Arturo Fernández, un ingeniero ovetense en la misión a la Luna: "El regreso de Artemis a la Tierra será una fase crítica, se corta la comunicación, estás con el corazón en un puño"
Este ingeniero formado en la Universidad de Oviedo, que trabaja en la Agencia Espacial Europea (ESA), es el responsable de los sistemas de potencia de la misión Artemis 2: "En términos coloquiales, llevamos la central eléctrica de la nave. Es la que genera energía y le da energía a todo. Al computador de a bordo, al sistema de propulsión, a las cámaras, absolutamente a todo".

El ingeniero Arturo Fernández, en el control de la NASA, en Houston.
El ingeniero ovetense Arturo Fernández (1972) vive estos días uno de los grandes momentos de su vida profesional. Como jefe de la División de Sistemas de Potencia de la Agencia Espacial Europea (ESA) está participando desde el centro de control de la NASA, en Houston (Texas, EEUU), en la misión Artemis 2, que ha llevado a cuatro astronautas hasta orbitar la Luna y de nuevo de vuelta a la Tierra. La entrada en la atmósfera terrestre se producirá en la madrugada de este sábado, hora española, en un lugar del océano Pacífico. Arturo Fernández, ingeniero Industrial de la especialidad de Electrónica y Automática por la Universidad de Oviedo, se graduó en 1997 y se doctoró en 2000. En 2007 fichó por la Agencia Espacial Europea (ESA) como ingeniero de conversión de potencia. Ya participó en la misión Artemis 1, cuando la cápsula Orion viajó a la Luna sin tripulación. Ahora todo ha sido diferente: más emocionante y más preocupante también porque hay cuatro vidas humanas en juego. En esta larga conversación con LA NUEVA ESPAÑA relata cómo ha vivido la misión desde Houston (Texas, EE UU).
-¿Cuánto tiempo lleva en Houston?
-Desde el 19 de marzo. Yo vivo en Holanda. La sede de ingeniería y los laboratorios de la ESA están en un pueblecito pequeñín que se llama Noordwijk, a medio camino entre Amsterdam y La Haya. La mayoría de los ingenieros estamos ahí.
-¿Le acompaña en Houston alguien de su familia?
-No, estoy aquí solo tirado en el apartamento. (risas)
-O sea, que dejó a su mujer y a sus hijos en Holanda.
-Los hijos empiezan a estar desperdigados por el mundo. Los dos mayores, cada uno estudia en un sitio. Y en Holanda queda la pequeña. Tienen 20, 18 y 16 años.
-¿Y qué comentan sobre que su padre esté en el control de la misión de regreso a la Luna?
-Bueno, al mayor le gusta también la ingeniería. Está algo más metido y le gusta cuando ve alguna foto, cuando lee alguna noticia. Y las niñas están interesadas. Pero tampoco se crea usted. En casa del herrero, cuchillo de palo.

Arturo Fernández en el control de misión de Artemis 2 / .
-¿Cómo fue el turno de hoy en el control espacial de Artemis 2? (La entrevista fue hecha en la noche del miércoles, hora española)
-Pues empecé a trabajar las tres de la mañana, hora de Estados Unidos. Son nueve horas, hasta las doce. Pues la primera hora, entre las tres y las cuatro de la mañana, el equipo que entra tiene que recibir toda la información del equipo que sale. Hay que tener continuidad en el trabajo. Si estás teniendo una conversación sobre cualquier cosa y te tienes que ir, la persona que entra en tu lugar tiene que tener toda la información para poder seguir esa conversación, la investigación de las distintas anomalías que están ocurriendo. La investigación de las anomalías que se producen es muy complicada porque tienes muy pocos datos. Te falta mucha información. De la nave llegan datos a cada segundo, más o menos. O sea, no es una información continua. Entonces, hacerte la idea de lo que está pasando es bastante complejo. Hay conversaciones sobre lo que está pasando con determinadas anomalías que duran días, pero días de 24 horas seguidas. Según van pasando los turnos, los distintos equipos, uno detrás de otro, siguen discutiendo sobre el mismo problema técnico. Por eso es muy importante traspasar toda la información.
-Bien. En la primera hora actualizan.
-Se tarda una hora, más o menos, en pasar toda esa información y que la nueva persona esté disponible. Y cuando ya está todo listo, el jefe de la sala, que es como un director de orquesta, va coordinando todos los grupos. Cuando ya estamos todos en el sitio, el jefe de sala empieza a llamar a todas las consolas. En cada consola hay un especialista o dos. Hay unas 24 especialidades en toda la sala y él va, una por una, preguntando cuál es la situación en cada subsistema. Das de viva voz un pequeño informe de cuál es la situación. Cuando esa ronda acaba, el equipo se va y tú ya te quedas solo en la consola.
-Y cómo sigue el trabajo en la consola.
-Normalmente estamos sentados juntos una persona de NASA y uno del equipo europeo de la ESA. A partir de ahí, el trabajo de base es monitorizar tu subsistema. Estás mirando una pantalla, con muchísimos datos, gráficas, estás intentando ver que todo está funcionando perfectamente. Por ejemplo, imagínese que va a llegar un eclipse. Un eclipse quiere decir que te quedas sin luz solar, que solo tienes baterías y tienes que evaluar si tienes energía suficiente para sobrevivir a ese tiempo sin luz. A lo mejor, imagínese, la nave queda una hora sin sol. Entonces te preguntas: ¿cómo está la situación?, ¿cuánto consumes?, ¿cuánta energía tienes en las baterías? Haces un pequeño análisis y le das la información a la persona en la sala. Eso es lo que está pasando de fondo, digamos, pero luego están ocurriendo distintas anomalías. Casi constantemente ocurren bastantes anomalías. Entonces tienes que investigar lo que está pasando. Ahí es un poco aleatorio, puedes tener días muy tranquilos y otros en los que te pones a trabajar y no te has enterado que pasaron las 8 horas.

La Tierra vista desde la cara oculta de la Luna / NASA
-Su cometido específico en la misión, explicado de manera muy coloquial, es…
-En términos coloquiales, es la central eléctrica de la nave. Es la que genera energía y le da energía a todo. Al computador de a bordo, al sistema de propulsión, a las cámaras, absolutamente a todo. Es como si tuvieras una central eléctrica que transforma la energía y luego la lleva por líneas, por cables, a toda la nave. En nuestra pantalla vemos todos los equipos que hay en la nave, absolutamente todos, porque todos consuman energía eléctrica. Y luego, en términos clásicos, las baterías también son parte de nuestro subsistema, porque cuando te quedas sin luz son las que siguen dando la energía, pero en este caso las baterías son controladas por la parte americana, por nuestros colegas de NASA.
-Obviamente, la diferencia entre Artemis 1 y Artemis 2 es que hay cuatro vidas humanas en juego. Pero, aparte de eso, ¿qué más diferencias hay?
-En Artemis 1 no iban todos los sistemas de soporte vital. El módulo no iba cargado con el aire, con el oxígeno que respiran, con el agua, todos esos sistemas para que viaje ahí un ser humano; como la calefacción de la nave, por ejemplo. Ahora hay bastantes más equipos dentro de la nave. Eso por un lado. Luego hay interacción humana. Los astronautas están continuamente hablando por el sistema de radio y les estás escuchando continuamente. Artemis 1 era una misión automática en el sentido de que todo se comandaba desde aquí, desde Houston. Ahora puede haber errores humanos. Cualquier humano bajo presión, en una situación así de complicada, puede darle al botón incorrecto. Entonces, tienes que ser mucho más cuidadoso. Cuando los astronautas están ejecutando cosas, hay un doble y triple chequeo. Además se hacen pruebas con intervención humana.
-¿Por ejemplo?
- Uno de los más espectaculares fue cuando nos desprendimos de la segunda fase y la utilizamos como objetivo para maniobrar la nave y hacer una simulación de que nos enganchábamos a ella de nuevo. Porque Artemis, en algún momento, va a tener que hacer operaciones de este tipo. En esa parte que se separó habían puesto dos objetivos -dos cruces, por así decirlo- en dos partes distintas y entonces, el piloto, manualmente fue dirigiendo la nave hasta que estaba justo listo para un acoplamiento. Fue espectacular. El piloto (Victor Glover) iba continuamente narrando sensaciones. Decía: responde muy bien, es súper suave, oigo un ruido por aquí… En una situación como esa se corre bastante riesgo. No se te quita de la cabeza de que hay cuatro seres humanos ahí. En Artemis 1, en el despegue, tenías incertidumbre porque era la primera vez que volaba ese cohete, pero era otra cosa. En el despegue de Artemis 2, en la sala donde yo estaba, había un silencio absoluto. Podríamos ser fácilmente 60 personas y no se oía una mosca. Era un momento absolutamente crítico. Todo eso te da la medida de la responsabilidad que tiene todo el equipo. Porque aquí no hay mucho personalismo. Tú aportas tu granito de arena pero lo importante es que todo el equipo esté bien coordinado, intentar responder lo más rápido posible si hubiese algún tipo de problema. Porque hay cuatro personas en esa nave.

La Tierra desde la cara oculta de la Luna / NASA
-¿Cómo fueron los 40 minutos de desconexión de la nave Orion al pasar por la cara oculta de la Luna?
-Hubo otros momentos más críticos. En ese momento, si el punto de entrada lo haces bien, algo muy raro tendría que pasar para que no salieses. Pero es cierto que ese momento fue muy espectacular. Hay un cronómetro enorme en la sala, empezó una cuenta atrás para seguir la desconexión. De repente todo se queda en calma. No tienes ningún dato, no sabes nada, estás ahí esperando, hay una calma tensa. Cuando vuelves a escuchar a la tripulación, de repente vuelve la alegría a la sala.
-¿Y qué otros momentos críticos hubo aparte al despegue?
-El despegue fue el momento número uno. Y el equivalente, o quizá más complicado, será cuando vuelvan a reentrar en la Tierra. Cuando tú vas muy lejos en el espacio, vas muy rápido, a miles de kilómetros por hora, y cuando vuelves, regresas a esa misma velocidad. Así que vas a entrar en la atmósfera a una velocidad brutal y el rozamiento de la nave con toda esa atmósfera hace que se caliente enormemente. La parte de abajo de la nave tiene un escudo térmico; unos azulejos cerámicos, por así decirlo. En Artemis 1 se degradaron más de lo que deberían, tenían daños. Cuando la nave llegó y la inspeccionaron a fondo, el escudo térmico tenía más daños de los que se preveían. De hecho, Artemis 2 tendría que haber volado muchísimo antes y se retrasó porque una de las claves fundamentales era entender qué había pasado con el escudo térmico. Ahora el escudo térmico es el mismo y van cuatro personas dentro. Además, cuando entras en la atmósfera pierdes las comunicaciones, ese calor genera un plasma alrededor de la nave y no puedes comunicarte por radio. De repente se corta y estás en silencio. Ahí no te cabe el corazón en el pecho.

La Luna y detrás la Tierra desde la nave Orion. / NASA
-¿Cómo los ve a ellos, a los cuatro astronautas, a Wiseman, Glover, Koch y Hansen?
-Son increíbles. Pero increíbles. Son súper simpáticos. Tienen una coña que alucinas. Lo que más me sorprendió fue que, en el primer momento en que tuvimos comunicación con ellos, cuando ya se habían soltado todas las etapas y estaban volando, ya estaban bromeando. Si hubiera sido yo, ni me puedo imaginar cómo estaría. Imagínate la tensión que tienes que tener, una cosa descomunal... pues ellos están ahí gastando bromas. Además, los ves además finísimos, lo captan todo. Es impresionante verlos trabajar.
-Le sorprende que, pese a todo, mantengan el sentido del humor.
-Totalmente. Si lo piensas objetivamente, casi cualquier cosa que falle ahí, estás muerto. Le voy a contar una cosa para dar una idea de lo diferentes que son los astronautas. En los meses anteriores al vuelo, todos hacemos simulaciones en la propia sala de control de Houston, somos muchas personas y así te vas conociendo. En esas simulaciones hay un equipo paralelo que se encarga de inyectar anomalías. Por decirlo así llanamente, le hacen putadillas a la nave. Los astronautas están en una maqueta de la nave como si realmente estuviera en vuelo. Pues en la última simulación, antes ya de volar, los cuatro se pasaron por la sala, y nos dijeron: apreciamos muchísimo el trabajo que estáis haciendo, entendemos que es muy difícil y que estáis muy preocupados, pero somos conscientes de que hay mil cosas que pueden salir mal y es probable que quizá no volvamos, pero queremos deciros que nosotros estamos bien, que es nuestro trabajo, que queremos hacer esto, que somos conscientes y que sabemos que estáis haciendo todo lo posible para que eso no ocurra. Pero estamos preparados para no volver. Y todo eso te lo dicen con una sonrisa en la cara, es increíble.
-Y usted, ¿cómo va de tranquilidad en estos días de control de misión?
-Cuando estás en el control, tienes unos cascos puestos y en el sistema de audio estás escuchando a la vez muchas conversaciones entre equipos distintos. Pasan todas a la vez y, si tú quieres seguir una en particular, tienes que hacer el esfuerzo de concentrarte en esa conversación concreta que está pasando. Y le puedo decir que después de nueve horas así, tu cerebro no puede más. Estás para cogerte y meterte ahí en una cama, acabas mentalmente muy cansado. Es mentalmente extenuante. Duermes más o menos, porque estás muy cansado. Pero luego, a la vez, no duermes por los distintos horarios. Hoy (por el miércoles) empecé a trabajar a las 3 de la mañana y me acosté a las 7 de la tarde, a esa hora no te apetece dormir, la verdad. Entonces estás metido en la cama intentando descansar, pero no duermes. Hay una mezcla de cosas.

Un eclipse de sol visto desde la nave Orion. / NASA
-Algo muy interesante es que la NASA difundió un mensaje de unión de toda la humanidad junto a las fotos que los astronautas tomaron de la Tierra.
-Esta misión empezó hace muchos años con una administración (en el gobierno de EE UU) completamente distinta. Hay toda una historia detrás que, ahora, con la nueva administración, empieza a distorsionarse un poco. La diosa Artemisa era la hermana del dios Apolo. Y la misión Artemis se supone que va a ser la de la primera mujer que pisa la Luna. Y no sólo quieren que haya una mujer en la Luna, quieren que los astronautas sean de razas distintas, de nacionalidades distintas. Hace años, cuando todo esto empezó, el mensaje era claro: no queremos que el astronauta sea el típico piloto de caza americano, capitán del equipo de fútbol -blanco, por supuesto- sino que queremos abrazar a la humanidad, por así decirlo. Y que seamos todos juntos los que lo hagamos. La colaboración tecnológica europea no es pequeña. Todo el sistema de servicio de la nave es europeo. Esta tripulación Artemis 2 ya es una demostración de intenciones: hay un afroamericano, una mujer, un canadiense…. Desde el principio quisieron transmitir ese mensaje. Yo estuve en alguna reunión donde claramente los representantes de la NASA nos decían: esto lo estamos haciendo todos juntos.
-Pero el actual gobierno de EE UU tiene otro tono.
-Ahora ese mensaje está un poco distorsionado porque la nueva administración es un poco peculiar, por decirlo de alguna manera. Pero el mensaje era muy unitario, realmente.
-¿Qué comparación haría entre la tecnología que ahora tenemos, con Artemis 2, para llegar a la Luna y la que había en las misiones Apolo, con la que el hombre pisó por primera vez el satélite de la Tierra?
-Somos una especie exploradora. Y cada vez que hemos cumplido un reto como humanidad, siempre lo hemos hecho cuando estábamos al límite de la tecnología. O sea, la primera vez que fuimos a la Luna era como lanzar una moneda, podría salir fatal o salirte bien. La situación la puedes comparar con Cristóbal Colón cruzando el Atlántico en el siglo XV con una carabela de madera, sin saber a dónde iba, instrumentos básicos, era la primera vez que estaban descubriendo aquellos lugares. Con las misiones Apolo, igual. Ahora, después de 50 años, en Artemis cruzamos el océano pero ya no vamos en una carabela. No vamos en un transatlántico pero sí en un barco con una tecnología desarrollada, un barco con GPS, con comunicación por radio, donde tienes cartografiado absolutamente todo el océano y tienes predicciones meteorológicas.
-¿Qué es lo que más le ha sorprendido en esta misión?
-Los astronautas, sin duda. Alguna vez había visto una maqueta de la cápsula y no me podía creer lo pequeña que es. Me preguntaba: ¿cómo van a estar cuatro personas aquí metidas, diez días? No me cabía en la cabeza. Pero luego los ves flotando, ves cómo ocupan todo el espacio y cómo el espacio se multiplica: uno está aquí arriba, el otro está abajo... Y verlos en ese espacio tan pequeño, interaccionar con esas coñas que se traen, con la camaradería que tienen, cómo se ayudan, toda esa convivencia, para mí es lo más sorprendente de todo.

La Tierra desde la cara oculta de la Luna / NASA
-No sé si usted fue un niño fascinado por las misiones espaciales y ha llegado al trabajo de sus sueños.
-Pues no. Lo mío fue una casualidad total. Llegué a través de la electrónica. Estaba trabajando en la Universidad de Oviedo. Hay un grupo de trabajo muy potente en electrónica de potencia. Estaba en un congreso en Alemania y había un par de personas de la ESA que vieron las presentaciones que hacíamos y me dijeron que había un puesto de trabajo abierto. Hice la solicitud, pasé las entrevistas y la pasión por todo esto vino después. El ambiente de trabajo en la ESA es una cosa increíble. Realmente es esa Europa idealista en la que todos pensamos. Ese es nuestro ambiente de trabajo. Colegas de todos los países, mentalidades y culturas distintas. Todo ese ambiente, más la tecnología. Y cuando participas en las misiones te vuelves un apasionado de la idea de cómo, entre todos, podemos conseguir algo tan importante. Aprecias la importancia de que, entre todos, en Europa seamos capaces de hacer algo tecnológicamente tan complejo. Llevo 19 años en la ESA y creo que me ha cambiado en muchos aspectos. Trabajar con gente de tantas procedencias distintas lo tomas como algo positivo, no como algo negativo. Es algo muy enriquecedor. La pena es que luego ves lo que está pasando, incluso en España. Gente que dice: tú bailas de esta manera, yo de la otra, así que apártate que ya no eres de los míos. Pues nuestro mensaje es lo opuesto a eso.
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