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Manuel Arias, presidente del Centro Asturiano de México: "Si algo nos une a los asturianos en México es el trabajo, la lucha diaria por progresar"

Este tevergano de Vigidel, de 92 años, encabeza el centro asturiano más potente de todos los que existen en el mundo: con unos 25.000 socios y tres sedes con todo tipo de equipamientos, en el top de los menores clubes de la capital mexicana

Manuel Arias en su despacho de la sede sociocultural del Centro Asturiano de México en el barrio de Polanco de Ciudad de México.

Manuel Arias en su despacho de la sede sociocultural del Centro Asturiano de México en el barrio de Polanco de Ciudad de México.

Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

Manuel Arias Díaz es el socio número 1.299 del Centro Asturiano de México y también el presidente de esta institución que agrupa a los asturianos de Ciudad de México, pero que también tiene como usuarios a otros españoles y mexicanos. En total, ronda los 25.000 socios. Manuel Arias nació en un día muy señalado para cualquier asturiano, un 8 de septiembre. En el año1934. Su madre, además, se llamaba Covadonga.

-¿Dónde nació usted?

-En un pueblo del concejo de Teverga que se llama Vigidel. De ahí vine para México. Tenía 24 años cuando emigré.

-¿En qué familia?

-En una familia campesina. A los dos años de nacer, en 1936, estalló la guerra. Y la guerra dio pocas oportunidades. Además, mi padre perdió una mano, perdió un ojo. Al parecer, en una trinchera. Creo que fue por la parte de Avilés. Tengo una hermana. Y entonces había que estar cerca de la familia, trabajar en el campo. Fui campesino, hasta que me fui por el mundo.

-¿Cómo fue su marcha a México?

-Tenía unos parientes de mi padre que estaban aquí, en México y un día de Navidad, los encontramos. Fue casi sin pensarlo. Aquel pariente de mi padre me preguntó que por qué no iba con él. Y vine.

-¿Cómo fue el viaje?

-Viajé de mi pueblo a Oviedo, luego a Madrid y luego Lisboa, porque en aquel tiempo había que salir desde Lisboa. No había relaciones diplomáticas entre España y México. Volamos de Lisboa a Las Azores, de Azores a Bermudas y de ahí a México. Llegué a México, que entonces era Distrito Federal, ahora es Ciudad de México. Me esperó en el aeropuerto un primo lejano y a partir de ahí mi vida en México fue como la de casi todos los emigrantes: trabajo. Fui a trabajar en una fábrica textil que era de esos parientes de mi padre. Uno de ellos, de hecho, se llamaba igual que mi padre: Manuel Arias Álvarez. Desarrollé toda la vida laboral con los textiles. En esa empresa, que tenía muchos trabajadores, se hacían redes de pescar entre otras muchas cosas.

-¿Era la primera vez que salía de Asturias?

-Yo había ido al servicio militar en Zaragoza. Y de Zaragoza me mandaron a las Islas Baleares con unos soldados. Fui como jefe de algo que no recuerdo muy bien. Pero, nada, fue un vuelo corto. Después, hasta que vine a México, no había viajado.

-¿Y qué tal en su primer trabajo en México?

-Me mandaron a trabajar al tercer turno. Era de las siete de la tarde hasta las seis de la mañana. Ahí estuve poco tiempo. Como todas las cosas, luego vas progresando un poco. No tardé mucho en tener un puesto administrativo. Trabajé con esa empresa 23 años, donde llegué a ser gerente, pero desde los tres años y medio de estar aquí, con otros dos socios puse una fábrica relacionada con cosas textiles también, pero sin hacer la competencia a la otra compañía donde trabajaba. Luego la empresa donde primero había entrado a trabajar la vendieron, a una firma de Monterrey. Entonces dejé esa empresa y me fui a lo que yo había empezado.

-Qué era…

-Una fábrica de textil también. Hacía cordones, piolas, bandas, muchas cosas. Que las sigo haciendo. Se siguen usando ahora igual. Mi empresa está en el estado de México. Ya llevo muchos años ahí. Seguimos trabajando. Aunque ya voy poco por allí. Porque tengo más de 90 años. Ahora la empresa la maneja un hijo mío, que se llama Manuel, como yo.

-¿Vuelve a Asturias con frecuencia?

-Ahora llevo un tiempo, unos seis años, que no voy. Tuve un problema de la columna. Me operaron dos veces y puedo caminar y todo, pero ya los aeropuertos son complicados para mí.

-¿Qué encontró al llegar a México?

-Siempre estuve muy a gusto en México. Siempre me pareció un gran país. Para otros, a lo mejor no lo es, pero para mí sí. Siempre me ha ido bien y siempre he estado contento en México.

-Le dio más oportunidades que España, entiendo.

-En España tampoco intenté mucho porque estaba en mi casa con mis padres, con la vida del campo, y tampoco intenté cambiar de rumbo.

-Al llegar imagino que se encontró con una importante presencia de emigrantes asturianos.

-En los primeros años, yo viví poco con los paisanos porque los asturianos normalmente estaban en la zona del centro de la ciudad, eran comerciantes, y esta fábrica donde yo trabajaba estaba un poco alejada del centro. Entonces no tenía mucho trato. Pero después me hicieron directivo del Centro Asturiano de México, en febrero de 1990, y ya me fui relacionando. Aunque no soy muy bueno para relacionarme. Soy hombre de pocas palabras.

-Pese a eso, lo eligieron presidente.

-Porque aunque hables poco, puedes llegar a donde quieras.

-¿Qué significa para usted el Centro?

-Siempre me gustó estar aquí porque me sentía como en mi casa. En esa época había muchos paisanos, mucha gente que luego fue desapareciendo. Pero siempre me gustó trabajar aquí en el Asturiano porque te mentalizas y crees que estás en tu tierra, que estás haciendo algo por los asturianos.

-¿Cuántos socios son?

-Entre 24.000 y 25.000.

-¿Qué tal la relación con su familia en Asturias? ¿Sus padres llegaron a visitarle a México?

-Mi madre sí. Mi padre, nunca. Mi padre murió en 1984. Mi madre murió en el 2005. En esa época iba todos los años a España y mi madre vino aquí en dos ocasiones. Una vez estuvo poco tiempo, dos o tres meses, pero otra vez vino y estuvo casi un año. Yo con mi hermana hablo por lo menos dos veces por semana y vivimos bastante conectados.

-¿Cómo cambió México desde que usted llegó a hoy?

-Muchísimo. El México de cuando yo llegué al de hoy es otro país. Es otro México. Es un país dinámico, un país que a mí me gusta. Es un país amplio. Aquí puedes hacer muchas cosas. Aquí hay libertades. Por lo menos yo así lo veo.

-O sea, que usted no echa de menos Asturias.

-Algunas veces te entra añoranza, porque empiezas a recordar cosas. Pero yo he estado siempre a gusto en México. No sé… Vivo como me gusta vivir.

-¿Sus hijos tienen vinculación con Asturias, o ya se va perdiendo esa relación?

-Mi hija, que vive en Costa Rica, va casi todos los años a España. Normalmente va a Asturias a ver a la tía, que es mi hermana. Y mi hijo vive aquí, en el medio nuestro. Mi hija estuvo de estudiante a España, y le gusta a España. Va cada vez que puede-

-¿Y cómo vio cambiar Asturias?

-Asturias camina lento. No conozco todo México, es un país muy grande, con zonas aisladas, pero siempre oyes a paisanos que viven en otros estados y les va bien en este país. Aquí, al que trabaja le va bien. Cuando llegas a Oviedo ves que ha cambiado muy poco. Hicieron algunas cosas, pero debería de tener más auge.

-Haga una pequeña radiografía del Centro Asturiano de México.

-El Centro Asturiano de México ha tenido gente asturiana que tuvo muy buenas ideas, y hoy somos un centro bastante grande, con buenas instalaciones. No solo tenemos gente asturiana, también de toda España y mexicanos. Siento que tenemos un Centro con muchas cosas que ofrecer. Tenemos la sede de sociocultural (en la calle Arquímedes del barrio de Polanco), y luego tenemos el Parque Asturias, con muchas instalaciones deportivas. Pero luego tenemos otra sede en el estado de Morelos (el Club Campestre Ecológico), donde hay un campo de golf y unas cuantas hectáreas de tierra, que hemos ido convirtiendo en servicios atractivos, como albercas, como campos de fútbol, canchas de tenis… Todo bastante completo. Y en esa sede también tenemos hoteles, con unas 400 habitaciones, que han tenido bastante éxito.

-Si usted tuviese que decir en qué se caracteriza el carácter asturiano o, por lo menos, de los asturianos que están viendo en México, ¿qué diría?

-Hay algo que nos une, que es el trabajo y la lucha diaria para seguir creciendo, seguir progresando. Yo aquí estoy sentado, en un escritorio en el Centro Asturiano, soy el presidente y te voy a cumplir 92 años. Entonces, siempre somos luchadores. Uno, por interés propio y otro porque no te gusta llegar a tu patria con las maletas vacías.

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