Así ve el debut de España en el Mundial el sportinguista volador: un ambiente espectacular
México, Estados Unidos y Canadá reciben la mayor fiesta del fútbol

El seleccionador de España Luis de la Fuente participa en un entrenamiento este domingo en Atlanta (Estados Unidos).
España inició en México la recta final de su preparación para el Mundial de 2026. Antes de aterrizar en Puebla, la selección había disputado un amistoso ante Irak en Riazor con muchos jugadores que no formarían parte de la lista definitiva para el Mundial y que habían reforzado al equipo durante la primera semana de concentración.
Aun así, el empate a uno dejó un sabor agridulce. Sin embargo, la llegada a tierras mexicanas suponía algo diferente. No era un partido más. Era la oportunidad de volver a ver a España jugar en México, algo que no ocurría desde hacía dieciséis años.
La última vez que la vi fue en el Estadio Azteca, apenas un mes después de que levantara la Copa del Mundo en Sudáfrica. Aquella tarde empató ante México 1-1 y tuve la fortuna de estar presente. Por eso, cuando se confirmó que España jugaría en Puebla, a poco más de dos horas de la Ciudad de México, no hubo ninguna duda: había que estar allí.
La jornada comenzó mucho antes del silbatazo inicial. Por la mañana recibí una invitación para asistir al Meet & Greet organizado por la selección española en su hotel de concentración. Fue una experiencia difícil de olvidar. Entre unas cuarenta o cincuenta personas tuvimos la oportunidad de convivir unos minutos con varios jugadores y conseguir firmas en una camiseta de la selección. Pude conocer a Álex Baena, Eric García, Álex Remiro, Marc Pubill y Cucurella. Un privilegio si se tiene en cuenta que, desde la llegada del equipo a Puebla, cientos de aficionados habían permanecido durante horas en el hotel con la esperanza de ver de lejos a alguno de sus ídolos.
Por la tarde llegó el momento más esperado. Con mi camisa, mi bandera de España y el escudo del Sporting siempre presente, me reuní con un grupo de unos veinticinco amigos, muchos de ellos asturianos y gallegos, con quienes habíamos organizado esta cita desde hacía semanas. Juntos pusimos rumbo al Estadio Cuauhtémoc.
El ambiente era espectacular. Casi cuarenta y seis mil espectadores acudieron a un estadio con capacidad para cincuenta mil personas. Y aunque se trataba de un partido amistoso ante Perú, el apoyo a España era abrumador. Había aficionados nacidos en España, descendientes de españoles y muchos mexicanos que simplemente querían ver en directo a una de las mejores selecciones del mundo, actual campeona de Europa y una de las grandes favoritas para conquistar el próximo Mundial.
Sobre el césped, España resolvió pronto el encuentro. Oyarzabal abrió el marcador muy pronto y Pedri amplió la ventaja antes del descanso. En la segunda mitad llegó el habitual carrusel de cambios y Yeremi Pino hizo el tercer tanto tras un error del guardameta peruano, que desvió el balón hacia su propia portería. Con el partido decidido, España bajó el ritmo, administró esfuerzos y evitó riesgos innecesarios de lesiones pensando en lo que está por venir. Perú tuvo algunas oportunidades para recortar diferencias y logró el gol del honor.
Pero más allá del resultado, la noche dejó algo más importante. Fue una auténtica fiesta española en México. Una oportunidad única para que la colonia española, y especialmente la asturiana, pudiera sentirse un poco más cerca de casa. No todos los días una selección como España cruza el Atlántico para jugar a unos kilómetros de donde uno vive.
Ahora la mirada ya está puesta en el Mundial. Se acercan los encuentros de Atlanta ante Cabo Verde y Arabia Saudí, pero también hay una fecha marcada en rojo para muchos aficionados en México: el duelo ante Uruguay en Guadalajara. Cuarenta años después, España volverá a jugar en la Perla Tapatía, un acontecimiento que ha despertado una enorme expectación.
La cuenta atrás ya ha comenzado. México, Estados Unidos y Canadá se preparan para recibir la mayor fiesta del fútbol. Y quienes tuvimos la fortuna de vivir esta noche en Puebla sentimos que, de alguna manera, el Mundial ya empezó. Al menos para nosotros, comenzó entre banderas rojigualdas, acentos asturianos y la ilusión de volver a ver a España tan cerca de casa.
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