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Begoña Quesada, escritora asturiana en Múnich: "Ya no reflexionamos, estamos perdiendo la capacidad de hilar, perdemos cosas básicas"

La autora gijonesa, ganadora en 2023 del premio nacional de ensayo "Jovellanos", regresa son "Memento", una novela sobre el poder de la memoria, y su borrado, para construir la identidad y las relaciones humanas

"El empuje desde fuera de las 'MAGA-verdades' es tan fuerte que encuentran grietas. Pensaba que Alemania era absolutamente inmune a estas cosas pero no es tan grande esa inmunidad como yo pensaba", afirma esta escritora y periodista, doctora en Relaciones Internacionales

Begoña Quesada, ante un ejemplar de su última novela, "Memento".

Begoña Quesada, ante un ejemplar de su última novela, "Memento". / .

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Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

La escritora y periodista asturiana Begoña Quesada (Gijón, 53 años) es doctora en Relaciones Internacionales y máster por la Universidad de Columbia con una beca Fulbright. Ha trabajado para medios de prensa y diplomáticos en España, Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, donde reside actualmente, en la ciudad de Munich. Ahora publica su tercera novela, titulada “Memento” (ed. Edhasa), una ficción con aire de thriller que envuelve una profunda reflexión sobre el papel de la memoria, y su borrado, en la constitución de la identidad y las relaciones humanas. En 2023 recibió el premio internacional de ensayo “Jovellanos” con “En defensa de la imaginación” (ed. Nobel). El próximo día 17 de este mes de junio, en la Feria del Libro de Gijón, a las 17:30 horas Begoña Quesada hablará de “Memento”

-¿Como experta en relaciones internacionales cómo está viviendo desde Alemania este desbarajuste mundial?

-Con desazón. Todas las personas que han pasado por un cambio de paradigma, como fue por ejemplo el final de la Guerra Fría, lo viven con desazón. Me parece una situación de desorden mundial. Siempre ha habido cambios, pero hay cosas que me parecen inquebrantables, a las que no deberíamos renunciar. Hablo de los derechos humanos. De todas estas conquistas que alcanzamos después de la Segunda Guerra Mundial y a las que llegamos cometiendo errores, con dolor y sufrimiento; hablo de conocimientos a los que creo que no deberíamos de renunciar. Puede haber cambios de paradigmas en cuanto al concepto de poder, en cuanto a qué países son las grandes potencias. Pero hay cosas básicas que no deberíamos perder. El otro día vi a alguien con una chapa que decía: “A la ciencia no le importa tu opinión”. Es verdad: hay cosas que son hechos, no es cuestión de opinión. Por ejemplo, no puedes luchar contra el cambio climático de fronteras para adentro o detener una pandemia de fronteras para adentro. No funciona así. Confío en que la memoria nos haga, a una gran parte sociedad, agarrarnos esos derechos humanos que nos ha costado mucho conquistar. Usted y yo también venimos de una tierra, Asturias, en la que se han conquistado muchas cosas a base de mucho sacrificio. No deberíamos olvidar el sacrificio de esas personas que sufrieron para conseguirlas.

-Quizá la piedra de toque de nuestro problema se que estamos viviendo la anulación del valor de la verdad como referencia universal.

-Totalmente de acuerdo. No quiero hacer una cuña publicitaria de mi novela, pero eso es algo que está detrás de “Memento”, el hecho de que la verdad sea lo que uno recuerda acerca de cómo ocurrieron las cosas. En esta época de polarización hay personas que piensan que la verdad no existe, que todo es cuestionable y que la Tierra será plana si yo pienso que es plana, pero hay otros que se sienten en posesión de la verdad, que quieren mostrarnos el Ministerio de la Verdad y decirnos que, desde ahí, van dictar lo que es verdad. Ni una cosa ni la otra. La verdad existe y la opinión existe también, pero en el momento en que no sepamos distinguir la verdad de la mentira no tendremos capacidad de juzgar, de tener criterio para actuar y seremos más manipulables que nunca.

-Una pregunta más sobre Alemania y hablamos de “Memento”. Antes usted reivindicaba que no se puede renunciar a determinados principios adquiridos después de los errores cometidos. Probablemente no haya ningún lugar donde el peso del “error histórico” -el peso del Holocausto, en concreto- sea tan grande como en Alemania.

-Este es un país que tiene mucha cultura de la memoria. Hay incluso quien piensa que demasiada en el sentido de que carga con ella como una piedra a la espalda. Pero sin duda es verdad que, durante dos generaciones, desde el final de la II Guerra Mundial, se enseña mucho a los ciudadanos sobre la historia Alemania. No creo que haya otro país en el mundo que tenga tantos monumentos dedicados a sus propios errores, tantos carteles, museos, libros dedicados a reconocer, en primera persona, lo mal que lo han hecho. Esto recuerda a los ciudadanos continuamente el papel de Alemania en las dos guerras mundiales, en los hechos que dieron lugar al mundo tal y como lo hemos conocido hasta ahora. Yo pensaba que la inmunidad de Alemania a la repetición de la historia era mayor de lo que verdaderamente la actualidad me hace pensar a veces. El empuje desde fuera de las “MAGA-verdades” es tan fuerte y son tan resistentes que encuentran grietas. Siempre hay personas que dicen: ah, esto es lo que yo estaban pensando hace mucho tiempo y ahora encuentro a otros que piensan como yo. Sí, pensaba que Alemania era absolutamente inmune pero no es tan grande esa inmunidad como yo pensaba.

-¿Y entonces qué se necesita ya para inmunizarse?

-No lo sé. ¿Qué necesitamos los seres humanos para vacunarnos? No sé qué necesitamos que no hayamos visto ya. Porque, además, sobre la II Guerra Mundial, en concreto, ya está todo muy documentado y reflexionado. Pero todavía tenemos que entrar en teorías, no sé cómo llamarlas, de ficción. Hace poco surgió una historia muy interesante. Cuando los Aliados entran en Alemania encuentran toneladas de carnés del Partido Nazi, tarjetitas con el nombre, año de nacimiento, profesión, rango dentro del partido… Montañas de tarjetas. Para preservarlas, como Alemania entonces era un desastre, se las llevan a Estados Unidos. Si bien Estados Unidos ha estado intentando devolvérselos a Alemania durante mucho tiempo, hasta que no han construido un archivo en Berlín con unas determinadas características no han conseguido devolver esos carnés. Mientras tanto, han sido digitalizados y forman parte de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. En marzo, finalmente, esos carnés han pasado a estar online. Tú puedes acceder y buscar a tu abuelo y ver si estaba en el Partido Nazi. Eso ha producido todo tipo de reacciones. Gente que busca sus familiares, al vecino, a un profesor… Pero también hay personas que buscan a sus familiares para honrar sus acciones. Dicen: entra y entérate de lo bien que lo hizo tu padre o tu abuelo cuando estuvo en tal sitio, entra y honra la trayectoria de tu antepasado en el Partido Nazi.

La escritora y periodista gijonesa Begoña Quesada.

La escritora y periodista gijonesa Begoña Quesada. / .

-“Memento” gira en torno a la memoria y a su posibilidad de borrado. ¿Fue esto que estamos hablando lo que le llevó hacia ese tema o la novela nación de una preocupación personal?

-Fue algo más ombliguista y pequeño de lo que acabamos de hablar. Es la memoria más a nivel privado, respecto a mí misma. “Memento“ llevaba muchos años rondándome. Es un trabajo de casi 10 años de dejar el manuscrito, volver a él, dejarlo… El germen de la novela coincidió más o menos con el principio de mi tiempo en Alemania, desde noviembre del 2012. Al poco, empezamos a cuestionarnos si volvíamos a España. En aquel momento tenía dos hijos pequeños. También mi padre había muerto hacía poco. Además, yo tenía un pasado como periodista en relaciones internacionales y aquí tenía que autoconstruirme. Entonces la novela nació del autocuestionamiento: quién soy realmente, reflexionar sobre mi vida, ¿soy eso porque lo recuerdo así?, ¿lo recuerdan los demás así o es al revés? Surgió de la reflexión de cómo esa memoria me hacía tener unas determinadas expectativas… ¿Qué recuerdo, cómo lo recuerdo? ¿Y si eso se pudiera modificar, qué modificaría? ¿Y si modificase eso seguiría siendo yo?

-Entonces se inventas un personaje, Lauro, el protagonista de “Memento” que puede borrar los recuerdos de las personas a voluntad.

-Me inventé a alguien al que le sobrevenía esta capacidad de poder borrar los recuerdos y entonces tenía que aprender a gestionarla. También el poder era una cuestión que me interesaba. El poder que puedes tener tú a la hora de influir en determinadas personas y cómo te cambia ese poder, tener esta especie de varita mágica con la que yo te toco y te convierto en lo que yo quiero. Pero al mismo tiempo este poder me está cambiando a mí.

-Lauro, a medida que va metiéndose en esa capacidad para reprogramar a las personas, también va extrañándose de sí mismo. Al menos fue lo que yo leí.

-Cada lector tiene su propio libro, ya no es el mío, pero su percepción es totalmente correcta, coincide con la mía. Él se va extrañando, va distanciándose y endureciéndose, digamos, porque también se va enamorando de su propio poder.

-Si le parece hablemos también de la memoria no sólo en el ámbito personal, también su importancia social. Vivimos abocados a las pantallas, a un scrolling mental continuo, cuando ya no te acuerdas qué hiciste en el momento anterior. ¿Deberíamos ejercitar más la memoria colectiva?

-A nivel individual la memoria es la única forma de mantener la cordura. Oliver Sacks decía que una mente sana se está continuamente contando su historia a sí misma. A nivel social sería igual, es la forma de aprender de los errores. ¿O vamos a ser todos adanistas? Desde el punto de vista más egoísta deberíamos tener memoria ya no para agradecer, que a lo mejor también, tener memoria para no cometer los mismos errores.

-Pero tengo la impresión de que, como sociedad, nos está pasando un poco como en su novela. Hay un Lauro que nos viene y nos borra las cosas, que estamos olvidando principios fundamentales, como usted decía al principio.

-Creo que, sobre todo, nos están quitando la capacidad de reflexionar y esto está también en el ensayo “En defensa de la imaginación”. No hablo de la imaginación para crear unicornios y princesas, hablo de la imaginación como capacidad de empatizar y de imaginarte en el papel de los demás. Entonces, yo creo que a través de este scrolling que usted mencionaba antes, en ese cambiar de pantalla contantemente -ahora me estoy comprando algo, ahora viendo como está mi ex novio en la playa, ahora viendo el próximo skincare- no hay una opción de reflexionar, de parar, de cerrar el libro y de pensar sobre lo que acabas de leer o cómo te ha impactado. Ya sé que esto suena un poco vintage. La capacidad de reflexionar, de parar y de pensar como tú quieras hacerlo, no hace falta que te sea mientras lees un libro. Creo que esto es lo que está faltando, la capacidad de hilar. ¿No tiene usted la sensación como periodista que a veces la gente está diciendo cosas que son absurdas, contradictorias con lo que acaba de decir hace 48 horas y que no pasa nada si no hay un periodista allí que le diga: oiga, es que usted ayer dijo blanco? Hoy dicen blanco y dicen mañana negro y no pasa nada.

-¿En qué está trabajando ahora?

-Una novela. Tiene que ver con la generosidad de los extraños. El tema que estoy tratando es la guerra de Ucrania. Aquí en Alemania, como sabe, se recibieron muchos refugiados ucranianos, un millón cien mil a lo largo del 2022. Estamos en 2026 y la mayoría de estas personas siguen aquí y se crean unas situaciones muy difíciles, con gente que piensa que va a regresar, pero ya son cuatro años y no acaba de volver. Sus hijos estén al colegio en las escuelas alemanas, pero por la tarde van a escuelas ucranianas. Es decir, se enquistan unas situaciones muy difíciles. Creo que a veces se nos olvidan estas guerras que parecen que ocurren lejos pero están ocurriendo debajo de tu casa, en colegio de tus hijos, en el centro de salud o en tu supermercado, y están ahí todos los días ahí. Me parecen situaciones sangrantes. Para escribir necesito temas que me toquen alguna fibra.

-¿Y algún ensayo?

-Voy anotando ideas para uno que siento palpitar de fondo-

-¿Qué tema?

-La incapacidad de volver. Cuando tú vuelves a sitios, te crees que vuelves pero no vuelves, porque los sitios no son los mismos o tú no eres el mismo. ¿Sabes cuándo tienes deseos de volver a ese pueblo o a esa playa, a ese sitio especial donde no has estado hace mucho tiempo, pero no puedes volver porque no está el sitio o tú ya no estás?

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