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El análisis del sportinguista volador: cuando la temporada se termina en abril

El Sporting volvió a perder. Pero esta vez dolió diferente. Porque más allá del resultado, más allá del gol en el minuto 92 una vez más, lo que realmente se perdió en Burgos fue algo más grande: la temporada

Burgos - Real Sporting de Gijón

Burgos - Real Sporting de Gijón / Juan Plaza / LNE

Diego Álvarez Bada

Diego Álvarez Bada

Diego Álvarez Bada trabaja como sobrecargo de aviación en la línea bandera de México. Es fundador y presidente de la peña "La villa de Quini", la primera y la única peña sportinguista oficial en México y fuera de España. Hasta diez veces al año vuela a España para ver los partidos del Sporting.

A falta de casi dos meses para el final, el Sporting se ha quedado sin nada. La salvación, virtualmente asegurada, no ilusiona. Y el playoff, a nueve puntos con 21 por disputarse, ya no depende ni siquiera de uno mismo. Esta era la primera de las ocho finales que quedaban para soñar… y se perdió. Y con ella, se fue prácticamente cualquier esperanza.

El partido fue el reflejo de todo el año. Igualado, cerrado, sin grandes diferencias en la posesión, pero con un problema evidente, el Sporting es muy flojo en defensa. A eso hay que sumarle el bajo momento de forma de algunos hombres en ataque. Cero remates a portería en 90 minutos. Solo un disparo al poste y otro que se fue fuera por poco de Gaspar como única señal de vida. Demasiado poco para aspirar a algo más.

Mientras tanto, el Burgos sí exigió a Rubén Yáñez y encontró premio donde el Sporting lleva semanas fallando, en los minutos finales. Andorra, Santander y ahora Burgos. Ya no es casualidad. Son puntos que se han escapado en el tramo decisivo de los partidos, alrededor de 9 puntos perdidos y que hoy marcan la diferencia con el playoff.

El gol final vuelve a señalar una debilidad clara. Una defensa blanda en el momento en el que hay que ser todo lo contrario. Un ataque rival que nadie frenó desde atrás, un uno contra uno dentro del área mal defendido por Diego Sánchez en el que fue bailado por el atacante Burgalés y una sensación de fragilidad que se repite demasiado. Ahí también se ha ido la temporada.

Y, sin embargo, la afición volvió a estar. Cerca de 1,500 sportinguistas en El Plantío, una vez más siendo la excepción en medio de todo. Porque si algo no falla, es la gente.

Me tocó vivir este partido desde Madrid, en una escala antes de regresar a México. Esta vez me vez más cerca que nunca de donde jugaba el Sporting, pero otra vez con esa sensación extraña de seguir al equipo desde cualquier parte del mundo. Incluso esta vez con menos emoción que otras veces. Porque lo que antes era nervio, ahora empieza a ser desconexión.

Lo más preocupante no es solo lo que pasa en el campo. Es lo que rodea al club. Un ambiente tenso, protestas, una afición molesta y una directiva en el ojo del huracán. No hay rumbo claro, no hay proyecto reconocible y el futuro inmediato genera más dudas que ilusión. No se sabe si habrá que vender, si se podrá fichar, ni qué Sporting veremos la próxima temporada.

Escribo esta crónica, mientras sobrevuelo el Mar de Cortés y la península de Baja California en un vuelo de Los Ángeles a Guadalajara y pienso que lo más duro no es esta derrota. Es la sensación de que vienen cuatro o cinco meses de vacío. De partidos intrascendentes primero, y de espera después.

Y aun así, siempre queda ese runrún. Ese algo que hace que, aunque no haya nada en juego, siga mirando el calendario y pensando cuándo volveré a verlo en directo.

Aunque sea para nada.

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