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Esta es la mujer que rescató la vid asturiana y descubrió una rosa única en el mundo (y que ahora ha sido premiada por ello)

La científica asturiana Carmen Martínez, investigadora del CSIC, recibe la Manzana de Oro por su contribución a la viticultura y al descubrimiento de la Rosa Narcea

Por la izquierda, Pilar Riesco (secretaria general del Centro), José Marío Díaz (catedrático), Carmen Martínez, Valentín Martínez (presidente del Centro), Francisco Rodríguez (empresario) y Andrés Menéndez (presidente adjunto del Centro), ayer en Madrid

Por la izquierda, Pilar Riesco (secretaria general del Centro), José Marío Díaz (catedrático), Carmen Martínez, Valentín Martínez (presidente del Centro), Francisco Rodríguez (empresario) y Andrés Menéndez (presidente adjunto del Centro), ayer en Madrid

Xuan Fernández

Xuan Fernández

El Centro Asturiano de Madrid celebró este jueves la entrega de la Manzana de Oro a la científica asturiana Carmen Martínez (Carballo, Cangas del Narcea, 1961), una de las figuras clave en la recuperación de la viticultura en Asturias —base de la actual Denominación de Origen Vinos de Cangas— y descubridora e impulsora del proyecto de la Rosa Narcea, una variedad única con potencial en la industria del perfume llamada a convertirse en alternativa económica para el medio rural del suroccidente.

Martínez es investigadora de la Misión Biológica de Galicia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con sede en Pontevedra. Reside en Galicia desde hace décadas y dirige el grupo VIOR (Viticultura, Olivo y Rosa). Visiblemente emocionada, la asturiana recibió el premio recordando su infancia, ya que siendo muy pequeña se trasladó con su familia desde Asturias a vivir en Madrid.

“Quién me iba a decir que en esta institución tan querida había una Manzana de Oro reservada para mí que recogería un día como hoy”, destacó Martínez, que hizo referencia a Margarita Salas y Rosa Menéndez, ambas científicas que también recibieron la Manzana de Oro. Menéndez fue presentada por José Mario Díaz Fernández, catedrático de la Universidad de Oviedo, y en el acto también estuvo Francisco Rodríguez, fundador y propietario de Reny Picot.

“Estoy segura de que a muchas jóvenes asturianas que hoy desarrollan con gran esfuerzo y brillantez sus carreras profesionales en numerosos ámbitos les esperan unas cuantas manzanas de oro en los años venideros”, deseó.

Martínez desveló que estudió Biología debido a la influencia de su infancia en Asturias y contó cómo, a finales de los años ochenta, cuando comenzó su carrera científica, empezó a interesarse por las variedades de vid que había en Galicia, “muchas de las cuales estaban por aquel entonces en riesgo de desaparición, incluido el albariño, que en aquella época prácticamente nadie conocía fuera de su entorno más cercano”.

Después llegaría el paso clave de su trabajo en el Principado. “No estaba previsto incluir Asturias en la recuperación de variedades de vid, porque en aquel momento era considerada la única zona de España que no tenía viticultura. Sin embargo, el recuerdo de mi infancia en el pueblo de Carballo, con las laderas de sus montañas completamente tapizadas de viñedo, me llevó a insistir de forma bastante vehemente en que Asturias también tenía una zona vitícola con mucha historia”. Martínez tenía razón. Su insistencia llevó a abrir una línea de investigación sobre el viñedo del suroccidente asturiano. “Me permitió describir, por primera vez, el Albarín Blanco o el Verdejo Negro, cuyo nombre ya había citado Jovellanos en sus diarios”.

La joya de la corona: la Rosa Narcea

Martínez recordó sus años fuera de España, que le llevaron después a Galicia, donde fundó su propio equipo de investigación, llamado primero Grupo de Viticultura y ahora VIOR (Viticultura, Olivo y Rosa), donde trabajan diez personas, “parte fundamental de mis logros”, destacó.

Desde hace ocho años, a las investigaciones sobre la vid la científica asturiana sumó “la joya de la corona, que es la Rosa Narcea, cuyo descubrimiento y estudio ha tenido origen en un recuerdo olfativo de mi infancia”. Martínez señaló que “estudiar, junto con mi equipo, esta preciosa rosa asturiana, que es la primera rosa española con uso en la industria del perfume y la tercera del mundo, y que además cuenta con un sello de protección por parte de la Oficina Comunitaria de Variedades Vegetales, es un privilegio y un auténtico regalo de los dioses”.

La científica, que ha impulsado una empresa de base tecnológica para la explotación exclusiva de esta rosa, indicó que la misma “será cultivada en el suroccidente, implicando a los habitantes de la zona, y será también procesada para la obtención de aceites esenciales y otros extractos con usos en diferentes ámbitos”.

Martínez unió los tres ejes de su carrera. “Puede parecer que la vid, el olivo y la rosa son líneas de trabajo muy diferentes y difíciles de compaginar, pero la realidad es que las tres son especies leñosas, se utilizan métodos de estudio similares, conviven en los mismos hábitats agrarios y las labores de manejo de los tres cultivos se compaginan perfectamente. Con las tres especies vegetales estamos trabajando en las enfermedades fúngicas, en la puesta a punto de modelos de predicción de enfermedades para reducir el número de tratamientos fitosanitarios, y en el aprovechamiento de residuos tras el procesado de los frutos o las flores para el desarrollo de nuevos productos de alto valor en campos como la medicina, la alimentación humana y animal, la cosmética o la farmacología”.

Martínez agradeció a su vez el apoyo del CSIC y, aunque dijo sentirse “muy asturiana”, también se acordó de Galicia, “su tierra de adopción”.

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