El análisis del sportinguista volador: 120.000 kilómetros detrás de un equipo que necesita ilusión
Es imposible no sentir cierta envidia al ver cómo otras aficiones vuelven a celebrar ascensos, ilusionarse con sus equipos y volver a soñar, mientras en Gijón las temporadas pasan una tras otra sin poder sentir algo parecido

Fútbol. Partido correspondiente a la jornada 40 de Segunda División temporada 2025-2026 entre el Zaragoza y el Sport. Gijón. Ibercaja Estadio 17-05-2026. Partido correspondiente a la jornada 40 de LaLiga Hypermotion entre el Real Zaragoza y el Sporting de Gijon en el Ibercaja Estadio en Zaragoza. Daniel Marzo©, Factoria9 / FC9
Diego Álvarez Bada trabaja como sobrecargo de aviación en la línea bandera de México. Es fundador y presidente de la peña "La villa de Quini", la primera y la única peña sportinguista oficial en México y fuera de España. Hasta diez veces al año vuela a España para ver los partidos del Sporting.
Cuatro meses exactos. Del 17 de enero al 17 de mayo. Ese fue el tiempo que tuvo que pasar para que el Real Sporting de Gijón volviera a saber lo que era ganar lejos de El Molinón. Y lo hizo en un escenario extraño, gris y cargado de tensión, ante un Real Zaragoza que se jugaba prácticamente la vida y que terminó demostrando por qué lleva toda la temporada atrapado en puestos de sufrimiento.
La semana había estado marcada más por los rumores y la incertidumbre que por lo futbolístico. La salida de Borja Jiménez dejó un terremoto dentro del club y volvió a instalar esa sensación de que el Sporting sigue sin rumbo claro, sin proyecto sólido y con demasiadas dudas alrededor de su futuro. Desde entonces comenzaron a aparecer nombres de entrenadores por todos lados. Uno de los que más fuerza ha tomado llega precisamente desde aquí, desde México: Nicolás Larcamón.
En México dejó buenas sensaciones, especialmente dirigiendo equipos de media tabla hacia abajo, donde consiguió sacar rendimiento a plantillas limitadas. Incluso fue campeón de la Concacaf con el León y con el Cruz Azul, un equipo que pelea siempre por el título, tuvo un buen rendimiento, aunque su salida terminó llegando por problemas con el vestidor.
Y con ese ambiente y un horario una vez más de los que más gustan aquí, Domingo 1:15 de la tarde. Perfecto horario para poder verlo comiendo desde el Centro Asturiano de México en su sede de Polanco, llegaba un partido donde casi nadie esperaba demasiado del Sporting. Sin Dubasin ni Otero, con línea de cinco atrás y únicamente Gaspar y Gelabert arriba, el equipo parecía más preparado para sobrevivir que para competir. Encima el Zaragoza golpeó primero y durante unos minutos daba la sensación de que sería otra noche larga para los rojiblancos y una última esperanza para los maños.
Pero tras el gol local, el partido cambió completamente.
Justin Smith tuvo el primer aviso serio en un mano a mano donde el control se le fue ligeramente largo y el portero logró achicar bien para mandar el balón a córner. Y precisamente de ese córner llegó el empate. Lucas Perrin, desaparecido durante meses y prácticamente olvidado por Borja, volvió a aparecer como titular en la línea de cinco y marcó su segundo gol de la temporada. Dos partidos consecutivos entrando en el once y dos actuaciones que demuestran que quizá había más fútbol ahí del que Borja Jiménez pensaba.
Poco después llegó una de esas jugadas que vuelven a dejar en evidencia al arbitraje español y al famoso fuera de juego semiautomático. Un balón filtrado para Gaspar terminó con el asistente señalando fuera de juego. Gelabert sí estaba adelantado, pero ni siquiera participaba en la acción. Gaspar estaba habilitado, siguió la jugada y fue derribado claramente por el portero. El VAR tardó varios minutos en revisar una acción que parecía evidente desde el primer momento. Primero para entender algo que debía ser sencillo y luego para confirmar un penalti clarísimo.
Corredera asumió la responsabilidad ante la ausencia de Dubasin y Otero. Falló el primer intento con ese ya habitual saltito antes de golpear, pero el penalti tuvo que repetirse por adelantamiento del portero y entrada de jugadores al área. En el segundo intento no perdonó y el Sporting, casi sin hacer demasiado, se fue al descanso por delante.
Y quizá lo más llamativo fue precisamente eso: el Sporting ganó sin necesidad de sufrir en exceso. Se esperaba un Zaragoza lanzado en el segundo tiempo, quemando sus últimas opciones de salvación, pero el partido se apagó poco a poco. El Sporting controló bien, apenas pasó apuros y ni siquiera la entrada de Amadou por Gelabert, máximo referente ofensivo del Sporting en el Ibercaja cambió demasiado un ataque que seguía teniendo poco peso ofensivo.
El golpe definitivo llegó ya al final. En una falta a favor del Zaragoza, su portero subió a buscar el remate desesperadamente. El balón fue rechazado y terminó en los pies de Amadou, que condujo desde medio campo hasta marcar prácticamente a placer su primer gol como profesional.
Y mientras el Zaragoza parece asomarse peligrosamente al abismo de Primera RFEF, el Sporting cerrará otra temporada gris. Salvación tranquila, sí. Pero lejísimos del playoff y otra vez con la sensación de haber desperdiciado un año entero.
Resulta inevitable mirar ejemplos como el Racing, el Málaga o el Deportivo. Equipos históricos que tuvieron que caer al barro de Primera RFEF para reconstruirse de verdad. El Racing consiguió esta jornada su regreso a Primera División catorce años después y tras cuatro temporadas de trabajo serio y continuidad. Curiosamente, el Racing volvió a Segunda el mismo verano en que Orlegi llegó a Gijón, y hoy representa un ejemplo claro de lo que sucede cuando existe un proyecto estable. El Deportivo, después del tropiezo del Almería, quedó a solo una victoria de regresar a Primera tras años muy duros, mientras que el Málaga, que ascendió junto al Depor hace 2 temporadas, vive una gran racha y está muy cerca de entrar al playoff.
Es imposible no sentir cierta envidia al ver cómo otras aficiones vuelven a celebrar ascensos, ilusionarse con sus equipos y volver a soñar, mientras en Gijón las temporadas pasan una tras otra sin poder sentir algo parecido. Y mientras tanto, el Sporting cumplirá diez temporadas consecutivas en Segunda División, instalado en una mediocridad constante y sin un proyecto que termine de arrancar.
Ojalá el club nunca tenga que vivir un descenso al fútbol no profesional para reaccionar. Porque la historia pesa, pero no garantiza absolutamente nada.
La próxima semana llegará la despedida de la temporada en El Molinón ante el Almería y un último viaje, donde romperé mi récord personal de partidos en una temporada: diez encuentros en seis viajes diferentes, casi 120.000 kilómetros recorridos durante un año para seguir al Sporting.
Y aunque el equipo ya no se juegue nada, ahí seguiremos. Volando a Madrid, cruzando el Atlántico y haciendo viajes sin dormir hasta Asturias. Porque hay sentimientos que no entienden de clasificaciones, proyectos ni temporadas mediocres. Y porque, al final, el Sporting sigue siendo eso que nos mueve incluso cuando no ofrece demasiado a cambio.
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