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La revolución mexicana del folklore asturiano: el Cuadro Artístico del Centro Asturiano de México reinventa el baile tradicional

El grupo de baile tradicional, dirigido por Begoña Carrera, junto con la banda de gaitas encabezada por Ramón Sobero, y acompañados por un grupo de músicos profesionales asombran cada año con sus espectáculos musicales donde reinterpretan la cultura asturiana en el escenario más destacado de México, el Palacio de Bellas Artes

La revolución folklórica del Cuadro Artístico del Centro Asturiano de México

Centro Asturiano de México

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Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

«Hay que traerlos a Asturias, hay que traerlos». El presidente del Principado, Adrián Barbón, aplaudía entusiasmado al término de la actuación del Cuadro Artístico y de la Banda de Gaitas del Centro Asturiano de México en la Jira celebrada el pasado domingo día 26 de abril. Con motivo de la principal fiesta anual del Centro –y de la visita de Barbón– el grupo de baile representó el espectáculo «Cuatro elementos al filo de Taramundi», estrenado el 14 de febrero en el Palacio de Bellas Artes (el coliseo más importante de Un México) en el marco del festival anual de Música, Coros y Danzas de España. El entusiasmo del presidente Barbón no era para menos porque para los visitantes asturianos que nunca habían visto en escena a esta agrupación folklórica resultó toda una sorpresa. Un auténtico vendaval de aire fresco llegado de América.

Lo del Cuadro Artístico y su banda de gaitas es una auténtica «revolución mexicana» del baile y la música tradicional asturiana, acercándose por momentos al género del musical. Se apoyan en la tradición para romper sus costuras y transformar por completo lo que estamos acostumbrados a ver en Asturias. Buscan un espectáculo total en el que, además de bailarines y gaitas, se hacen acompañar por un grupo de músicos profesionales con teclados y batería, bajos, guitarra eléctrica y acordeón.

El cerebro que está detrás de toda esta renovación folklórica es Begoña Carrera Cué, arquitecta y profesora en la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México. De 50 años de edad, hija de una llanisca de Posada, Begoña Cué, y de Andrés Carrera, un mexicano hijo de asturianos de Niembro, es la directora artística, coreógrafa y creadora de la escenografía de cada espectáculo del Cuadro del Centro Asturiano de México. Paradójicamente, sus comienzos en el baile regional no fueron muy alentadores. “Empecé a bailar con cinco o seis años en el Centro. Empecé con un profesor, Fernando de Córdoba, pero de repente se va del cuadro de pequeños y viene otra profesora con la que, a esa edad, no congenié. Me habían cambiado cómo se hacían las cosas y no iba llorando al baile todos los días”, confiesa. “Un tío de mi madre le decía: saca a esa niña del baile, que se trata de que disfrute, no de que venga sufriendo. Y así es como yo salgo del baile, con ocho o nueve años”. Por fortuna, las cosas cambiaron: “Yo bailaba los veranos, cuando iba a Asturias, en las fiestas de Santiago Apóstol, en Posada de Llanes, que era donde estaba la casa de mi abuelo. Pero no en el Centro. Hasta que un día, con 16 años, o así, ya le dije a mi madre: yo quiero ir al Cuadro Artístico. Y entré y no salí. Aquí sigo”.

Begoña Cue se formó en la más estricta tradición. “Después de entrar en el Cuadro Artístico, me llaman para formar parte de la Escuela de Asturianía, en tiempos de Manuel de la Cera (al frente del Consejo de Comunidades Asturianas). Fui parte de la primera promoción. Tuve como maestro de baile a Fernando de la Puente, tradicionalista completamente, lo cual se agradece”.

Pero desde la tradición, Begoña Cué dio un salto. «Yo veía que aquí faltaba algo. No tenemos la misma sangre, digamos. No digo que sea más caribeña, pero sí más latina. Y estamos en una ciudad donde se vive más rápido que en los pueblos de Asturias, incluso que en las ciudades de Asturias. Entonces yo veía que a los chicos les faltaba ese ‘punch’, como decimos aquí. Por aquella época ya había empezado a salir artistas como Tejedor, todos estos grandes gaiteros que comenzaban a darle un enfoque más actual, vamos a decir, sin perder la tradición». Ella también quiso sumarse a ese movimiento. En el Cuadro Artístico, a los niños se les enseña al modo “puramente tradicional”, pero cuando pasan al cargo de Begoña, con 14 o 15 años, entran·“por esta nueva vía”.

Poco a poco, empezó a innovar. A actualizar, “pero sin perder la esencia, sin perder la estructura de baile, pero metiendo más instrumentos, como estaban en los discos de los gaiteros”. Ahí contó con el respaldo de Ramón Sobero Romo, director de la banda de gaitas del Centro Asturiano.

Ya en 2016 lo revolucionó todo. Aunque el Cuadro hace otras actuaciones más apegadas a la tradición, cada año prepara un nuevo espectáculo para un festival de formaciones folklóricas de las distintas comunidades españolas que se celebra en el majestuoso Palacio de Bellas Artes. «Es un lugar espectacular, así que necesitábamos otra puesta en escena; no estábamos bailando en una romería". En algo le ayudó su formación universitaria, pues durante la carrera “tomé una rama que era escenografía y arquitectura efímera”, explica Begoña Cué.

Desde entonces, cada año ponen en escena un nuevo espectáculo con un tema diferente “como si fuera una obra de teatro o un musical”. Este año fue Taramundi, el espectáculo que entusiasmó a Barbón. Uno de los bailes era una «danza de espadas» donde los bailarines portaban grandes navajas, en alusión a la tradición artesana de este concejo del Occidente asturiano. En 2025 fue Oviedo el protagonista. Los bailarines convivían con unos vistosos invitados. «Era un recorrido por las esculturas de la ciudad. Y en nuestro caso eran esculturas vivientes, personas reales disfrazadas que movíamos en sus pedestales con ruedas. Al final se bajaron y empezaron a caminar por el escenario», explica Begoña Carrera. En ese momento, la sorpresa corrió entre el público. Otros años dedicaron el espectáculo a la mina, a la mitología asturiana, a los bandos de Llanes, al centenario del Centro... Hubo montajes que tuvieron más de un centenar de bailarines sobre el escenario.

El objetivo es enganchar a los jóvenes del Centro y vincularlos a sus raíces asturianas, pero acercándolos al tiempo a sus gustos, insiste esta arquitecta y directora artística. En un espectáculo, el dedicado al centenario del Centro Asturiano, Begoña Carrera coreografió un baile tradicional, pero con el «Asturias» de Melendi. A los chavales les encantó. Dice que a veces le “entra angustia” por hacer “cosas que no debería” con la tradición. “Nosotros partimos más bien desde la música hacia el baile y, aunque bailamos canciones que en Asturias no se bailan, que son más cercanas a la juventud, nosotros mantenemos la estructura tradicional del baile. Es un poco como hacían nuestros abuelos y bisabuelos: alguien tocaba algo y ellos se ponían a bailar espontáneamente”, indica. Pero corrige: «Un día me van a correr», dice entre risas.

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