Después de Maduro, Venezuela siente alivio, pero sigue pasando hambre: “Este país está en el suelo, hay que reconstruirlo”, dicen los asturvenezolanos
“Algo ha cambiado en términos psicológicos, la gente ha experimentado una especie de catarsis y se percibe una sensación de pequeña venganza, pero el gran problema es el mismo, los sueldos no dan para comer”, reflexiona un asturiano residente en la nación caribeña
Ha cesado el miedo a las detenciones arbitrarias y renace la esperanza de una transición con elecciones libres "a final de año": "La presión va a seguir, Venezuela ya es una política de estado para Estados Unidos"

Un manifestante sostiene un billete de quinientos bolívares, al cambio aproximadamente un euro, durante una protesta frente al Ministerio de Trabajo en Caracas para exigir un aumento de salarios y pensiones en Venezuela. Detrás, una pancarta pide "salario igual a canasta básica". / Ronald Peña / Efe
Los mercados en Venezuela son “lugares desolados”, “completos desiertos en los que no se ve a casi nadie. Y si hay alguien, seguramente llevará en la mano una cebolla, una zanahoria o un cartón de huevos… Eso es todo”. Han pasado dos meses desde la intervención militar de Estados Unidos que “extrajo” del poder a Nicolás Maduro y a ras de suelo, a pie de calle, “el problema sigue siendo el hambre”. Si hay un cambio, es “psicológico” y mirando bien se percibe, sí, una cierta sensación de alivio, o de “ligereza”, quizá de catarsis o más bien de “venganza” consumada contra el régimen opresor recién descabezado. Pero una parte de lo peor del chavismo sigue aquí, chapoteando en la herencia de una crisis económica y humanitaria que no cesa y es “gravísima”. “Esto es un naufragio de país y hay que empezar a reconstruirlo, porque Venezuela está en el suelo”.
Es la descripción de un asturiano en el país caribeño que admite que la conciencia colectiva evoluciona hacia la distensión, pero que aún no puede apartar los ojos de la necesidad. Todavía es muy pronto y lo que queda es lo que había, viene a decir Manuel, nombre ficticio para evitar complicaciones. Es verdad que en algún sentido se saborea el regusto dulce de una revancha, el “tú nos fastidiaste y ahora eres tú el que estás fastidiado, pero eso no ha cambiado la situación”. “El principal problema que tiene ahora mismo el venezolano es el que ya tenía antes de Maduro, una inflación brutal que le tiene contra las cuerdas”. Los precios se disparan y el salario mínimo, que al cambio no supera los dos euros, no cubre ni el uno por ciento del coste de una "canasta" de la compra básica
“A la gente el sueldo no le da para comer. Tú le preguntas a alguien en la calle cuál es su principal problema y te va a decir que tiene la nevera vacía. Este es el país del mundo donde los alimentos son más costosos, básicamente porque no se está produciendo casi nada, porque casi todo llega importado y esto tiene una incidencia muy importante en los costes”. El dólar sube y sube mientras la cotización del bolívar se despeña, con los precios desbocados y el poder adquisitivo de la población bajo mínimos…
En la comparación con la Venezuela de antes del 3 de enero, eso sí, no es poco que ya no se detenga a cualquiera en cualquier lugar para inspeccionarle el móvil. “Ya no hay tantas alcabalas en la calle”, celebra, ahora sí, Manuel. “Antes te paraban y te pedían abrir el teléfono para ver cuál era tu tendencia ideológica. Todo eso se ha calmado, igual que las detenciones arbitrarias. Te veían blanco, español, italiano o argentino y podías ir preso por espía”. Es cierto también que los presos políticos no están saliendo de las cárceles “al ritmo que se esperaba, y los están utilizando como moneda de cambio, pero algo está ocurriendo, definitivamente, y la presión va a seguir. Esto no lo van a dejar parar”.
No pararán, avanza, ni siquiera aunque el foco de la política exterior de Trump haya redirigido de pronto su luz hacia un lugar al otro lado del mapa. Venezuela se ha convertido ya “en una política de Estado del gobierno estadounidense, y lo seguirá siendo al margen de lo que pase en cualquier otra parte” por varias razones, reflexiona Manuel. Por un lado, “la estabilidad de la región parte de la solución al problema Venezuela”, y por otro “está el petróleo. Una vez que Venezuela arranque a producir, eso va a tener una incidencia muy importante en los precios del crudo a nivel global”.

Una protesta en Caracas para pedir la liberación de los presos políticos. / Miguel Gutiérrez / Efe
Se apoya en las noticias sobre la apertura de una investigación judicial en Estados Unidos contra la antes vicepresidenta y ahora presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y barrunta que ese movimiento “puede tener que ver con la próxima venida de María Corina Machado y la activación de un cronograma electoral”. O eso esperan los venezolanos, que la transición por la vía de unas elecciones libres no se demore mucho más allá del tramo final de este año y el comienzo del próximo.
"Una guerra silente"
Ese es el horizonte aproximado del camino hacia una cierta normalidad para los que quedan en un país desolado y abandonado, con una diáspora numerosísima que alcanza los nueve millones de personas. El éxodo masivo “fue una guerra silente”, valora Manuel. “Yo creo ni Siria tuvo un caso tan extremo. Allí hubo tiros”. Aquí no hizo falta un conflicto armado explícito para que la gente se fuera en masa.
Mientras tanto, la Venezuela de después de la incursión militar estadounidense vive menos polarizada de lo que tal vez cabría haber esperado desde fuera, acaso por el desgaste de quienes “se vieron derrotados en sus ánimos de continuar una revolución que no nos estaba llevando a ninguna parte”. También por la persistencia de la propia crisis y la perduración de la necesidad: “Aquí el ochenta por ciento de la población, o más, está en contra del Estado, porque es que se están muriendo de hambre. No puedes estar a favor del Estado cuando estás pasando hambre…”
El fenotipo cambiado y los "zombis"
Y eso es, una vez más, lo peor de lo que sigue pasando en este país donde “ahora mismo no puedes enfermar, porque vas a una clínica privada y te despluman. Y la sanidad pública existe, pero es un cascarón vacío, porque no hay medicinas, porque tienes que llevar la manta, la jeringuilla y casi hasta la cama y el colchón…” Hay que repetir que el estado de necesidad está durando tanto tiempo que “el hambre se está llevando a la gente por delante. Incluso el fenotipo del venezolano ha variado en estos últimos veinte años. Se ve gente más enclenque, de menor estatura, delgaduchos, casi todos con gafas. El tipo genético venezolano se vino a menos. Los hay que están como idos, como zombies. La gente que no consume proteína tiene un problema. Y eso es grave. ¿Cómo mandas a un niño al colegio sin una alimentación adecuada? No vas a tener un ingeniero, un médico o un piloto de avión…”
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