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Asturianos en el Reino Unido

Andrea Holland, una actriz gijonesa entre el Instituto Cervantes en Londres y una exitosa comedia sobre el choque de culturas

Nacida en Gijón en 1994, esta actriz hija de una asturiana y un británico se mueve entre el teatro, la locución y la educación: coordina las actividades para colegios y de la biblioteca del Instituto Cervantes de Londres, graba anuncios para grandes marcas y protagoniza "Chop-chop!" un espectáculo bilingüe cómico en el que interpreta a dos personajes caricaturescos, una inglesa y una española

Andrea Holland.

Andrea Holland. / .

Adrián Gordaliza

Adrián Gordaliza

Andrea Holland Vallejo (Gijón, 1994) es actriz, productora teatral, educadora y locutora. Es Graduada en Interpretación Textual por la ESAD de Asturias y Estudios Ingleses por la Universidad de Oviedo. Vive y trabaja en Londres.

-Usted es gijonesa, pero su primer apellido no es especialmente asturiano, ¿de dónde procede?

-Algunos pueden pensar que viene de Holanda, y estoy segura de que probablemente mis antepasados vengan de ahí, pero en realidad es de Inglaterra. Mi padre, Graham, es inglés.

-¿Cómo llegó su padre a Asturias?

-Como muchos otros ingleses, quería probar suerte con el TEFL (la certificación para enseñar inglés como lengua extranjera) y hacerse profesor de inglés como lengua extranjera. Un amigo muy cercano de la universidad, Ian, estaba en Gijón y le animó a ir. Así que para allá se fue, pensando en quedarse un año o dos, pero al final la vida hizo que se quedara más tiempo. Por aquel entonces lo único que sabía de Asturias era lo que le contaba su amigo: que era una región industrial, pero muy verde y con montañas. Estoy segura de que se llevó una gran sorpresa, ya que nunca antes había estado en España y, además, en ese momento no había internet en todas partes ni estaba todo tan accesible como ahora. Con el tiempo, además de echar raíces, acabó enamorado de la comida, la gente y el modo de vivir la vida.

-Usted ha hecho el viaje inverso, ¿por qué?

-Siempre ha habido una parte de mí que soñaba con vivir en Londres, la ciudad de los teatros; había pasado varios veranos aquí como au pair y también había hecho un Erasmus Prácticas con la compañía de teatro Little Soldier Productions. Pero, a pesar de eso, acabé mudándome aquí un poco por casualidad, no fue una decisión súper premeditada. Justo después de mi primer trabajo como actriz tras terminar la carrera, una gira de teatro en inglés por España (mi vida siempre ha sido un péndulo entre las dos culturas), me di cuenta de que era hora de irme de Asturias. Barajaba irme a Sevilla, de la que me había enamorado durante la gira, o a Berlín, donde había tenido la suerte de hacer un curso de teatro físico; pero entre el calor de Sevilla y la dificultad del idioma en Berlín, al final acabé decantándome por una tercera ciudad que siempre tenía en la mente: Londres. Desde luego siempre tuve muy claro que, si me iba a Reino Unido, sería a Londres, pues sentía una conexión muy fuerte con la ciudad, su multiculturalidad y su ajetreo constante. Y, en cierta forma, mudarme a Inglaterra me iba a permitir conectarme más con esa otra cultura que siempre había formado parte de mí.

-¿Sentía la necesidad de emigrar para progresar?

-Sí. Quería vivir experiencias diversas y conocer a gente nueva, y siempre me había atraído esa idea de que en la gran ciudad puedes ser quien quieras ser. Aunque me hubiera ido a Madrid o a Barcelona, siempre tuve claro que en algún momento me iría de Gijón. Las artes y la cultura son un sector muy precario en España y de los primeros en sufrir recortes, a pesar de que, como vimos durante la pandemia, el arte es muy necesario, quizá no para sobrevivir, pero sí para hacernos la existencia un poco más amena. Por eso sentía que, yéndome a un lugar como Londres, quizá podría estar más cerca de vivir de aquello en lo que me había formado. Además, la forma de entender el arte en Londres me conquistó, sentía que no había fronteras. Descubrí el teatro Fringe, en el que todas las personas tienen algo que contar: da igual quién seas o de dónde vengas, tu historia le importará a alguien. Me enamoré también del teatro físico y del teatro colaborativo o devised, y sentía que aquí podía seguir formándome en ello. Cuando llegué tenía muchísimas ganas de seguir aprendiendo y aprendiendo; ahora también, claro, pero es una energía diferente.

-¿A qué se dedica exactamente usted en Londres?

-Me muevo entre los mundos del teatro, la voz y la educación. Por un lado soy creadora de teatro, productora y actriz, creo mis propios espectáculos con mi compañía y también con la compañía que fundé con unas compañeras actrices, Volpe Theatre. También trabajo como locutora, dándole voz a diversos proyectos, entre ellos anuncios, videojuegos, vídeos corporativos y documentales, para marcas como Charlotte Tilbury o Hoffmann. Y soy educadora: llevo más de doce años impartiendo cursos y talleres artísticos y de idiomas. Actualmente trabajo en el Instituto Cervantes de Londres como coordinadora de Actividades para Colegios y de la Biblioteca, donde además he desarrollado el programa de educación teatral para jóvenes. Es un trabajo que me permite unir ese amor por las artes y la enseñanza de lenguas. Además colaboro con ellos en eventos, haciendo cuentacuentos, actuaciones infantiles y otro tipo de actividades culturales. También imparto talleres en colegios que utilizan el teatro como una herramienta pedagógica. Londres es una ciudad que se presta mucho a combinar distintos trabajos, algo que me encanta porque me permite sentirme realizada en diferentes ámbitos. También es una ciudad en la que puedes prosperar profesionalmente, reinventarte y explorar nuevas oportunidades.

-Su madre (Marisa Vallejo) es una reconocida actriz asturiana, ¿le ha influido mucho en su amor por el teatro?

-Sí, no creo que yo fuera actriz sin su influencia, aunque bueno, quién sabe, quizá sí. Pero al final crecer desde pequeña entre teatros y camerinos te influye mucho. Lo ves de cerca y, cuando te pica el gusanillo del teatro, luego ya no hay vuelta atrás. Me encanta poder compartir eso con ella, creo que las artes son algo muy específico que, si no lo vives, es difícil de entender, y es bonito poder compartirlo. Aunque también pienso que vemos el teatro de forma diferente. Por ejemplo, para mí ahora tiene mucho más peso la parte de crear que la de interpretar, me veo mucho más como una contadora de historias que como una actriz; y para mi madre la interpretación es su enfoque principal y lo que más ama.

-Y hablando de teatro, imagino que viviendo en Londres no le faltarán proyectos.

-Pues la verdad es que es un no parar. Lo mejor de Londres son las posibilidades que hay para sacar una obra adelante. Hay más de 200 teatros de todas las dimensiones, y el público es muy asiduo a ir al teatro, lo ve como parte de su ocio y diversión. Llevo varios años con mi show unipersonal Chop-chop!, un espectáculo bilingüe cómico en el que interpreto a dos personajes caricaturescos, una inglesa y una española. En la obra me río de la cultura de la productividad frente a la procrastinación, de las diferencias culturales y, sobre todo, de mí misma. Tuve la suerte de estrenarlo en el festival internacional de teatro Voila! Festival, aquí en Londres. Después ha pasado por diferentes espacios y el pasado octubre estuve en el Festival de Teatro Español en Londres, FesteLon. La obra me conecta mucho con la población migrante de la ciudad, con gente española, latinoamericana, ingleses que están aprendiendo español y, en general, con cualquier persona que haya vivido entre dos culturas o dos mundos. También sigo trabajando en otros proyectos. En enero estuve en un showcase de nuevos escritores en el Bread and Roses Theatre. Y el pasado mes estrené un nuevo espectáculo infantil: Pioneras de la Ciencia: Un Viaje en el Tiempo, que pone en el centro la figura de grandes científicas españolas y latinoamericanas. Anteriormente he creado y producido la obra Queendom y el montaje de teatro físico Hyena con Volpe Theatre. Lo que he descubierto aquí en Londres es la importancia que tiene para mí formar parte de la creación de las historias, es lo que más me motiva. Casi todos mis proyectos son de creación colectiva, o los he escrito yo misma o he participado en su desarrollo.

-Ser bilingüe le ha facilitado las cosas, ¿verdad?

-Sí, te abre muchísimas puertas. Para empezar, me ha permitido impartir clases de inglés en España y de español aquí, que ya es mucho. Aparte, creo que tener dos lenguas y dos culturas te abre mucho la mente, pues puedes ver el mundo bajo dos lentes diferentes. A veces también es un pequeño jaleo mental y puede generar momentos de no saber muy bien quién eres, pero en general es algo muy positivo. Y llegar a un lugar nuevo sabiendo la lengua es un plus importante; claro que había mil cosas de aquí que no conocía, pero al menos podía entenderlas gracias al idioma. Tengo amigas que cuando llegaron casi no hablaban inglés y, en pocos años, han conseguido construirse toda una vida en esa lengua, y eso me parece muy admirable. Aquí en Londres me encuentro con muchos padres que están llevando a cabo una crianza bilingüe y siempre les animo a seguir. Es complicado, porque casi siempre se pasa por una etapa en la que los niños y niñas no contestan en el mismo idioma, o no muestran interés por él, y tener la tenacidad y la perseverancia para seguir pase lo que pase no es fácil, pero es el mejor regalo que les pueden dar. Thank you, dad!

-Sería injusto comparar la escena londinense con la asturiana, pero ¿cómo ve usted el teatro en nuestra región?

-Creo que el teatro asturiano se está abriendo mucho camino. Me encanta ver a compañeros que se graduaron en la ESAD, ya sea en mi año o poco antes o después, formando parte activa del teatro asturiano. Antes sentía que el circuito estaba más cerrado, pero parece que cada vez se abre más y que están surgiendo propuestas muy novedosas. Desde luego no falta talento en Asturias y ojalá se continúe apostando así por el arte.

-¿Qué consejo le daría a los actores jóvenes que estén pensando en emigrar?

-Les diría que adelante. Recuerdo cuando empecé Arte Dramático y cómo nos dijeron que lo más importante para ser actores era vivir, vivir una multitud de experiencias. Y cuánta verdad hay en eso, porque al final tienes que ponerte en la piel de muchos personajes y es crucial que estén cargados de vida. Además, vivir en otros lugares y estar en contacto con otras culturas te abre mucho la mente, y eso hace que tu arte sea mucho más rico y completo. También tuve otra profesora que siempre nos decía: “Yo me arrepiento de no haberme ido a Londres o a Berlín antes de irme a Madrid. Iros, haced performance, probad cosas nuevas, sois muy jóvenes”, y siempre me resonaba esa frase en la cabeza. A nivel humano es una experiencia increíble. Es difícil estar lejos de casa y a veces ya no sabes muy bien cuál es tu hogar, porque las líneas se van diluyendo, pero te da muchísimas experiencias vitales. Siempre animo a todo el mundo a irse, porque tiempo para volver siempre habrá. Justo ahora está habiendo bastante gente joven que conozco que está volviendo a Asturias después de pasarse años fuera, y es genial porque regresan con nuevas ideas, con ganas de hacer cosas y con ese amor por Asturias que a veces se hace más fuerte con la lejanía.

-¿Desde que vive en Londres ha cambiado con la distancia su percepción de Asturias?

-Sí, desde luego. Como toda asturiana, siempre adoré nuestra tierrina. Esto es algo de lo que también me he dado cuenta al vivir fuera: lo patrióticos que somos. Y quiero decir, ¿cómo no vas a amarla? Con los paisajes, la gente, la folixa… Pero también es verdad que en general falta trabajo, faltan oportunidades, y por eso muchos nos vemos abocados a irnos. Cuando vivía allí echaba en falta el movimiento y la actividad constante; ahora, después de siete años en Londres, se echa en falta justo lo contrario: la calma y la naturaleza. Vivir en una urbe como Londres (que aunque tiene bastantes espacios verdes), te hace valorar aún más lo que tenemos en Asturias. Siempre que voy aprovecho para hacer alguna excursión o ruta, por pequeña que sea. Y el mar se echa muchísimo de menos, el mar Cantábrico.

-Finalmente, coméntenos un buen plan para pasar un día en Londres.

-Un plan que me encanta es ir a Greenwich: pasear por el parque, ir al mercado y luego coger un barco por el Támesis hasta el centro al atardecer. Es como un autobús fluvial, parte del transporte público, y además bastante económico (para ser Londres, claro). Ver la ciudad desde el río es precioso. Y por supuesto perderse por alguno de los grandes parques de Londres, ahora que empieza a llegar la primavera: Battersea Park, por ejemplo, o un poco más a las afueras Richmond Park, un parque enorme en el que incluso hay ciervos.

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