El gran museo mexicano y premio "Princesa" donde se fraguó el acercamiento entre España y México (que ahora Ayuso torpedea)
El galardón a la Concordia concedido en la última edición al Museo Nacional de Antropoligía, el centro mexicano que atesora la herencia de las culturas mesoamericanas, fue «el primer pasito» para el reencuentro de dos países distanciados por la historia de la conquista

El patio del Museo Nacional de Antropología de Méxixo con su característico paraguas. / E.L.
El Museo Nacional de Antropología de México (MNA) dio un salto espectacular en el número de visitantes entre 2024 y 2025. Pasó de 3,7 millones a registrar más de 5 millones, según los últimos datos oficiales. Es el museo más visitado de México, una de las grandes instituciones culturales de Latinoamérica y está también entre las más visitadas del ámbito internacional. Por comparación, el Museo del Prado –considerada la primera pinacoteca del mundo- registró 3,5 millones de visitas el año pasado. Pero este fabuloso edificio del 1964 ubicado en el bosque de Chapultepec de la capital mexicana, obra del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, con su impresionante patio y su paraguas-fuente de 12 metros de altura sosteniendo una losa de 4.500 metros cuadrados, no es sólo el contenedor de 7.800 espectaculares piezas arqueológicas de las distintas cultura mesoamericanas y 5.700 objetos etnográficos vinculados a los puebglos indígenas. También ejerció recientemente un interesante rol diplomático para el acercamiento entre España y México. Y en este proceso, en el que la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso ha entrado con estruendo político, Asturias tuvo su papel.

Antonio Saborit con la escultura de Miro acreditativa del premio "Princesa" de Concordia. / E.L.
«Yo creo que a partir del premio las estrategias de acercamiento se multiplicaron poderosamente», reconoce Antonio Saborit, director del MNA. Se refiere Saborit al premio «Princesa» de la Concordia que el museo recibió el año pasado. Que una institución así, guardiana al legado de las civilizaciones que florecieron hasta la llegada de los conquistadores españoles, recibiera un galardón que entrega la Princesa de Asturias con presencia de toda la Familia Real Española, fue interpretado como el primer intento de acercamiento entre España y México, que estaban en «pausa diplomática». La propia presidenta mexicana Claudia Sheimbaum, lo reconoció. Fue «un primer pasito», dijo.
La carta de López Obrador
Todo había saltado por los aires cuando el anterior presidente mexicano, López Obrador, exigiera en 2018, en una carta al rey Felipe VI, que el Estado español «admita su responsabilidad histórica por esas ofensas (las derivadas de la conquista de Hernán Cortés) y ofrezca las disculpas o resarcimientos políticos que convengan». El premio «Princesa», en una candidatura que contó con la iniciativa y el respaldo del empresario asturmexicano Antonio Suárez, concedido por un jurado presidido por Adrián Barbón, fue para muchos el inicio de un nuevo rumbo para volver a unir dos orillas que tantos vínculos de todo tipo tienen desde hace ya más de 500 años.

Réplica de la Pirámide de Quetzalcóatl en el Museo Nacional de Antropología. / E. L.
En este proceso hubo un «precalentamiento»: en 2024 la Feria del Libro de Guadalajara, la más importante de habla hispana, tuvo a España como protagonista. Tras la concesión del «Princesa» el Museo Museo Arqueológico Nacional, en Madrid, acogió una exposición de arte precolombino sobre la mujer en el México indígena, con más de 400 piezas llegadas del otro lado del mar. En marzo pasado, Felipe VI dijo que durante la conquista se habían producido «muchos abusos». La presidenta Sheibaum, que recientemente se encontró en Barcelona con el presidente Pedro Sáncxez ha invitado al Rey a asistir al Mundial de fútbol que comienza el próximo mes en México.
Un galardón a "un espacio de encuentro"
Saborit, el director del MNA, recibió el pasado 25 de abril al presidente asturiano Adrián Barbón, de viaje institucional y empresarial a México. En conversación con LA NUEVA ESPAÑA, el máximo responsable del museo que atesora la herencia de las culturas mesoamericanas, subrayaba el carácter del «Princesa», que fue concedido en la categoría de la «Concordia»: «Hace unas semanas celebramos la llegada de la escultura (de Miró) que acompaña a este pergamino», decía junto al documento que tiene enmarcado en su despacho, acreditativo del «Princesa». «Tuvimos una pequeña fiesta y todos los trabajadores se hicieron fotos con la escultura. Es un premio que estimula el trabajo que realizamos en cada una de las áreas de este espacio. Y el que se trate precisamente del premio de la Concordia, nos impulsa a reconocer eso precisamente, la manera en la que el museo funciona todos y cada uno de sus días como un espacio de encuentro, de estudio, de construcción de saberes y construcción de lazos entre todo el mundo».

Un visitante fotografía la Piedra del Sol, pieza central del MNA. / E. L.
En el impresionante museo que encabeza Saborit se pueden admirar los fabulosos restos arqueológicos –de gran belleza plástica y una honda carga simbólica- de un mosaico de culturas indígenas que se desarrollaron a partir del II milenio antes de Cristo y que llegaron al colapso a partir de 1521, cuando la capital mexica, Tenochtilán, cae bajo al asedio de los conquistadores españoles, ayudados por otros pueblos indígenas. Pero Saborit apunta que, en el MNA, hay «otro personaje» de especial interés para los asturianos. Ese personaje es el maíz, pilar de la dieta de los pueblos que se encontró Cortés. Y también clave en la historia de Asturias. «El maíz, tengo entendido, fue fundamental en la dieta asturiana y la llegada del maíz americano modificó su dieta». El maíz, que se extendió por Asturias a partir del siglo XVII, fue también uno de los sustentos del crecimiento demográfico que, a la postre, empujaría a cientos de miles de asturianos emigrantes hacia América, dejando atrás una tierra natal cuya estructura económica no podía absorber aquel crecimiento poblacional.

Una maqueta donde se recrea el mercado de Tenochtitlan. / E. L.
Pero hay otro hilo histórico con el que se puede tejer una relación entre el fabuloso museo mexicano y Asturias. Y ese hilo, tal y como Saborit se lo hizo notar a Barbón en su visita, parte de título de Conde de Revillagigedo, tan presente en Gijón con su palacio señero a los pies del barrio de Cimadevilla, junto al puerto deportivo.
El papel del conde de Revillagigedo
Porque fue el impulso el segundo conde de Revillagigedo, por ende teniente general y Virrey de la Nueva España, el que dio inicio a la recuperación y conservación de los restos de las culturas que Cortés doblegó. Fue una decision de Juan Vicente Güemes y Pacheco de Padilla Horcasitas Aguado, hermano de un antepasado directo del actual Conde, el noveno, Álvaro María del Milagro de Armada y Barcáiztegui, la que fructificó en el hallazgo de la pieza más emblemática del MNA, la icónica ·«Piedra del sol» y de algunas de las más monumentales, el monolito de la Gran Coatlicue. Fue aquel segundo conde de Revillagigedo un gobernante preocupado por la mejora de la capital mexicana, por la ciudad colonial construida sobre los restos de la antigua Tenochtitlan. Creó desagües, mejoró el drenaje, empedró y embelleció las calles y aplicó la mano dura contra los ladrones. También apoyó las excavaciones arqueológicas. En 1790 se llevaron a cabo diferentes trabajos de mejoramiento urbano en la Plaza de Armas o Plaza Mayor, donde en tiempos de Moctezuma estaba explanada ceremonial de la capital mexica. Allí se encontraron estas dos piezas, el germen de la colección que hoy asombra a todos los visitantes del MNA.

Una maqueta de la antigua capital mexica, Tenochtilan / E.L.
La Piedra del Sol, la grandiosa pieza sobre la que orbita el museo
Tiene un diámetro de 3,58 metros. Es, sin duda, la pieza estrella del MNA y también la pieza central de la exposición arqueológica. La Piedra del Sol, conocida incorrectamente como el «Calendario Azteca» era posiblemente un «temalácatl», una escultura de piedra donde se realizaban posiblemente un «sacrificio gladiatorio», donde un prisionero se enfrentaba a guerreros mexicas.

Barbón con la escultura del dios Tláloc / E.L.
Tláloc, el diosde la lluvia que se encarnó en un presidente
Durante la recepción que el empresario Antonio Suárez brindó a Barbón en México, y como esa noche llovía a mares, le comparó con Tláloc, el dios de la lluvia de los mexicas. En esta imagen el presidente asturiano aparece en el MNA con una representación de Tláloc (izquierda) y otra de la diosa Chalchiuhtlicue, compañera y esposa de Tláloc, diosa de las corrientes acuáticas.

La diosa Coatlicue. / E. L.
Coatlicue, la diosa con la falda de serpientes
Mide dos metros y medio. Representa a una de las diosas primigenias de la cosmogonía mexica, representa a una de las deidades relacionadas con la creación del mundo y su transformación. Se puede identificar por la gran falda de serpientes que luce. Su ubicación original, junto con otras tres esculturas, era una esquina de la cima del Templo Mayor de Tenochtilán.
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