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El análisis oviedista de la futbolista Laura Díaz: Un pequeño paso para la salvación, un gran salto para el Real Oviedo

El Oviedo no jugó en Vigo como juega un colista; jugó como juegan los equipos que aún no han firmado su rendición. Ganó 0-3, con una autoridad inesperada, como si durante noventa minutos hubiera logrado poner los pies en un suelo que hasta ahora se le escapaba

Fútbol. Partido correspondiente a la jornada 31 de Primera División temporada 2025-2026 entre el Celta y el Real Oviedo. Abanca-Balaídos FÚTBOL. CELTA-OVIEDO. LIGA 2025-2026. FACTORIA9

Fútbol. Partido correspondiente a la jornada 31 de Primera División temporada 2025-2026 entre el Celta y el Real Oviedo. Abanca-Balaídos FÚTBOL. CELTA-OVIEDO. LIGA 2025-2026. FACTORIA9 / Carlos Gil-Roig / FC9

Laura Díaz González

Laura Díaz González

La futbolista avilesina Laura Díaz González, apasionada seguidora del Real Oviedo, comenzó la pasada temporada a enviar desde Hong Kong sus análisis sobre la evolución del equipo azul para la edición "Asturias Exterior" de LA NUEVA ESPAÑA. Con su sección "Lo más lejos a tu lado" debutó como cronista oviedista justo en la temporada del sueño, del regreso a Primera. En China estudió Relaciones Internacionales, siguió su formación en Bruselas y ahora emprende una nueva etapa laboral desde Madrid. Ella, que pertenece a la llamada "generación del barro", que acompañó al Oviedo en sus peores momentos, analiza desde la capital de España la marcha del Oviedo compitiendo con los mejores del fútbol español.

Durante unos 40 minutos, los astronautas de Artemis II viajaron por el lado oculto de la Luna sin comunicación con la Tierra. No había voz, no había respuesta, no había certeza. Sólo silencio, intuición y la fe de que al otro lado seguía estando el mundo. El Real Oviedo necesitó un poco más: 90 minutos para encontrar esa señal que tanto tiempo llevaba buscando.

Fue una de esas tardes en las que el fútbol se deja contaminar por la superstición, por la memoria y por las extrañas simetrías del tiempo. Un pequeño paso para la salvación. Un gran salto para el Real Oviedo.

En diciembre de 1972, cuando la NASA cerró su última gran aventura lunar del siglo XX y el Apollo 17 volvió a la Tierra, el calendario dejó una de esas coincidencias que sólo cobran sentido cuando se miran desde la nostalgia (gracias Fran Martínez por avivar aún más esta locura). La nave amerizó el 19 de diciembre. Dos días antes, el Oviedo se había cruzado con el Celta. Aquel equipo azul vivía con el agua al cuello, asomado al borde de una temporada que olía a peligro, y aun así terminó encontrando una manera de quedarse. No fue ciencia. Fue resistencia.

Más de medio siglo después, la Luna volvió a asomarse al retrovisor del oviedismo. La NASA regresó al viejo sueño con Artemis II, que volvió el 10 de abril de 2026. Y el Real Oviedo, como si quisiera respetar una liturgia escrita en alguna parte entre Houston y el Tartiere, también había terminado la primera vuelta en el último escalón, con la clasificación apretándole el cuello y la permanencia sonando a palabra lejana. Demasiado lejana, quizá, para cualquiera que no conozca de qué está hecho este escudo.

Entonces llegó Balaídos. Dos días después del regreso desde la Luna, otra cápsula azul cayó sobre la tierra gallega. Y no fue una nave: fue un equipo que se negó a seguir comportándose como un condenado. El Oviedo no jugó en Vigo como juega un colista; jugó como juegan los equipos que aún no han firmado su rendición. Ganó 0-3, con una autoridad inesperada, como si durante noventa minutos hubiera logrado poner los pies en un suelo que hasta ahora se le escapaba.

Hay clubes que viven de la lógica. El Real Oviedo, demasiadas veces, ha vivido de algo más íntimo y menos explicable: de la memoria, de la herida, de la costumbre de sufrir sin entregarse. Porque en 1972, con la Luna cerrando una era, el Oviedo acabó encontrando aire. Porque en 2026, con la Luna abriendo otra, el calendario ha vuelto a poner al Celta en medio del relato. Y porque en ambos casos, cuando el universo parecía hablar de distancias inalcanzables, el oviedismo eligió responder hablando de regreso.

Las casualidades existen. O quizá no. Quizá hay noches en las que el fútbol guiña un ojo al pasado y le dice al Real Oviedo que todavía no ha terminado. Que sigue vivo. Que sigue a tiempo. Que su misión, esta vez, no es llegar a la Luna. Es quedarse en la Tierra.

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