El día de los 650 pines de Asturias: cuando Barbón conoció cómo es la asturianía perfecta
Los asturianos de México despiden en el espectacular Parque Asturias al presidente asturiano, que cierra su visita institucional y empresarial, prometiendo volver

E. Lagar
Los pines con la bandera de Asturias volaban de las manos de los miembros del gabinete del presidente Barbón a medida que avanzaba por el Parque Asturias, las espectaculares instalaciones de recreo del Centro Asturiano de México. El último día de viaje de Barbón al país azteca –regresa ya este lunes al corazón de la tormenta política desatada por el accidente de Cerredo- lo pasó en la Jira del Centro, donde los directivos acudieron a recibirlo y muchos asistentes a la jira, además de pines, le pedían fotos, besos, apretones de manos, abrazos. Barbón estaba en su medio preferido, el cuerpo a cuerpo. Ningún presidente autonómico asturiano, ni siquiera Vicente Álvarez Areces, expansivo hasta el infinito, se fajó nunca tan bien en la distancia corta.
Pines repartidos: 650 en un santiamén. Salían de la bolsa como granos de siembra de asturianía. “Si lo sé, traemos más”, decía Barbón en un aparte y rumbo en comitiva al comienzo de la procesión de La Guía, patrona de los emigrantes. Era una procesión asturiana tal cual, pero con 8.000 kilómetros de océano de por medio. Asombra la fidelidad a lo asturiano en un lugar tan lejano. La única diferencia, si acaso, era la perfección del entorno. En ningún lugar del mundo hay una escultura tan monumental, tan victoriosa, como la del Rey Pelayo del Campo Covadonga, predio para el esparcimiento del Centro Asturiano de México. Ni en la majada asturiana mejor pastada hubo jamás un césped tan mullido como el que tiene el Parque Asturias. Si algún asturiano creó alguna vez un mundo mantenido con la perfección de un alemán, construido con el gusto refinado de un francés y con los criterios de funcionalidad de un norteamericano, sería éste. En ningún territorio como en esta institución se materializa mejor el poderío que llegó a alcanzar –y aún retiene- la emigración asturiana en América.
Barbón saludó a niñas vestidas de llanisca, a emigrantes en la tercera edad y se colocó detrás de la imagen de Virgen, junto a todos los directivos del Centro Asturiano y la mujer que preside del Consejo de Comunidades Asturianas, María Antonia Fernández Felgueroso. Les seguían los ramos y la banda de gaitas del Centro Asturiano, de una calidad sobresaliente. Como todo lo que allí se vio.
Antes de comenzar la procesión, Barbón se detuvo a saludar al anterior capellán de la institución, José Rodríguez, al que el presidente conoció esta semana cuando visitó la residencia de ancianos del Hospital Español, donde vive este sacerdote muy querido por los asociados del Centro. Don José, como le conocen todos, bautizó a muchos de los allí presentes. Este sacerdote abría la procesión en silla de ruedas empujado por el actual capellán, el toledano Ángel Lorente Gutiérrez, con el que también departió Barbón unos momentos. Parecía que intercambiaban personas conocidas. Es evidente la predilección que siente el presidente asturiano, creyente orgullosamente confeso, por los asuntos de la Iglesia católica y por el trato con los sacerdotes.

El presidente del Principado posa con la madrina del Centro, sus padres y otros miembros de la directiva. / LNE
Tras la procesión, llegó la correspondiente misa, en la que el nuevo capellán dedicó el sermón del cuarto domingo de Pascua a comentar, al hilo de la lectura del episodio evangélico del Buen Pastor, cómo “en un mundo que nos reduce a un número, a un pasaporte, el Evangelio grita una verdad: no nos trata como masa, si no como personas irrepetibles”. Acudió después a la “teoría de la estupidez” del teólogo protestante alemán Bonhoeffer, ejecutado por su oposición al nazismo. La estupidez, dice esta teoría, es la gran enemiga del bien. El camino de la manipulación de las masas, la desactivación del pensamiento crítico, abre la gran autopista hacia el mal. El capellán, que es también el Vicario episcopal de Laicos en la Archidiócesis Primada de México, habló de situaciones, “tanto en México como en España”, que han desarrollando “formas nuevas de estupidez” y que son “el conformismo ideológico, la polarización y la despersonalización digital”. El sacerdote animó a los presentes a “escuchar la voz del Pastor por encima de voces ideologizadas”.

Barbón, junto a Daniel Feito, vicepresidente del Centro, ven pasar a los más jóvenes del cuadro artístico. / LNE
Cuando Barbón, que está acostumbrado a sermones más fieros en casa y más indirectamente dirigidos directamente a él y a su partido, tomó la palabra al final del acto y optó por apoyarse en lo que el padre Ángel había dicho anteriormente. Así, aseguró: “Vivimos en un mundo en el que se practica mucho la polarización, la crispación. Y yo digo que los adversarios nunca pueden ser enemigos y es importante que esto (el Centro Asturiano) sea un puente entre Asturias y México. Un puente, porque en el mundo sobran muros y sobran islas, no nos podemos aislar”. En el mismo discurso, el presidente asturiano subrayó la importancia de la “Asturias exterior” y se mostró todos como “el presidente de todos los asturianos, de los que viven dentro de las fronteras de Asturias, pero también de los que vivís fuera y, aún así, mantenéis viva la llama de lo que significa el amor por vuestra tierra”.

Una escena de la actuación del cuadro artístico. / LNE
Barbón, que se despidió prometiendo volver a México y a un centro asturiano que calificó de “ejemplar”, salió también entusiasmado por lo que vio después de la misa. Tras la celebración eucarística salió al escenario el cuadro artístico del Centro, compuesto por niños y jóvenes de todas las edades. Primero bailaron los más pequeños, dirigidos por Covadonga Tamés, que en esta ocasión contó con la ayuda a la hora de cantar de Fernando de la Puente, profesor de la Escuela de Música Tradicional de Oviedo, llegado de la capital asturiana para presentar su libro sobre el origen del “Asturias, patria querida”. Después actuaron los de más edad, todos dirigidos por Begoña Carrera Cué. Los que allí se vió, un espectáculo inspirado en el concejo de Taramundi, fue una fascinante reinterpretación de la tradición asturiana, de la música y el baile tradicionales, de la que se desprendía tanto conocimiento de la raíz como voluntad de modernización. Fue una refrescante trasgresión folklórica. “Hay que llevarlos a Asturias”, decía Barbón. “Hay que levarlos”.
- El vuelo directo que recupera el aeropuerto de Asturias el 30 de mayo y que puede ser utilizado por cientos de viajeros
- Comienza el derribo de los silos de alúmina de la antigua Alcoa que dará paso a la nueva fábrica de Windar
- Tragedia en Ribadeo: un joven de 23 años y natural del Occidente muere al caer de un quad y precipitarse al mar
- Adiós a las multas por la etiqueta B en ciudad: el Supremo tumba las Zonas Bajas en Emisiones (ZBE)
- El joven de 25 años reducido por tres vigilantes en el HUCA es el mismo que fue arrollado por el tren en Pola de Siero
- La cafetería más ilustrada de Oviedo también vende libros y está junto a Gascona: 'La gente entra y a los 30 segundos se les dibuja una sonrisa
- Es una desgracia', claman los conocidos del joven de 23 años, criado en Tapia y soldador en Gondán, que falleció en la costa ribadense
- Un régimen sancionador reforzado para luchar contra el maltrato animal en Gijón y reducir conflictos vecinales por las mascotas

