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La novela de una historiadora ovetense en Estados Unidos

Regreso al cerco de Oviedo de 1936 para mostrar a los jóvenes "cómo la vida se puede ir al traste por una guerra hija de la polarización"

Silvia Ribelles, historiadora ovetense afincada en Los Ángeles (EE UU), publica "Aunque viva cien años", una novela protagonizada por un niño que pierde a toda su familia durante el sitio de la capital asturiana durante la Guerra Civil

Ribelles, investigadora del proyecto estadounidense que recuperó las sorprendentes imágenes inéditas de la contienda procedentes de los noticiarios de Hearts, presentará su libro en el Club LA NUEVA ESPAÑA

Silvia Ribelles, en Los Ángeles, con un ejemplar de su novela.

Silvia Ribelles, en Los Ángeles, con un ejemplar de su novela. / .

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Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

La historiadora ovetense Silvia Ribelles (1969) acaba de publicar la novela “Aunque viva cien años” (ed. Almuzara), protagonizada por un niño, Cesáreo, que pierde a toda su familia en el cerco de Oviedo, en septiembre de 1936, durante los meses en que la capital asturiana vivió más fieramente la Guerra Civil. Ribelles es una experta en esa contienda que partió a España en dos y, en concreto, en las relaciones entre España y Gran Bretaña durante la II República y la Guerra Civil. Ribelles reside en Los Ángeles, donde trabaja como investigadora en el proyecto Newsreels, que está desarrolado conjuntamente por el Instituto Packard de Humanidades y el Archivo de Cine y Televisión de la Universidad de California (UCLA). Este proyecto consiste en la digitalización y restauración de las imágenes, inéditas en su mayoría, que los noticieros producidos por William Randolph Hearts (el magnate que inspiró el “Ciudadano Kane” de Orson Welles). Fruto de ese trabajo han salido a la luz impresionantes escenas desconocidas hasta la fecha de la Guerra en Oviedo y Gijón, además de todo el territorio español. Ribelles presentará “Aunque viva cien años” el próximo día 29 de julio en el club LA NUEVA ESPAÑA de Oviedo. Será una presentación doble, pues también estará presente la escritora ovetense Mónica Rodríguez, una de las grandes firmas de la literatura infantil y juvenil española, que presentará su novela “Nara”, también ambientada durante la Guerra Civil. En este caso, durante la Batalla del Ebro. Ambas dialogarán sobre sus obras respectivas y sobre el conflicto que abrió la más profunda herida en la España contemporánea.

-¿Es su primera novela? ¿Por qué una historiadora se lanza a escribir una novela?

-En realidad es la segunda, lo que pasa que la primera fue una autopublicación y se me da muy mal el marketing.  La novela le permite al historiador inventar y fantasear. Y, sobre todo, rellenar huecos que las fuentes primarias, los testimonios orales, los libros y las fuentes típicas de la profesión no pudieron. En ese sentido, escribir novela es un ejercicio liberador.

-En la dedicatoria inicial aparecen mencionados sus padres y su vecino, por todo lo que le contaron. ¿La novela es un destilado de esos recuerdos familiares en el cerco de Oviedo?

-No, ninguno de ellos estuvo en el cerco de Oviedo. Mi madre nació después de la guerra. Mi padre la pasó en Valencia y mi vecino, José Rivaya, la pasó en Tapia. Usé sus recuerdos, las historias que me contaron, más bien para montar la infancia en tiempo de paz de los dos protagonistas principales. Anécdotas de sus vidas relacionadas con la escuela, los maestros, las Navidades, los cumpleaños, la visita al dentista que cuento, que está basada en una historia verídica. Esas cosas.

-Dice usted que “Aunque viva cien años” es una “novela juvenil”. ¿Nació con la intención de acercar la Guerra Civil a una generación que ya se ha desconectado personalmente de aquellos hechos? ¿Hay que “refrescarles” la memoria en estos tiempos de nueva polarización?

-Sí. La novela la escribí con la intención de mostrar al lector joven cómo una vida normal de una familia normal se puede ir al traste por culpa de una guerra que es hija de la polarización. Ese es el mensaje que quiero llevar. Cómo los políticos y la prensa entonces, y los canales de las redes sociales hoy en día, pueden polarizar a la población. Además, intercalo un capítulo en tiempo de paz y otro en tiempo de guerra con la esperanza de que el lector joven caiga en la cuenta de la enorme pérdida que supone no tratar de evitar un conflicto armado. También la escribí para mostrarle a nuestros jóvenes cómo era la vida de una familia hace 90 años: las relaciones entre padres e hijos, entre alumnos y maestros, entre vecinos; cómo eran las escuelas, las vacaciones (el que las tenía), la Navidad, el fútbol... ¡Ay, cuando el Oviedo estuvo cerca de ganar la liga y tuvo en sus filas al máximo goleador de la temporada! Es una novela, en realidad, para cualquier lector de 13 a 113 años. Creo que los más mayores también disfrutarán recordando cómo fue su infancia. En un mundo ideal, me imagino a un chaval de 14 años preguntándole a sus mayores si eso fue así, sin en sus escuelas pasaban esas cosas, si los cumpleaños y las fiestas eran así; y tender puentes entre generaciones.

Ribelles, con un ejemplar de "Aunque viva cien años".

Ribelles, con un ejemplar de "Aunque viva cien años". / .

-¿Le sirvió la novela para descubrir o reparar en algún aspecto concreto o novedoso sobre el cerco de Oviedo?

-Bueno, ya conocía bastantes detalles sobre el cerco. Tres tíos abuelos míos fueron defensores de Oviedo y en casa siempre se oyeron historias, pero desde luego me tuve que documentar un poco más en profundidad para intentar ceñirme a la realidad lo más posible, pero permitiéndome algunas licencias. Como, por ejemplo, los personajes femeninos que aparecen en el cerco, que no sé hasta qué punto una situación así hubiese sido posible (y no doy más datos por no destripar la novela), pero quería darle exotismo a la historia para que el lector joven se enganchara. Espero poder conseguirlo. Pero la verdad es que no, no he descubierto nada nuevo.

-¿Ya se han escrito las páginas definitivas sobre la Guerra Civil?

-No, en absoluto. Siempre pueden aparecer nuevos hilos de los que tirar, fotos, películas, archivos privados, personajes olvidados a los que rescatar, grupos completos cuya historia ha podido pasarse por alto, o no se ha estudiado aún en profundidad. La llegada de las autonomías hace casi 50 años, por ejemplo, trajo consigo un estudio más en profundidad de lo “regional” de la Guerra Civil; y dentro de cada región, hay quién se ha centrado en su comarca, en su concejo, en su parroquia, en su pueblo. Y todos estos estudios son buenos y pertinentes, porque cuentan la historia de una comunidad, más grande o más pequeña, pero de un grupo humano, al fin y al cabo. Cambia, además, constantemente la óptica desde la que se mira el conflicto. No, aún le queda cuerda a la Guerra Civil.

-El libro es un viaje a los años 30 del pasado siglo, un tiempo convulso. ¿Estamos ante “los nuevos treinta” o la historia nunca se repite?

-Creo que no. La situación, hoy en día, es muy diferente a la de hace 90 años, gracias a Dios. Tenemos un nivel de alfabetización óptimo con acceso a la educación gratuita y universal; la mujer se ha incorporado al mundo laboral, político, académico y está completamente igualada al hombre; vivimos en un Estado de derecho con plenas garantías donde votamos en libertad y somos iguales ante la ley. Aunque en los últimos años, y en todas las naciones de lo que llamamos “mundo occidental”, están apareciendo fisuras en ese Estado de derecho, incluyendo España. Sin embargo, estamos en una situación infinitamente mejor que hace 90 años. Sin lugar a dudas. Piense que, en la primavera de 1936, después de las elecciones de febrero, y hasta el levantamiento del ejército el 18 de julio, hubo casi 500 muertos por violencia política en España, y más de mil hospitalizados graves. Es muy importante, yo creo, leer de todo, salirse de los canales que uno sigue y, aunque sólo sea por curiosidad, meterse en los que son distintos a los que nosotros seguimos. Leer, como digo. Mucho. No sólo prensa, que también, sino literatura, novela porque nos mete en las vidas, en las cabezas, en los problemas de otros y, si los conocemos, nos será más fácil entenderlos, y será más sencillo convivir.

-Una última pregunta sobre su trabajo en los archivos de los noticieros de Hearst. ¿Esta tarea de identificación de escenarios y personajes el ingente material, le ha reportado alguna nueva visión sobre la Guerra Civil? Por ejemplo, cuando conocimos las relativas a Asturias, su calidad nos permitía identificarnos más con los que allí aparecían, eran “como nosotros”…

-Sí, sin duda. Sobre todo, porque las películas contienen mucho metraje de ciudadanos de a pie, no sólo aparecen los personajes más conocidos. Pero, sobre todo, porque la calidad, como dice usted, es tan buena, que nos acerca a todos ellos. Los vemos no como un borrón en el que sólo se adivinan los ojos y la boca, dando la impresión de que hay desconexión, y de que lo que muestran las escenas nos es ajeno. En estas películas se perciben, perfectamente, las expresiones de terror, de odio, de angustia, de alivio, de alegría. Se ven las ropas de la gente, cómo iban peinados, qué comían, cómo jugaban los niños. Y percibimos que no son tan diferentes a nosotros hoy en día. Y lo que sufrieron. Y lo que supone una guerra.

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