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El "laberinto kafkiano" al que se enfrentan los asturianos de Cuba: años de espera para lograr un pasaporte español "salvavidas"

Una avalancha de cientos de miles solicitudes de la nacionalidad española presentadas por descendientes de emigrantes colapsa el consultado de La Habana, que además exige una tramitación muy difícil de afrontar para una población al borde del colapso, sin combustible siquiera para viajar a presentar los papeles

En la isla viven unas 18.000 personas nacidas en Asturias o descendientes de asturianos con nacionalidad española, una cifra que seguro se multiplicará cuando se integren en el censo los nuevos españoles de la "ley de nietos"

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Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

La “ley de nietos” se ha convertido en una pesadilla burocrática para los cubanos nacidos en familias de origen de español, entre los que hay muchos descendientes de emigrantes asturianos. La norma que permite acceder a la ciudadanía española a la tercera generación de emigrantes está muriendo de éxito. La avalancha de solicitudes recibidas supera las 350.000 peticiones (hay datos que elevan esta cifra a 600.000), lo que ha desbordado la capacidad del consulado de La Habana. Los tiempos de espera llegan a los tres años y la tramitación se hace casi imposible para una población que no puede desplazarse en un país roto, sin combustible. En una Cuba colapsada y al borde del desastre humanitario, un pasaporte español no sólo simboliza un acto de justicia histórica, también puede ser un “salvavidas” para poder salir de la isla de los apagones, de las basuras acumuladas en las calles, de los hospitales sin medicinas.

Dos niños acarrean piedras en un edificio en ruinas en el Malecón de La Habana.

Dos niños acarrean piedras en un edificio en ruinas en el Malecón de La Habana. / Ernesto Mastrascusa/Efe

La colonia asturiana en Cuba (nacidos en la región o descendientes que ya tienen nacionalidad) ronda las 18.000 personas. Esta cifra se disparará previsiblemente cuando se lleguen a tramitar todas las solicitudes de la Ley de Memoria Democrática (LMD), conocida popularmente como “ley de nietos” porque abre a la tercera generación de emigrantes el paso hacia el pasaporte español. El plazo de solicitudes se cerró en octubre pasado. En todo el mundo hay 1,3 millones de solicitudes tramitándose y una cantidad similar de citas pedidas que irán procesándose. En total, cuanto termine este proceso que durará años, el censo de españoles residentes en el extranjero (con derecho al voto) se incrementará en 2,6 millones de personas aproximadamente. La mayoría de las peticiones de nacionalización provienen de Argentina, pero, en segundo lugar, de Cuba. En la desesperada situación del país caribeño, un pasaporte español adquiere un valor especial. No solo sentimental: es la puerta a una nueva vida.

Tres meses haciendo cola

Pero el atasco que se está produciendo en el consulado español en La Habana es monumental. Fernando, nombre ficticio, cuya madre es descendiente de un emigrante asturiano de Puertas de Vidiago que emigró a Cuba en 1874 y se estableció en el centro de Cuba, en la bahía de Buenavista, es uno de los que se ha internado en la solicitud de la nacionalidad. Así cuenta (por WhatsApp) su peripecia, que es la de la mayoría de peticionarios: “Al salir la LMD comenzamos el engorroso proceso de empezar a hacer colas en los registros civiles cubanos y en la policía de mi localidad para comenzar los trámites. Tres meses estuvimos en cola para poder tener los papeles en la mano. Esto fue en febrero del 2023. Nos pasamos la familia entera un año para legalizar y arreglar todo. Terrible la experiencia, de más está decirlo”.

Enviaron toda la documentación el 22 de febrero del 2024 “y ahí entramos entonces en el sistema consular”. Las credenciales les llegaron un año y cinco días después. “Fuimos a cita el 12 de marzo del 2025 y todavía estamos esperando una respuesta. A fecha de hoy no nos ha llegado nada, no sabemos en qué etapa está el proceso. Porque ni la página actualizan. En este momento que escribo llevamos ya dos años y casi cuatro meses esperando en vilo. A esto se suma que mi mamá fue a su cita con dos hijos mayores de edad que, con estos tiempos demorados y caóticos de los procesos del consulado, serán ciudadanos después del 2030 por lo menos, con pronóstico optimista”.

Una madre y sus dos hijos caminando por La Habana delante de un mural con los líderes de la revolución cubana.

Una madre y sus dos hijos caminando por La Habana delante de un mural con los líderes de la revolución cubana. / Ernesto Mastrascusa/Efe

"Yo quisiera ir a Asturias"

Mario, otro descendiente de asturianos, tiene la nacionalidad española desde diciembre. También cuenta su experiencia a LA NUEVA ESPAÑA: “Estuve casi tres años de trámites. Solo en darme la cita tardaron un año y cuatro meses”. “Yo quisiera ir a Asturias para reincorporarme a la comunidad con mi familia. Ahora estoy en el proceso de hacer el visado de residencia para ellos: un joven de 20 años, que ya es carpintero, y una niña de 15 años, que está estudiando, además de mi esposa que es profesora universitaria de enfermería y enfermera también. Llevamos casi de tres años y todavía no terminado ahora trámite de visados de residencia para poder ir por Asturias, de donde es la familia”.

Volver a la tierra de los abuelos

La abogada cubana Estela Marina Pérez Cabrera, nacionalizada española, es la presidenta y fundadora de ADEM, la Asociación de Descendientes de Españoles en el Mundo. Es una de las voces que ha denunciado en España las consecuencias de este colapso que se está produciendo con la “ley de nietos”. “Para un descendiente de español en Cuba (tener el pasaporte español) es mucho más importante el sentimiento de volver a la tierra de sus abuelos, de conocer la casa de su bisabuelo. Pero, independientemente, tiene la posibilidad real de poder hacer un proyecto de vida nuevo en un país como España. Por lo menos con un empleo digno, vivir dignamente, tener agua, electricidad, vale, entonces estamos hablando de detalles básicos de la vida. Volver a la tierra de los ancestros es lo que realmente tira a los descendientes españoles, independientemente de que el pasaporte español pueda ser su salvavidas y el de su familia. Porque ya en su país no pueden vivir”.

Un laberinto kafkiano

Pérez Cabrera lamenta que una ley que nació “con palabras como reparación, justicia histórica y memoria democrática” se haya convertido en un “laberinto kafkiano de esperas eternas”. Si en cualquier otro país que no estuviera mirando al abismo, como Cuba, estas esperas desesperarían a cualquiera, en la isla que tantos emigrantes asturianos acogió hacer cualquier trámite se ha convertido en una proeza. “Lo primero es que tenemos que ser conscientes de que Cuba es un país surrealista. En primer lugar, hay una situación energética crítica. Están bloqueados. En las provincias, las personas no pueden entrar ni salir a no ser con una autorización del Gobierno. Y esto, por supuesto, retrasa toda la situación. Ya no es el propio retraso burocrático del Consulado, sino además la propia situación dentro del país. Las legalizaciones, la obtención de los documentos, el problema del transporte… Hay personas que han sacado cita después de un año y medio de espera a que lleguen sus credenciales y están pagando 600 dólares en un coche alquilado para ir de Sancti Espíritus, que está en mitad de la isla, hasta el consulado en La Habana. Les cuesta más el coche que un billete de avión. Es un sistema obsoleto el del Consulado. ¿Cómo puede ser posible que una persona tenga que esperar un año y medio a que le den un código para que pueda sacar la cita? Y que cuando se va por fin al Consulado y presenta su expediente, tienen que esperar dos años a que lo aprueben, año y medio a que lo inscriban y, después, año y medio a que le den su pasaporte”.

Los que mueren esperando

Hay otro aspecto en el que incide Pérez Cabrera. Es lo que denomina “la tragedia de los mayores”, en alusión a los solicitantes de elevada edad “que mueren esperando”: “La LMD es ‘la ley de los nietos’. Pero muchos de esos nietos tienen ya sesenta, setenta, incluso ochenta años. Son personas que solicitaron sus credenciales con toda la ilusión del mundo, que reunieron documentos durante meses, que invirtieron sus últimos ahorros en traducciones y certificaciones. Y que ahora esperan una cita que puede tardar años. El tiempo, con los ancianos, no perdona”, indica Estela Pérez Cabrera, quien añade que “cuando un solicitante mayor de edad fallece antes de presentar su expediente, toda su familia queda desprotegida. Sus hijos adultos, que habrían podido tramitar la nacionalidad al amparo del progenitor, quedan excluidos. La cita muere con el titular. La esperanza muerte con él”. Y añade: “Son familias que llevan años aguantando la crisis cubana convencidas de que tienen un horizonte. Personas que rechazaron otras opciones porque confiaban en esta vía”.

"Un negocio para los generales"

La Asociación de Descendientes Españoles en el mundo también critica un aspecto derivado del atasco ocasionado por la ley de nietos. “La historia más vergonzosa de esta ley no ocurrió en Madrid ni en un despacho ministerial”, aseguran ADEM en un comunicado. Se refieren al contrato de 1,1 millones de euros firmado por el Gobierno español con el grupo empresarial Palco, del gobierno cubano, para contratar a personal que ayudase a deshacer el atasco. ADEM apunta que esta compañía cubana ”era la única empresa autorizada por el régimen para realizar ese trabajo. España no podía elegir a sus propios empleados. Tenía que aceptar a quienes el régimen le asignara, y pagarle a la cúpula militar por el privilegio. ADEM denuncia que estos 87 auxiliares “cobran salarios de miseria como manda el sistema cubano y el diferencial se lo queda” el grupo empresarial vinculado al Gobierno. “Un negocio redondo para los generales. Una traición silenciosa para los descendientes que esperan”.

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