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Visita institucional del presidente del Principado a México

Barbón se encuentra con su dios y con los “guardianes de la conciencia” democrática española en México

El presidente asturiano, de visita institucional en México, acude al Museo de Antropología, premio “Princesa” de la Concordia, y se reúne en el Ateneo Español de México con asturianos vinculados con el exilio

Barbón se acerca a una figura del dios Tláloc en el Museo de Antropología de México.

Barbón se acerca a una figura del dios Tláloc en el Museo de Antropología de México. / E.L.

Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

La visita institucional de Barbón a México comenzó el martes pasado con la fabulosa recepción que el empresario asturmexicano Antonio Suárez brindó a toda la delegación asturiana en su domicilio particular. Como esa noche se había puesto a llover sin cuento, Suárez vislumbró a Barbón como la transfiguración lavianesa del dios Tláloc, la divinidad mexica de la lluvia. Se podía titular la escena como la exitosa novela de Lászlo Passuth que narra la conquista desde el punto de vista de Cortés: “El dios de la lluvia llora sobre México”. Pues bien. Este viernes Barbón se encontró, por fin, con su dios.

Barbón, en el centro, entre el director del Museo de Antropología de México y la guia Jacinta Cámara. El grupo lo completan el embajador Juan Duarte y Maria Antonia Fernández Felgueroso, presidenta del Consejo de Comunidades Asturianas.

Barbón, en el centro, entre el director del Museo de Antropología de México y la guia Jacinta Cámara. El grupo lo completan el embajador Juan Duarte y Maria Antonia Fernández Felgueroso, presidenta del Consejo de Comunidades Asturianas. / E.L.

“Mira, soy yo”, apuntó el presidente con ironía cuando finalmente pudo mirar cara a cara a una representación del fiero Tláloc en el Museo de Antropología de México. A Barbón le gusta la historia. Se le vio disfrutar y preguntar mucho en el recorrido por las espectaculares salas del museo más visitado del país, que fue además último premio “Princesa” de la Concordia. El dirigente socialista asturiano -algo que hizo notar a los presentes- presidió el jurado que concedió este galardón, del que también formaba parte Antonio Suárez. Hay quien sostiene, avisado de las entretelas diplomáticas, que ese premio “a la concordia” fue el primer paso del reciente proceso de acercamiento entre España y México, cuyos últimos gobernantes andaban empeñados en que Felipe VI pidiera perdón por la ejecutoria sangrienta de aquel extremeño empleado del emperador Carlos, que se ventiló a Moctezuma y su civilización. En octubre pasado, en el teatro Campoamor de Oviedo, ante la Familia Real española se distinguió a los guardianes del legado de las culturas mesoamericanas. Y este viernes, Barbón pudo contemplar exactamente qué era lo que se había premiado. Salió fascinado.

Barbón ante una maqueta de Tenochtitlán.

Barbón ante una maqueta de Tenochtitlán. / E.L.

Fue una visita de lujo porque lo acompañaron el director del Museo, Antonio Saborit, y Jacinta Cámara, una de las guías más reconocidas de la institución. Hubo foto de grupo con la monumental “Piedra del sol”, la pieza más icónica del museo. Hubo recomendación explícita del presidente de acudir a un centro que “pone en valor la inmensa riqueza del pueblo mexicano” y que ha recibido “un premio más que merecido a la concordia” porque “nos enseña a respetar las diferentes culturas”. Y hubo también tiempo para que Adrián Barbón pudiera grabar algún vídeo para redes sociales. Saborit, que asistió al momento con esa calma máxima que parece constituirle, vio la oportunidad de enriquecer la plantilla de su museo: “¿Nos prestan al muchacho? Es que es muy bueno para esto de las redes sociales”.

Por la izquierda, Laura del Olmo (subdirectora de arqueologia del Museo de Antropología de México),  Pablo Pérez (consejero político de la Embajada de España en México), la guía Jacinta Cámara, el embajador Juan Duarte, el presidente Barbón, Maria Antonia Fernández Felgueroso (presidenta del Consejo de Comunidades Asturianas), Andrés Saborit (director del Museo de Antropología) y José Sicre, director de la Oficina Económica del Principado.

Por la izquierda, Laura del Olmo (subdirectora de arqueologia del Museo de Antropología de México), Pablo Pérez (consejero político de la Embajada de España en México), la guía Jacinta Cámara, el embajador Juan Duarte, el presidente Barbón, Maria Antonia Fernández Felgueroso (presidenta del Consejo de Comunidades Asturianas), Andrés Saborit (director del Museo de Antropología) y José Sicre, director de la Oficina Económica del Principado. / E.L.

Encuentro con el exilio

Por la tarde hubo otro viaje al pasado. Y también a un pasado que no hemos acabado de suturar del todo. Adrián Barbón visitó el Ateneo Español en México, la institución que agrupó y hoy mantiene la memoria de los españoles republicanos en el exilio, desposeídos de todo por el “golpe del tirano contra la legalidad constitucional de aquel momento”, dijo el presidente asturiano. Visitó Barbón la biblioteca y el valiosísimo archivo, donde le habían preparado una selección de obras y legados de intelectuales asturianos vinculados a la institución: Wenceslao Roces, José Gaos, Celso Amieva, Alfonso Camín…. Pidió guantes de nitrilo para no dañar los documentos y comenzó a ojear, por ejemplo, el álbum fotográfico familiar del general Miaja, ovetense, el “defensor de Madrid” en las filas del Gobierno de la II República.

Por la izquierda, María Antonia Fernández Felgueroso, Josefina Tomé (directiva del Ateneo), Juan Bonilla, Adrián Barbón y Cristina Ruiz Escobio, secretaria del Ateneo. Todos están en la biblioteca y archivo de la institución

Por la izquierda, María Antonia Fernández Felgueroso, Josefina Tomé (directiva del Ateneo), Juan Bonilla, Adrián Barbón y Cristina Ruiz Escobio, secretaria del Ateneo. Todos están en la biblioteca y archivo de la institución / E.L.

Comentó Barbón con abundancia sobre algunos personajes que fueron saliendo en la conversación de aquellos años 30 que tan bien maneja de memoria y, cuando le dieron a ojear “El Quintanilla” (un legajo de documentos encuadernados obra de Patricio González Quintanilla con datos precisos del contingente español refugiado en México), reparó en que no todos eran intelectuales, había muchísimos obreros y campesinos y en que, pese a ello, se registraban unos bajísimos niveles de analfabetismo entre el pasaje que llegaró en el “Sinaia”, el “Ipanema” y el “Mexique”. Para Barbón, eso fue la República: ilustración.

Leyó también en voz alta y bien locutado el poema “El amu”, del poemario “Sol en los pumares”, escrito por el exiliado gijonés Matías Conde, considerada la obra en asturiano más importante de esa generación expulsada de su patria. Y lo leyó de la edición original (la Academia de la Llingua editó un facsímil en 2016) con ilustraciones de Germán Horacio. También pudo ojear, sobre este último autor, el dibujos que Horacio (el gran cartelista de la Guerra Civil en Asturias, también exiliado en México) hizo para el boletín del “Sinaia”, con escenas del viaje de aquellos republicanos a los que el presidente mexicano Lázaro Cárdenas abrió la puerta. Barbón dejó una larga dedicatoria en el libro de honor del Ateneo en la que recordó a Rafael Fernández, presidente de la preautonomía asturiana, y a su esposa Pura Tomás, ambos socialistas exiliados a México. La presencia asturiana en el Ateneo no se limita a las aportaciones intelectuales, el presidente regional también aludió a un grupo de empresarios asturianis asentados en México (Antonio Suárez, Ángel Peña, Carlos Casanueva y Antonio del Valle) que constribuyen al sostenimiento de esta institución.

Barbón lee el poema "El Amu", de Matías Conde, en el Ateneo Español en México

Mucho que agradecer

Insistió el presidente asturiano, mientras ojeaba el legado documental republicano, en que los españoles teníamos que agradecer siempre “al pueblo mexicano y al presidente Cárdenas la generosidad demostrada” al abrir las puertas a aquellos 25.000 desposeídos. La misma idea la repitió después, en las palabras que dirigió a un grupo de socios y directivos del Ateneo. Barbón fue presentado como “Borbón” en un lapsus de la secretaria de la institución con más ADN republicano, algo que el presidente asturiano corrigió con humor, apuntando que no tenía pensado ponerse a reinar. Aplausos y risas. Habló Barbón de aquella operación de rescate de Cárdenas, que salvó a buena parte de la intelectualidad republicana, y luego tiró de ese mensaje para acercarlo a los tiempos actuales y a los pactos automómicos entre PP y Vox, que acuden a la “prioridad nacional” para relegar a los emigrantes en las políticas públicas. Se preguntó qué sentiríamos los asturianos, tan marcados por la emigración, “si se refirieran a nuestros abuelos y abuelas como menas, cuando solo eran niños que huían del hambre y la miseria”. Añadió que, lo peor de este enfoque político, es “la falta de corazón”. “Soy un político raro, lo reconozco. Seguramente soy muy heterodoxo. Soy particular en mi forma de entender el mundo. Pero hay algo que me mueve en mi vida, el humanismo: sentir que el sufrimiento del que tienes al lado te tiene que importar como si fuera propio. Y yo digo: no hay corazón, estamos perdiendo la capacidad de sentir y de ponernos en el lugar del otro”.

Emoción entre los asturianos del exilio al escuchar el "Asturias, patria querida" en el Ateneo Español

Barbón terminó su discurso en el Ateneo, que definió como “templo de la memoria”, con este mensaje: “Cuando alguien habla del exilio español, no habla de cuatro herederos de no se sabe qué, hablamos de una memoria viva que nos tiene que servir para interpretar el mundo en el que vivimos. Y para que una tragedia como aquella que vivimos en nuestro país no vuelva a suceder. El Ateneo Español es un guardián de la memoria, pero también es custodio de una conciencia. Y esto es muy importante".

Entre las personas que estaban escuchando al presidente regional había varias con raíces en Asturias, todas vinculadas con el exilio político. Una de ellas era la historiadora María Alba Pastor Llaneza, nieta el líder minero socialista asturiano Manuel Llaneza, cuya familia sufrió toda la crudeza de la represión franquista. Ella, que recuerda bien aquel tiempo en el que “querían matar a todos los Llaneza”, no podía contener las lágrimas. El dios de la memoria herida también lloró sobre México.

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