Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

"Un constructor de confianza": la semblanza del empresario Pepín Corripio pronunciada por Tony Raful, embajador de República Dominicana en España

"Desde muy joven, Pepín aprendió que el éxito no es un golpe de suerte, sino una suma paciente de disciplina, visión, prudencia, esfuerzo y confianza"

Tony Raful, durante su intervención en la entrega del premio "Álvarez Margaride" a Pepín Corripio.

Tony Raful, durante su intervención en la entrega del premio "Álvarez Margaride" a Pepín Corripio. / Ángel González / LNE

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Tony Raful

Tony Raful, embajador de República Dominicana en España, glosó este viernes en Gijón la figura del empresario asturdominicano José Luis, "Pepín", Corripio, que recibió el XV premio "Álvarez Margaride" a la trayectoria empresarial. Raful explicó la gran contribución a su país de un asturiano nacido en 1934 en Arroes (Villaviciosa) que ha conseguido levantar un auténtico emporio empresarial con 14.000 empleados en la República Dominicana; un grupo de compañías presente en todos los sectores de la economía dominicana. A continuación, se reproduce íntegramente el discurso de Tony Raful, pronunciado en la entrega del galardón en el Real Club Astur de Regatas de Gijón.

Comparezco esta noche con emoción y gratitud para decir unas palabras sobre un hombre cuya vida no cabe fácilmente en una semblanza, porque su existencia es, al mismo tiempo, biografía, historia familiar, epopeya migratoria, aventura empresarial y testimonio de amor a dos patrias.

Nos reúne en este Real Club de Regatas de Gijón la decimoquinta edición del Premio Álvarez Margaride a la Trayectoria Empresarial, que en este año 2026 distingue a don José Luis Corripio Estrada, Pepín, asturiano de nacimiento, dominicano por destino y ciudadano ejemplar de esa comunidad espiritual que une a España con la República Dominicana a través de la memoria, el trabajo, la palabra dada y la gratitud.

Pepín Corripio nació el 12 de marzo de 1934 en Arroes, en el concejo de Villaviciosa, en esa Asturias profunda y marinera donde la tierra enseña sobriedad, el paisaje enseña carácter y la familia enseña permanencia. Hijo de Manuel Corripio García y de Sara Estrada, ambos asturianos, vino al mundo en una época marcada por dificultades, incertidumbres y grandes desplazamientos humanos.

Cuando apenas tenía cuatro años, cruzó el Atlántico junto a su madre para reunirse en Santo Domingo con su padre, quien se había adelantado a la República Dominicana en los años duros de la Guerra Civil española. Aquel niño que dejaba atrás Arroes no podía saber que su viaje sería mucho más que una emigración familiar. Era el comienzo de una vida llamada a convertirse en símbolo.

La República Dominicana recibió entonces a una familia asturiana laboriosa, discreta, tenaz. Y esa familia, como tantas familias españolas que llegaron a nuestra tierra con esperanza y con voluntad de trabajar, encontró en Santo Domingo un lugar donde rehacer la vida, sembrar futuro y servir a la sociedad que la acogía.

Desde muy joven, Pepín aprendió que el éxito no es un golpe de suerte, sino una suma paciente de disciplina, visión, prudencia, esfuerzo y confianza. Se formó en el Colegio Dominicano de La Salle, donde ya mostró una temprana inclinación por la comunicación y el periodismo. Allí dirigió el periódico estudiantil, como si desde entonces la palabra impresa, la opinión pública y la libertad de expresión fueran a ocupar un lugar decisivo en su destino.

Integrado luego en los negocios iniciados por su padre, Pepín Corripio asumió con lucidez el reto de expandir, diversificar y modernizar aquella obra familiar. Lo que comenzó como una empresa levantada con sacrificio se convirtió, con el paso del tiempo, en uno de los grupos empresariales más relevantes de la República Dominicana.

El Grupo Corripio es hoy por hoy una referencia en la vida económica dominicana. Su presencia en sectores industriales, comerciales, de distribución, de medios de comunicación y de servicios ha contribuido al dinamismo productivo del país, a la creación de miles de empleos y a la consolidación de una cultura empresarial fundada en la seriedad, la perseverancia y el compromiso nacional.

Pepín Corripio no ha sido únicamente un empresario exitoso. Ha sido también un constructor de confianza. En sociedades como las nuestras, donde el desarrollo económico necesita instituciones fuertes, diálogo y estabilidad, hay figuras que trascienden el perímetro de sus empresas. Pepín Corripio es una de ellas.

A lo largo de décadas, su palabra ha sido escuchada con respeto por sectores diversos de la comunidad productiva. El mandamiento estatuido en el itinerario del tiempo histórico cifra en el trabajo creador el norte de los grandes saltos sociales, le otorga sentido y legado a la continuidad social y humana de los pueblos.

No hay en toda su productiva vida de empresario una sola actividad social, laboral, deportiva o cultural, que don Pepín, no haya impulsado, que no haya contribuido a su sostenimiento catalizador. Por ejemplo, nuestros canales de expresión sustentados en la libertad de la palabra y el respeto a los cánones de una comunidad en ejercicio pleno de valores medulares han tenido en él, a un garante diáfano, a un visionario de las fuerzas productivas, a un prototipo por excelencia como inversor que fomenta en el área económica el impulso de iniciativas fructíferas junto a la comunidad.

En un mundo aparentemente colapsado por conflictos insolubles, acogotado por intereses bastardos, predomina la necesidad de prevalecer reivindicando el amor al trabajo productivo, de cara a ese universo reproductor, a ese mandato instituido por el Creador de los cielos y la tierra, de trabajar, de adquirir con el sudor de la frente y la disponibilidad social, las riquezas y bienestar.

El Acto Premio Álvarez Margaride 2026 que hoy se le otorga a la trayectoria empresarial de Don José Luis Corripio Estrada, es un honor altísimo y sublime de reconocimiento a un prototipo de empresario, que nos honra porque la estima gratificada por el decoro, por la pasión al trabajo fructífero, y por el amor sublime al Creador de los cielos y la tierra, nos compromete a todos y a todas a pautar nuestras vidas alrededor de valores para los cuales la creación de riquezas es una fuente inagotable de progreso, de modernidad y de compromiso con los demás.

En nombre de la República Dominicana y del presidente Luis Abinader, gracias del alma a don Pepín por su inmenso legado. Honrar honra, vivir como él es optar por el desarrollo humano, social y económico desde una perspectiva coronada por el trabajo como herramienta y de las virtudes de la solidaridad y las riquezas sociales para todos.

Tracking Pixel Contents