que no pasara nada y llegar a tiempo”.

El grupo de estudiantes de Erasmus, en el desierto jordano.

El grupo de estudiantes de Erasmus, en el desierto jordano. / .

“En todo momento nuestro guía, que se llamaba Anás, estuvo pendiente de nosotros. Todo el rato. Era el que nos daba seguridad, como si fuera nuestro padre. Y sin pedir nada cambio. Nos decía que no nos preocupásemos, que él iba a estar allí todo el rato y pendiente de nosotros. Le quisimos dejar una propina y nos la rechazó. Gracias a él, estuvimos más tranquilos. Fue increíble cómo se portó con nosotros”.

“El lunes, cuando llevábamos unas dos horas y media en el aeropuerto, nos dicen que la embajada española había subido un tweet anunciando que a las 18 horas cerraban el espacio aéreo. De 18 a 9 de la mañana del día siguiente. Justo nuestro vuelo era a las 18.10 de la tarde. Nos ponemos a preguntar y unos nos decían que nuestro vuelo lo iban a cancelar; otros nos decían que podía adelantarse. Estuvimos así una hora y nadie sabía qué iba a pasar”.

“Al final nos dicen que nuestro vuelo está cancelado. Al principio no te dan solución. Te dicen que llames al centro de ayuda, al help center. En ese momento otra vez la gente empezó a llorar. No sabíamos muy bien cómo salir de allí. Nos imaginábamos que no nos iban a dar un billete hasta la semana siguiente, para otro vuelo a Estambul. Así que me fui al mostrador de los vuelos, pensando ya en que cada uno nos tendríamos que comprar un vuelo de 1.000 euros a donde fuera. Había que salir como fuera de allí, porque cada día iba a peor. Por las noticias que escuchábamos: que había caído un misil en la embajada estadounidense en Jordania, también había humo al lado del Aeropuerto, aunque nos dijeron que era un coche incendiado. No sé. Una hora más tarde, después de hacer cola, nos dicen por fin que nuestro vuelo saldría al día siguiente a las 9 de la mañana. Eso nos tranquilizó un poco. El guía nos vino a buscar y nos llevó de nuevo al hotel, donde también se portaron muy bien con nosotros”.

“Otra noche: sirenas, ver algún misil, escuchar a los cazas pasando… A las cuatro de la mañana ya fuimos para el aeropuerto. Y ya con normalidad. Hicimos el check-in, subimos al avión sin problemas y ya volamos a Estambul. La embajada española fue un poco de decepción. Los jordanos, que están en el ramadán, nos dieron agua y comida. Llamé a la embajada española pensando que nos iban a poner un hotel o algo. Ya suponía que nos iban a ayudar con los vuelos, que nos costaron casi 400 euros. Pero al menos que ponernos un hotel, darnos agua… Es verdad que estaban pendientes y querían tenernos localizados y saber los nombres de los que estábamos allí. Pero fue un poco de decepción, la verdad”.

“Al llegar a Estambul teníamos algunos amigos, gente de Oviedo y de Madrid que nos acogió en su piso. Visto lo visto, tampoco fue tan malo como podría haber sido, pero en el momento teníamos mucha la incertidumbre. Lo mejor de todo, el guía, Anás. Y toda la gente de Jordania, que fue muy buena con todos nosotros. Y a mí lo que más me preocupara era que mi madre estuviera preocupada”.

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