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La historia de Fernando Martínez García-Ordóñez, el arquitecto asturiano que reinventó Valencia

La capital levantina que hoy conocemos emergió de la trágica riada sucedida en 1957 de la mano del talento del salense

La obra más emblemática del arquitecto  García-Ordóñez:  la parroquia de  Nuestra Señora de Loreto, en Jávea.

La obra más emblemática del arquitecto García-Ordóñez: la parroquia de Nuestra Señora de Loreto, en Jávea. / LNE

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Alicia Vallina Vallina

Alicia Vallina Vallina

Mientras las imágenes del lodo y la devastación en las comarcas vecinas daban la vuelta al mundo, la ciudad de Valencia permanecía como una isla de asfalto seco en medio del desastre. Esta aparente inmunidad no fue fruto del azar ni de la geografía, sino del ingenio de una generación de arquitectos y urbanistas que, tras la tragedia de una riada anterior, decidieron que el río Turia nunca más dictaría el destino de la capital. Entre esos nombres destacó con luz propia el del arquitecto asturiano Fernando Martínez García-Ordóñez, cuya visión técnica en el desvío del cauce del río ha demostrado ser, décadas después, la infraestructura de salvamento más importante de la historia valenciana.

Sin embargo, el legado de García-Ordóñez no es una reliquia del pasado y los trabajos presentes y futuros de Valencia beben directamente de una premisa que definió desde siempre el asturiano: entender que el urbanismo del siglo XXI no debía luchar contra el agua, sino diseñar soluciones inteligentes para convivir con ella en un escenario de crisis climática.

A la derecha, de arriba abajo, dos de los edificios construidos por el arquitecto salense en Valencia y dos imágenes de distintas épocas del técnico, fallecido en 2015.

El arquitecto salense / .

En la historia urbana de Valencia hay un antes y un después claramente delimitado: la riada de 1957. Aquel desastre natural no solo arrasó barrios enteros, sino que obligó a repensar la ciudad desde sus cimientos. En ese momento crítico emergió la figura clave, discreta y decisiva de García-Ordóñez, el hombre que inventó la Valencia contemporánea.

Nacido en Salas en 1922, se formó en la Escuela de Arquitectura de Madrid, donde se tituló en 1955. Su paso por la capital fue determinante ya que allí entró en contacto con el urbanismo moderno y con figuras como Miguel Fisac, que tanto influyó en su concepción racionalista de la arquitectura.

Pero su perfil no fue el de un arquitecto convencional. Desde sus inicios mostró una vocación de diseñador de edificios, pero también de pensador y creador de ciudades. Esa visión global sería esencial cuando, en 1957, fue enviado a Valencia para redactar informes urbanísticos en un momento en que la ciudad estaba a punto de cambiar para siempre. El 14 de octubre de ese mismo año el río Turia se desbordó, dejando decenas de víctimas y una ciudad devastada. García-Ordóñez era un recién llegado que se encontró ante un desafío monumental: reconstruir y rediseñar una ciudad dañada y vulnerable. Así, junto al ingeniero Claudio Gómez Perretta, elaboró los primeros esquemas del llamado Plan Sur, una de las operaciones urbanísticas más ambiciosas del siglo XX en España. El plan consistía en desviar el Turia fuera de la ciudad, evitando futuras inundaciones, reorganizando las infraestructuras y convirtiendo a Valencia en una metrópoli moderna y descentralizada.

El arquitecto asturiano que reinventó Valencia

Edificio construido por el arquitecto salense en Valencia / .

Sin embargo, separar la ciudad de su río era, en cierto modo, renunciar a una parte de la historia para seguir existiendo, así que el asturiano terminó por apostar por una arquitectura funcional, limpia y racional, donde la forma respondía a la función siguiendo el lema “menos es más”, de su admirado Mies van der Rohe. Además, la urgencia de construir nuevas viviendas era inminente, pues cientos de personas se habían quedado sin hogar. García-Ordóñez comenzó entonces a realizar, como un auténtico pionero en España, viviendas prefabricadas y sistemas modulares que lograron levantar edificios económicos en un contexto de emergencia social evidente.

"La casa es una máquina de habitar", célebre frase del arquitecto Le Corbusier, fue adoptada por el asturiano con la idea de entender su trabajo de un modo abierto al futuro, más racional y más comprensivo con la vida moderna. Así que poco a poco García-Ordóñez empezó a transformar la ciudad.

Su obra inaugural, realizada en 1958, fue la Escuela-Jardín Guadalaviar, hoy uno de los colegios más reputados del centro de la ciudad y localizado en la avenida Blasco Ibáñez. El empleo de estructuras metálicas vistas, la organización en torno a patios que dejaban entrar la luz sin obstáculos y la integración de naturaleza y arquitectura supusieron el inicio de la modernidad en la ciudad valenciana. Además, tras la riada, García-Ordóñez comenzó a diseñar, en el barrio del Cabanyal, conjuntos de viviendas sociales para realojar a los afectados por la catástrofe (recibió una beca de investigación de la Fundación Juan March en 1966 para elaborar un sistema industrial de construcción de viviendas junto a los también arquitectos Juan María Dexeus, Julio Bellot y Manuel Herrero), claro ejemplo de construcciones rápidas y económicas.

El arquitecto asturiano que reinventó Valencia

Edificio construido por el arquitecto salense en Valencia / .

En 1960 fundó el estudio GO.DB Arquitectos Asociados, un innovador proyecto, creado junto a Juan María Dexeus, modelo de los grandes estudios profesionales contemporáneos y que llegó a contar con más de 200 profesionales, algo inédito en la España de aquel momento.

En Valencia, García-Ordóñez realizó, en esta primera época, los dos bloques de viviendas Cadahia (proyecto de 1962), en los que actuó como promotor privado, actividad empresarial que mantuvo hasta la disolución de GO.DB. La sede de este estudio, ubicada en El Puig y realizada en 1973, también fue obra del asturiano: un edificio de más de mil metros cuadrados en medio de campos de naranjos, con varios pabellones interconectados alrededor de una plaza y que, además, contaba con un taller experimental para desarrollar su línea de prefabricados. En Valencia, y siguiendo también estos modelos de módulos, aún siguen en pie ocho viviendas experimentales del polígono de Campanar que García Ordoñez realizó entre 1967-69 por encargo del Ministerio y la Obra Sindical del Hogar.

El chalé del ministro de Hacienda Mariano Navarro Rubio, junto al parador de Jávea y la iglesia de Nuestra Señora de Loreto de la población (conocida como parroquia del Mar) de 1967, símbolo de la arquitectura religiosa moderna española, son también algunas de sus construcciones más relevantes fuera de Valencia, además del parador de la ciudad de Salamanca.

Pero García-Ordóñez también fue pionero en la construcción de centros comerciales, para lo que se sirvió del análisis de modelos norteamericanos, creando el Nuevo Centro (1980-82). La ejecución y puesta en marcha del proyecto pasó por enormes dificultades y, a pesar de que resultó esencial en la transformación de los hábitos de consumo de la ciudad, terminó por llevar a la quiebra al estudio GO.DB.

El asturiano continuó trabajando en la realización de prefabricados, se presentó a concursos y emitió informes técnicos, y destacó en la construcción y diseño de los emblemáticos edificios valencianos de Bankisur en la calle Lauria, Les Gavines en El Saler, Gola Blanca en el Perellonet o el Lanas Aragón-Rumasa en la calle Colón.

Trabajador infatigable, exigente y riguroso, recibió el galardón de Mestre Valencià d’Arquitectura otorgado por el Colegio Oficial de Arquitectos de la Comunidad Valenciana y fue miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos en la Sección de Arquitectura desde 1976.

"La ciudad no cuenta su pasado, lo contiene", escribió Italo Calvino. Y ahí, en un lugar de ese pasado contenido se encuentra la figura de Fernando Martínez García-Ordóñez, el arquitecto de Salas que reconstruyó Valencia desde la racionalidad y desde la memoria, convirtiendo una ciudad herida en lugar habitable con futuro.

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