Asturianos en México
Aida Pérez y los últimos asturianos del exilio republicano: “Ojalá muchos gobiernos aprendieran del ejemplo que dio México al acogernos”
De padre y madre de Cangas del Narcea, esta militante socialista de 88 años llegó a Veracruz en 1942 a bordo del “Nyassa”, uno de los últimos barcos que llevó a los republicanos españoles al exilio mexicano
Pérez, arquitecta de formación, colaboró con Purificación Tomás en el grupo de mujeres formado dentro de la Agrupación Socialista de México, cuyo secretario general era Rafael Fernández, que luego se convertiría en presidente de la preautonomía asturiana

Aída Pérez, en el Ateneo Español de México / E. L.
La asturiana Aida Pérez Flórez-Valdés, de 88 años, es una de la últimas supervivientes del exilio español en México. Una de las últimas personas todavía con vida que integraron el pasaje de aquellos barcos de republicanos españoles que, derrotados por Franco, lo perdieron todo y tuvieron que comenzar una nueva vida al otro lado del océano, acogidos por el gobierno del presidente mexicano Lázaro Cárdenas. Fueron más de 20.000 personas, entre ellos la flor y nata de la intelectualidad española, pero también agricultores y obreros.
Aida Pérez apenas tiene recuerdos de la salida a Francia (donde estuvo internada con su madre en un campo de concentración en Lacanau Océan y más tarde en Le Château de Reinhard, bajo la bandera de México) y de la travesía, en 1942, a bordo del “Nyassa”, uno de los últimos barcos que llevó refugiados a México, el mismo que llevaría a la familia del líder socialista asturiano Manuel Llaneza. Aida llegó con su familia al puerto de Veracruz el 16 de octubre de 1942, apenas tenía 4 años. Estudio en el Colegio Madrid –creado por los exiliados españoles- y luego Arquitectura en la Universidad Autónoma de México. Creó, junto con los hijos de los dirigentes socialistas asturianos en el exilio Pura Tomás y Rafael Fernández (presidente de la preautonomía asturiana), la sección en México de las Juventudes Socialistas. Toda su vida ha estado vinculada al PSOE y también al Ateneo Español de México, la entidad que agrupó a buena parte de aquellos desposeídos de por la dictadura franquista. En esta institución, y junto con otros asturianos vinculados al exilio y directivos del Ateneo, mantuvo un encuentro la semana pasada con el presidente Barbón, quien, por cierto, citó a Aida como ejemplo a seguir en la sesión celebrada en la Junta General este jueves.
Durante la tarde noche de emociones en el Ateneo Español en México –cuando muchos de los presentes lloraron al escuchar el “Asturias, patria querida” interpretada a la gaita- Aida Pérez tuvo unos minutos para charlar con LA NUEVA ESPAÑA y contarse así:
El gato y el bizcocho
“Mi familia es asturiana por ambos lados. Mi padre, Manuel Pérez Fernández, era de Cangas del Narcea, como mi madre, Eva Flórez-Valdés. Yo debía haber nacido en Llanes porque allí estaba destinado mi padre, que era telegrafista. Pero vino la guerra, mis padres salieron de Asturias y yo nací en Barcelona, cuando ya íbamos de salida a Francia. Yo me siento asturiana. Decía mi padre que no porque un gato nazca en un horno es un bizcocho”.
“Mi padre, como telegrafista que era, iba con las tropas republicanas poniéndoles las líneas de telégrafo. Estuvo en varios frentes de España. Nací en Barcelona porque, como ya se sabía que por ahí iban a tener que salir de España, mi madre, con una tía y mis dos tíos, se fué a Barcelona. Mi padre todavía estaba en el frente de Valencia”.
Un castillo en Francia a salvo de los nazis
“De Barcelona pasamos a Francia. Estuvimos tres años. En campos no todo el tiempo, afortunadamente, porque un cónsul mexicano, Gilberto Bosques, como ya habían llegado los nazis a Francia, rentó a unos castillos y en esos castillos, ya bajo bandera mexicana, estábamos protegidos. Y ahí estuvimos hasta que embarcamos hacia México”.
“De aquella época apenas recuerdos. Tengo destellos, destellos. El jardín del castillo, supongo… Allí jugaba yo con otros niños. Del barco también, destellos fugaces. Ya en México mi primer recuerdo fue el colegio Madrid, que pertenecía el Ateneo Español en México”.
Franco no iba a durar
“Yo vine a México en el último de los barcos, el “Nyassa”. Es que mi padre decía que se iba a acabar la dictadura, que para qué venía tan lejos. Pero entonces, cuando llegaron los alemanes, apresaron a mi tío, que estaba en la resistencia francesa. Lo llevaron a los campos de concentración nazis. Murió en Mauthausen. Allí murió. Bueno, no murió: lo mataron. Entonces ya mi padre lo pensó mejor. Le dijeron que salía el último barco y dijo: pues sí, nos vamos. En cuanto la ONU aceptó a la España de Franco él ya lo dio por perdido”.
En la cervecería Modelo
“Mi padre era telegrafista, pero en México no podía trabajar de eso, porque para aquí, para trabajar en comunicaciones, tenía que ser nacido en México. Era un asunto delicado y más en plena II Guerra Mundial. Entonces entró a trabajar en la Cervecería Modelo. La Cervería Modelo era de un antiguo residente que se ha llamaba Pablo Díez (leonés de Vegaquemada) y que acogió a muchísimos refugiados españoles. Mi padre trabajó toda su vida en la cervecería Modelo”.
Un ejemplo a seguir
“Nos acogieron muy bien en México. No solo por el Gobierno, también por el pueblo. Yo era muy pequeña, pero mis padres también se sintieron muy bien acogidos aquí. Ojalá muchos gobiernos hoy en día hicieran lo que hizo en aquel momento el gobierno mexicano. Podrían tomar ejemplo. Es más, teníamos embajada de la República aquí a la vuelta, en la calle Londres, y nunca reconocieron a Franco. El presidente de la República (mexicana) iba al banquete del 14 de abril cada año. Todavía Salinas de Gortari, que no era nada de izquierdas, pero era del PRI, que siempre nos trató muy bien, en el 50 aniversario del exilio nos invitó a todos a Los Pinos (residencia oficial del presidente de México) a un banquete”.
El vínculo republicano a través del Ateneo
“Mi familia y yo siempre estuvimos vinculados al Ateneo. Para nosotros significaba mantener el contacto con todo lo que significa la República, más que con España. Aunque, desde luego quiero mucho a España, pero también a México. Hay gente que dice que no es de aquí ni de allá, pero yo soy de los dos lados. Quiero igual a México que a España. Pero el Ateneo significa mantener el contacto con toda la cultura, con todo lo que hizo la República, que fue un gran cambio para España. Qué lástima que no duró. Hizo más escuelas la República, en el tiempo que estuvo, que todas las monarquías en todos los años anteriores. Hubiera sido un gran cambio para España. Pero, bueno, afortunadamente, aunque mucho tiempo después, España se puso a nivel”.

Aída Pérez con su hija María Eva Luna Pérez y su nieto Miguel, en el Ateneo Español de México / E. L.
Arquitecta
“Yo estudié primaria, secundaria, preparatoria y luego Arquitectura en la Universidad. Mi generación fue la primera numerosa, entre comillas, de mujeres que hacíamos Arquitectura. Éramos más mujeres en primero que todas las que había es segundo, tercero, cuarto y quinto de carrera. En aquel entonces, la universidad costaba muy poco para los mexicanos. Para los extranjeros, en cambio, muchísimo. Pero gracias a un decreto de Cárdenas (el presidente que abrió la puerta al exilio español), a los españoles, aunque legalmente fuéramos extranjeros, nos cobraban como a los mexicanos”.
Las mentes del exilio
“La verdad, yo podría decir que el exilio más bien lo he disfrutado. El ambiente del Ateneo es un ambiente muy bonito. Había gente muy importante, interesante. Con ese exilio se fueron de España mentes muy brillantes y entonces aquí, en el Ateneo, podíamos ir a un recital de León Felipe y cosas así. Ahora ya no tanto, pero España se olvidó un tiempo de nosotros, los de exilio. Pero el gobierno de Zapatero y este gobierno han hecho mucho porque el exilio se tenga en cuenta”.
Purificación Tomás y Rafael Fernández
“A Pura Tomás y a Rafael Fernández los conocí desde que era pequeña. Eran amiguísimos de mis padres. Eran el alma de la Agrupación Socialista de México. Rafael como secretario y Pura era el alma del grupo femenino. Había muchas señoras que les interesaba la política, pero en las asambleas, como los señores estaban tan preparados, les daba cierto reparo intervenir. Por eso Pura formó el grupo femenino. Y ahí hablábamos de lo mismo, pero entre mujeres. Puri tenía un boletín, ‘Mujer’, en el que yo escribí”.
Puri y las mujeres socialistas
“No era que los señores (del partido) no las dejaran entrar en las asambleas, es que ellas se sentían cohibidas. Ellos usaban más términos políticos y las señoras sentían las ideas igual pero no tenían formación política. Aquellas mujeres se habían educado antes de la República y entonces era muy difícil acceder a esa formación para ellas. Luego, la República supuso un cambio, un avance definitivo para la mujer. Y con la Dictadura volvió el atraso para la mujer”
La noche en que murió Franco, en México
“Los quise mucho a Pura y a Rafael. Recuerdo que cuando murió Franco todos sabíamos que teníamos que irnos su casa. Me acuerdo bien porque era el día de mi aniversario de boda. Franco se murió el 20 de noviembre, pero en México todavía era el día 19. Salíamos de cenar y dan la noticia en la radio. Entonces, todos sabíamos que teníamos que ir a casa de Puri y Rafael, en la calle Doctor Vértiz. Salimos disparados para allá. Parecerá muy heterodoxo decirlo, pero estábamos para brindar todos. Brindamos con sidra. Supongo que sí, que fue con El Gaitero, pero no me acuerdo de la marca. Habían sido tantos años esperando….”
Militancia socialista y un borrón
“Yo soy militante socialista desde Juventudes con los hijos de Pura y Rafael; con Rafael, con Carlos y con Belarmino creamos Juventudes en México y estuvimos unos cuantos años hasta que, por edad, tuvimos que dejarlo y ya no encontramos gente que siguiera con ello. Posteriormente, en el PSOE de México (en 2024) hubo un problema con la agrupación facilitado por Cerdán, que ojalá lo metan en la cárcel. Por Cerdán y por Pilar Cancela (ex secretaria de Exterior del PSOE). Por una tontería administrativa, disolvieron la agrupación, que llevaba aquí ochenta años, y crearon una nueva con gente que no sabe nada de la historia del socialismo. Nada de nada. Fíjese. A mí me mandaron un reconocimiento por los 50 años de militancia y al poco hicieron eso. Esta era una agrupación histórica: estuvieron Pura Tomás y Rafael Fernández, pero también formó parte de ella Indalecio Prieto o el hijo de Largo Caballero. Pese todo, nosotros, los que éramos parte de esa agrupación, nos seguimos sintiendo parte del PSOE y hacemos campaña para que la gente vote por el PSOE. Pero lo que pasó con la gestora me parece tan inexplicable… Sigo sin entenderlo”.
-Le hago una última pregunta, Aida: ¿para usted el socialismo es…?
-Igualdad.
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