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Un reencuentro en Burgos de americanistas con homenaje al fundador de la "Madre de ciudades"

El XIII Simposio Internacional de la Asociación Española de Americanistas (AEA) tendrá lugar del 24 al 26 de Junio, en Espinosa de los Monteros (Burgos)

Juan de Salazar de Espinosa

Juan de Salazar de Espinosa / wikipedia

La historia no es un depósito estático de cenizas, sino un fuego vivo que continúa proyectando su luz sobre el tablero geopolítico actual. Del 24 al 26 de junio de 2026, la monumental villa burgalesa de Espinosa de los Monteros dejará de ser únicamente el custodio de algunas de las tradiciones institucionales más antiguas de Europa para convertirse en el epicentro global del pensamiento transatlántico. El XIII Simposio Internacional de la Asociación Española de Americanistas (AEA) congregará a más de un centenar de investigadores y profesores universitarios bajo un lema que es, en sí mismo, una declaración de principios: «Merindades, Burgos, América: Personas, ideas, realizaciones».

Reseñar a los lectores que el término «merindades» proviene de la figura del merino, un oficial del rey en la Corona de Castilla y el Reino de Navarra medieval. Una merindad era la demarcación geográfico-administrativa gobernada por este, encargada de administrar justicia y recaudar tributo.

Este encuentro trasciende la mera catalogación académica. En un momento complejo, donde las relaciones institucionales y comerciales entre la Unión Europea y el bloque del Mercosur buscan puntos de anclaje sólidos y de mutuo beneficio, la cultura y la memoria compartida emergen como la infraestructura más resistente. No estamos ante un frío debate de cuotas; estamos ante la constatación de que la cuenca del Plata y el norte peninsular están unidos por un cordón umbilical inquebrantable. La envergadura del simposio —coorganizado por la Universidad del País Vasco, la Universidad de Burgos y el Comité Paraguayo de Ciencias Históricas— demuestra que el americanismo sigue siendo un puente de doble dirección.

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Con una estructura imponente de 106 ponencias distribuidas en 18 mesas temáticas, el simposio romperá fronteras tradicionales al reunir a especialistas no solo de España y América (como Argentina, Uruguay, Colombia o México), sino también de Europa y África, incluyendo delegaciones de Suiza, Alemania, Grecia, Marruecos y Trinidad y Tobago. Desde el análisis de las sociedades indígenas y el comercio atlántico, hasta las dinámicas de poder postindependentistas y los movimientos migratorios, el evento se consolida como el foro bienal de referencia para tomar el pulso a la realidad histórica y social del continente americano.

Sin embargo, el gran catalizador político y afectivo de esta cita es la reivindicación de un hijo ilustre de la villa: Juan de Salazar de Espinosa (1508-1560). Para el lector contemporáneo, su nombre debe resonar con la fuerza de los grandes constructores de civilización. Fue él quien fundó en 1537 el fuerte de Nuestra Señora Santa María de la Asunción, la «Madre de Ciudades», corazón de la actual República del Paraguay. Es de una enorme justicia poética, y de una sutil astucia diplomática, que la inauguración oficial en la Plaza Sancho García cuente con la lección magistral del historiador paraguayo Herib Caballero Campos, bajo el auspicio de la Embajada de Paraguay en España y la Diputación Provincial de Burgos. Que un académico paraguayo explique en suelo burgalés la trascendencia de Salazar es la prueba de que la historia de la Iberofonía se escribe hoy de forma horizontal y compartida.

Observamos este simposio con un profundo optimismo pragmático. Los bloques económicos no se sostienen únicamente sobre firmas jurídicas; se nutren de la confianza mutua, del reconocimiento del otro y de la certeza de poseer un código de valores y una lengua que nos otorga una ventaja competitiva en el escenario global. Al abrir las puertas del Edificio de Usos Múltiples La Castellana de forma gratuita a toda la sociedad civil, los organizadores nos recuerdan que la globalización no empezó en Bruselas. Empezó hace cinco siglos, cuando hombres de las Merindades miraron al océano y decidieron construir puentes que hoy, en pleno siglo XXI, seguimos transitando con orgullo y visión de futuro.

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