Deportes
El análisis del sportinguista volador: Una boda y una resaca muy rojiblanca
El Sporting se aleja del playoff, pierde el gol average ante un rival directo y se queda a seis puntos de Las Palmas y a cinco del Burgos, que marca la línea. Un escenario que empieza a apretar y que obliga a reaccionar cuanto antes.

El jugador sportinguista Gelavert durante el último encuentro contra Las Palmas. / Factoría 9 / LNE
Diego Álvarez Bada trabaja como sobrecargo de aviación en la línea bandera de México. Es fundador y presidente de la peña "La villa de Quini", la primera y la única peña sportinguista oficial en México y fuera de España. Hasta diez veces al año vuela a España para ver los partidos del Sporting.
Hay bodas… y luego está mi boda. Y si algo quedó claro este fin de semana en la Ciudad de México es que, cuando uno lleva al Sporting por dentro, ni siquiera ese día tan especial se libra uno del color rojiblanco. Fue una celebración bien completa, donde acompañado entre otros por varios integrantes de la peña La Villa de Quini y donde, entre brindis y emociones, también sonó el himno del Sporting y la canción de moda de Enol, “Es mi Gijón”. Una boda, la mía, convertida por momentos en un pequeño rincón de Gijón a miles de kilómetros. Un evento muy sportinguista.
El problema es que, como pasa en el fútbol, después de la euforia llega la resaca. Y en este caso fue doble. Porque al cansancio lógico de la boda meses previos de organización, se le sumaba otra resaca, la deportiva, la de un Sporting que venía de ganar con autoridad, pero sin despejar del todo las dudas que arrastraba. Con ese contexto, tocaba ver el partido del domingo a las 11:30 de la mañana, hora de México, en pleno intento por recomponerse mientras el equipo viajaba a Gran Canaria para medirse a la UD Las Palmas.
Y lo que se vio en el primer tiempo fue, sin rodeos, una prolongación de ese Sporting que más desilusiona. A los 12 minutos, el Sporting ya iba por detrás en el marcador. Pero más allá del gol, lo preocupante fue la sensación, un equipo sin reacción, sin profundidad y sin ninguna presencia en ataque. Ni un solo disparo en toda la primera parte. Ni a portería ni fuera. Un dato que lo dice todo. Un Sporting excesivamente conservador, superado y sin capacidad de incomodar al rival.
Tras el descanso, Borja Jiménez trató de agitar el equipo con cambios y ajustes. Hubo una ligera mejoría, un paso al frente que permitió ver algunas llegadas claras y la sensación de que el empate no era imposible. Pero también, en ese intento por ir hacia arriba, aparecieron las oportunidades de los “pío pío” y el riesgo de una derrota más abultada. Fue una reacción incompleta, insuficiente para cambiar el rumbo del partido.
El resultado deja consecuencias importantes. El Sporting se aleja del playoff, pierde el gol average ante un rival directo y se queda a seis puntos de Las Palmas y a cinco del Burgos, que marca la línea. Un escenario que empieza a apretar y que obliga a reaccionar cuanto antes.
Y el siguiente capítulo llega cargado de todo, fútbol, emoción… y también polémica.

Diego Álvarez Bada, a la derecha, en su boda, junto a dos integrantes de la peña La Villa de Quini. / .
El partido ante el Deportivo en el Estadio El Molinón debería ser uno de los grandes días de la temporada. Sin embargo, la decisión del club de declararlo como día de club, con un suplemento de 22 euros, que ha generado malestar entre la afición. Varias peñas y colectivos ya han mostrado su descontento, y se percibe algo más que una simple queja, un sentir generalizado en la grada, un boicot y una especie de protesta silenciosa que podría traducirse en una ausencia importante de la Mareona en el estadio.
El riesgo es evidente. Que un partido señalado se juegue en un ambiente frío, lejos de lo que representa El Molinón en las grandes citas. Que la comunión entre equipo y afición llegue tocada en un momento donde más se necesita.
En lo personal, será un encuentro imposible de olvidar. Lo viviré en plena luna de miel, en un viaje que ya estaba planeado y que decidí mantener para cumplir una ilusión muy especial, llevar a mi ya esposa, a su primer partido del Sporting en El Molinón. Una mezcla perfecta entre vida y fútbol, entre sentimientos que se cruzan… aunque con ese sabor algo descafeinado que deja el momento del equipo y el ambiente que se respira.
Escribo estas líneas volando rumbo a Madrid, cruzando una vez más el Atlántico, con el Sporting siempre presente incluso a miles de pies de altura. Y lo hago con una sensación difícil de explicar, la ilusión de un partido grande, de los que uno marca en el calendario, mezclada con la incertidumbre de no saber qué ambiente nos encontraremos.
Un viaje hacia un partido esperado, pero condicionado. Un Molinón que debería rugir y que quizá no lo haga.
De mi boda al avión. De la fiesta a la resaca. Y ahora, rumbo a Gijón, con la esperanza, y la duda, de ver si el Sporting y su gente son capaces, una vez más, de reencontrarse.
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