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El análisis del sportinguista volador: un viaje ilusionante que terminó en desilusión

Otro año más en el que la ilusión se va diluyendo, en el que el Sporting deja dudas sobre su rumbo y no termina de dar ese paso adelante que lo acerque a donde todos creemos que debe estar

Viaje a Santander. Partido Racing de Santander-Sporting de Gijón

Viaje a Santander. Partido Racing de Santander-Sporting de Gijón / Marcos León / LNE

Diego Álvarez Bada

Diego Álvarez Bada

Diego Álvarez Bada trabaja como sobrecargo de aviación en la línea bandera de México. Es fundador y presidente de la peña "La villa de Quini", la primera y la única peña sportinguista oficial en México y fuera de España. Hasta diez veces al año vuela a España para ver los partidos del Sporting.

Volvía a Gijón acompañado de mi ya esposa, en plena luna de miel, después de unos días en Portugal, con esa mezcla de ilusión personal y futbolera que siempre acompaña cada viaje a El Molinón. Pero esta vez, desde el inicio, algo se sentía distinto.

La entrada fue pobre, el porqué ya se sabe. Aun así, decidí entrar. Venir desde tan lejos, presumir mi estadio y mi equipo a quien venía por primera vez, enseñarle por qué es tan grande mi pasión… me hacía sentir casi obligado. Ella, al final, ¿qué culpa tenía de algo que ni siquiera entendía?

Apenas algo más de 11.000 espectadores en El Molinón, una cifra muy lejos de lo que suele ser un partido ante el Deportivo de La Coruña. De ellos, cerca de 2.000 eran visitantes. Un estadio a medio gas, con ese ambiente extraño que se percibe incluso antes de que ruede el balón.

El Sporting empezó bien. Gol de Otero al minuto 16, en una falta que se coló pegada al poste, y sensación de control ante un Dépor que apenas inquietaba. Pero este equipo tiene una facilidad preocupante para complicarse la vida. En el minuto 80, en otra acción a balón parado, llegó el empate. Un cabezazo que se llevaba por delante dos puntos más en casa y volvía a enfriar la pelea por el playoff.

Sin tiempo para lamentarse demasiado, el viaje continuaba rumbo a El Sardinero. Y ahí sí apareció el fútbol en todo su ritual: la previa en la Plaza de Cañadío, la marea rojiblanca, el ambiente que esta vez sí acompañaba. Dos horas antes del partido, la marcha hacia el estadio era de esas que te hacen creer.

Diego Álvarez  Bada con su esposa en El Molinón.

Diego Álvarez Bada con su esposa en El Molinón. / .

Pero el golpe llegó pronto. Kevin, titular en el lateral derecho, caía lesionado al minuto 15 y, en esa misma jugada, tras un córner, el Racing hacía el primero. Otro balón parado. Otro gol evitable. Otra vez empezar cuesta arriba.

Y, sin embargo, el Sporting no se cayó. Todo lo contrario. Se rehízo, empujó, encerró al líder y, mediada la segunda parte, encontró premio con un penalti transformado por Dubasin. El empate no calmó al equipo: durante diez minutos fue una auténtica tromba, rozando el segundo gol, transmitiendo la sensación de que podía llevarse el partido.

Pero el fútbol no entiende de merecimientos. Cuando se acabó la gasolina, el Racing recuperó el control y, ya en el tramo final, dos goles de Asier Villalibre dejaron al Sporting sin nada. De vacío, y con la sensación de haber vuelto a competir bien… para irse, una vez más, sin premio.

El balance del viaje es duro: un punto de seis posibles. De la ilusión a la desilusión en apenas unos días. El playoff se aleja a ocho puntos y, con ello, la sensación de que la temporada se escapa.

Y lo peor no es solo la distancia. Es la repetición. Otro año más en el que la ilusión se va diluyendo, en el que el equipo deja dudas sobre su rumbo, en el que no termina de dar ese paso adelante que lo acerque a donde todos creemos que debe estar.

Porque el Sporting compite, sí. Pero no le alcanza. Mientras otros equipos resurgen como el ave fénix, el Sporting parece seguir dormido, como un oso en hibernación.

Y mientras tanto, la afición sigue esperando. Esperando volver a ilusionarse de verdad. Esperando ver al equipo pelear por lo que merece. Esperando, en definitiva, que algún día este viaje vuelva a ser ilusionante… tanto de ida como de vuelta, con destino a Primera.

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