La impronta asturiana en el urbanismo mexicano
El "Asturias, patria querida" suena cada hora en la calle más importante de Ciudad de México: el sueño del emigrante Rodrigo Valle Orozco
El relevante empresario Rodrigo Valle Orozco, hijo de asturiano, colocó en 1989 a la puerta de su hotel Imperial, en pleno Paseo de la Reforma, un reloj sobre un monolito de 5 metros que marca las horas con la interpretación del himno de Asturias, tal y como ocurre en la plaza de La Escandalera de Oviedo

El reloj que marca las horas con el "Asturias, patria querida", en pleno Paseo de la Reforma de la ciudad de México.
Fernando de la Puente Hevia, profesor de la Escuela de música tradicional de Oviedo, acaba de publicar un libro con la historia de su búsqueda de los orígenes del himno asturiano, el "Asturias, patria querida". De su investigación, desarrollada durante décadas, se deduce que el himno asturiano fue fruto de la hibridación de una cuarteta escrita en Cuba por Ignacio Piñeiro, un músico mulato hijo de indianos, a que se añadió un estribillo popular y, para completarlo, una melodía tradicional polaca. El libro se titula "Del ‘Asturias, patria querida’ y otras historias” y ha sido editado por la Fundación Archivo de Indianos. En este artículo refiere una anécdota que retrata la importancia que "Asturias, patria querida" tuvo siempre, y sigue teniendo, para los asturianos emigrantes.
La emoción que “Asturias, patria querida” despertaba en Dionisio de la Huerta, como hijo de emigrante y emigrante de ida y vuelta, no pasó desapercibida a Manuel Fernández de la Cera, por entonces consejero de Cultura en el gobierno del Principado. Esa emoción no partía de un sentimiento baladí. Ese sentimiento sólo lo manifestábamos los que estuvimos viviendo lejos de la patria (la nuestra), la que se situaba en la equidistancia opuesta al origen de todos los que nos embargaba la emoción. A América no había viajado la derivación política del “Asturias, patria querida”, nuestros emigrantes americanos nunca la entonaron para alentar confrontación alguna, sino para abrazarse unos a otros en el voluntario destierro.
De la Cera, como consejero de Cultura del Principado, estaba al corriente de lo que el "Asturias, patria querida" significaba para los asturianos de los centros asturianos de América. En aquellas embajadas populares ya era himno incluso antes que lo fuese en el Sella; es más, yo diría que el Sella significó el trasvase de ese sentimiento que se inició en la “señaldá” asturiana y que, como se subtitulaba en una “Hoja del Lunes” de mediados de los años 50, se trataba de un lugar “de cita de los indianos” y, ante la iniciativa de Dionisio, se mezcló la emoción con la fiesta y emergió triunfante el símbolo.
El “Asturias, patria querida” fue entonces cantado reposadamente por todos, dando tiempo a que aflorara por la garganta aquello que tan lejos nos embargaba y que en aquel “marco primoroso”, decía la "Hoja del Lunes", cantado con toda el alma, “inundó el río, montes y valles” (Janel Cuesta).
De la Cera lo sabía, se opuso claramente al cambio de la letra en uno de los debates celebrados para la proclamación de “Himno oficial” que, en la Junta General, había propuesto Modesto González Cobas. Como Consejero de Cultura, los representantes de los Centros en América le habían advertido que “la batalla de Covadonga” y el “Asturias, patria querida” no se tocaban. Representaban sus señas de identidad.

Un detalle del reloj, en cuaya esfera aparece "Valle mandó facelu" / .
Fue por eso que, cuando llegué de aquel viaje de trabajo en Cuba en las navidades del 2005, conturbado con aquella información de que, en los años 20 el “Asturias, patria querida” se bailaba en La Habana, el consejero De la Cera se identificó y me encomendó que siguiera con el estudio. Él sabía (o intuía) que el himno había nacido en la emigración, pero no sabía dónde.
El Paseo de la Reforma es la avenida más emblemática y monumental de la Ciudad de México. Tiene más de 12 kilómetros de longitud y cruza el corazón de la ciudad desde Villa de Guadalupe (al norte de la ciudad; a la altura del barrio de Peralvillo comienza a llamarse “Paseo de la Reforma”) hasta el parque de Chapultepec. En importancia, como si habláramos de la calle Uría de Oviedo.
En ese “marco incomparable”, un hijo de asturiano y asturiano hasta la médula, Rodrigo Valle Orozco (q.e.p.d), nacido en Ciudad de México en 1934, empresario con negocios importantes en México entre los que destaco el Colegio y Universidad de Tepayac (como testimonio de su asturianía inquebrantable, sirva este ejemplo: la capilla del colegio es una réplica de la Basílica de Covadonga) y también fue hotelero.
Al lado de un hotel de su propiedad (hotel Imperial) sito en el Paseo de Reforma, tuvo la idea de colocar un reloj en plena avenida. Amante y coleccionista de relojes, en el hall del Imperial, las esferas de cinco relojes marcan los usos horarios de distintos lugares del mundo: Los Ángeles, Tokio, México, Londres y, cómo no, por supuesto Asturias). En 1988, emulando aquel sonido que se repetía cada hora en el centro de Oviedo quiso que sonara también en el exterior de su hotel, a cada hora, su “Asturias, patria querida” en tan emblemática avenida.

Los cinco relojes del Hotel Imperial. / Fernando de la Puente
José Luís González Martino, directivo del Centro Asturiano de México, me lo relató de esta manera:
“Rodrigo, astuto, para que lo dejaran poner un reloj tan peculiar en la vía pública decidió donarlo a la ciudad. Se comunicó con el regente (alcalde) de la ciudad y le dijo: 'Te voy a donar un reloj' y el regente de la ciudad, por aquel entonces Ramón Aguirre Velázquez, que no era menos astuto que el asturiano, le preguntó: “¿Tiene algún problema el reloj?”, a lo que Rodrigo contesta: 'Toca Asturias, patria querida'. En aquel instante, el político, con una sonora carcajada respondió: 'No hay problema'".
Desde entonces, sobre un monolito blanco, de unos 5 metros, reposa un reloj con la esfera blanca que, a las horas, inunda los oídos de los viandantes de la capital federal, pero, sobre todo, de los huéspedes del hotel, con el sonido de nuestro “Asturias, patria querida”. En la esfera, en la parte superior, señala el año en que fue inaugurado (1989) y, por debajo de las horas, entre las 7 y las 5, reza la siguiente leyenda: “Valle, mandó facelu”.

El reloj junto al hotel Imperial de la capital mexicana / .
¿Qué himno se “empondera” de esta manera como hizo con el nuestro Rodrigo Valle hizo, 0tro hijo de asturianos, como Piñeiro, no nacido en la idolatrada “patria”?. Quizás, aquel reloj, le hacía sentir a Rodrigo estar transitando por la calle Fruela o paseando por la plaza de La Escandalera de Oviedo, transportándose continuamente a su “patria querida”. Eso es lo que significa nuestro himno para los asturianos de la diáspora. Lo peor de esta historia es que, cuando ocurrieron estos hechos, yo estaba allí trabajando. Y no me había enterado por aquel entonces de tan entrañable anécdota.
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