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Manuel Corripio, vicepresidente de un grupo empresarial con 14.000 empleados: “Nosotros tenemos orgullo de venir de la pobreza, es un recordatorio: así se valora y se agradece lo que tienes”

El vicepresidente del Grupo Corripio de República Dominicana, fundado por su padre, el emigrante villaviciosino Pepín Corripio, de 92 años, considera que las claves de su cultura familiar y empresarial son "el trabajo y el compromiso" para generar "más valor y más empleo" en el país que los acoge

Manuel Corripio en la casa familiar de Villaviciosa.

Manuel Corripio en la casa familiar de Villaviciosa.

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Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

Manuel Corripio Alonso es vicepresidente ejecutivo del Grupo Corripio, el conglomerado empresarial con 14.000 empleados creado en la República Dominicana por José Luis “Pepín” Corripio. Es el primogénito de este emigrante villaviciosino de Arroes nacido en 1934, que recibió el viernes en Gijón el premio “Álvarez-Margaride” a la trayectoria empresarial. Manuel Corripio recogió y agradeció el galardón en nombre de su padre. Como él, se muestra tan interesado en los negocios como en las humanidades. Un detalle: le preocupa, casi parece que le hiere, la falta de corrección ortográfica total que encuentra en muchos mensajes escritos en las redes sociales. Dicen que es un lector aplicado.

-¿Qué significa ser un Corripio? ¿Es decir, qué cultura familiar-empresarial comparten ustedes?

-Cada familia tiene sus particularidades. Nuestro signo más distintivo, diría yo, y es el de muchas familias asturianas y no asturianas que están en República Dominicana, es el trabajo y el compromiso. El trabajo como una forma de generar valor. Y un compromiso familiar, personal y de país. Entender que ya hay aspectos más grandes que tú mismo a los que te debes. La empresa tiene el principio de generar valor. No lo vemos solamente como valor económico, de rentabilidad y dinero. Generamos valor y sabemos que así podemos seguir invirtiendo de forma indefinida. Ese ha sido el modo operativo de la familia desde que se fundó. La familia ha priorizado siempre la inversión sobre el dividendo, el dejar dinero dentro de la empresa para que las empresas sigan creciendo. Con ese proceso de inversión generamos más empleo cada vez de más calidad, invertimos en el desarrollo de las personas. Y, por extraño que esto suene, creemos que somos capaces de contribuir más a la nación con más pago de impuestos. Somos de los que creemos que el Estado hace mejor, de forma colectiva, lo que las empresas pueden hacer de forma privada. Las empresas privadas no pueden gestionar la educación, la salud, la seguridad, la justicia… Eso, quien lo hace bien, es el Gobierno. Va en el mejor interés de los Gobiernos que el empresario genere valor y que contribuya con la proporción que le corresponde con los impuestos.

-Habla también de su compromiso con la República Dominicana.

-Sí. Ese proceso de inversión pudiera verse de distintas maneras, pero nosotros decidimos que sea en República Dominicana. Por múltiples motivos. Primero, ahí vivimos. En segundo lugar, el desarrollo de la República Dominicana nos ha permitido desarrollar rentas sobre lo invertido, así que es razonable que invirtamos ahí. República Dominicana es un país estupendo. Es el valor importante que nosotros tenemos: que lo generado se ha invertido en República Dominicana. Este año cumplimos 90 años ya de empresa ininterrumpida en la República Dominicana.

-¿Cómo ha marcado a la familia la aventura migratoria de sus antepasados?

-El tío Ramón se va de 17 años a República Dominicana y se lleva a mi abuelo Manuel con 13 años. Por lo tanto, la disposición a inmigrar te dice que hay algo en ese carácter dispuesto a asumir riesgos. Le cuento rápidamente la historia. En 1921 trabajan como empleados. El tío Ramón, que era el líder entonces, pone el negocio y se lleva a mi abuelo. En 1929, viven la crisis de la depresión mundial y en 1930 viene un ciclón, San Zenón, que destruye completamente la ciudad. La familia perdió su negocio y regresa a España, pone su negocio en España. Mi abuelo se casa en 1932. En 1934 nace hace papá. Luego estalla la Guerra Civil y regresan a Santo Domingo. Entonces dese cuenta que ahí hay un hombre muy joven, una personalidad muy particular, que a los 13 años sale de España, primer riesgo asumido, y luego quiebra. Pero eso no lo desestimula para nada. Regresa a España y empieza otra vez. En la Guerra Civil pierde el pequeño negocio que estaba poniendo. Y otra vez vuelve a Dominicana. Emigra, fracasa, vuelve a España, vuelve a emigar a República Dominicana, triunfa. En esa personalidad del emigrante, en ese joven, había una forma particular de ver la vida y una determinación.

-¿Y a ustedes qué les toca de esa historia?

-Nosotros somos herederos de esos rasgos. Pero no como obligación. Porque todos nosotros tenemos el derecho de continuar en la empresa, pero no el deber. Mi papá no tuvo esa opción, tenía la obligación, era hijo único. Nosotros lo hicimos por opción y a la generación siguiente le decimos que tienen el derecho de participar si así lo quisieran, pero no el deber. Y aún sin el deber, la mayoría se incorporó al negocio. Es una señal clara de que todos hemos asumido eso. Por tanto, espero que en una parte importante de nuestro ADN sobreviva esa historia que le comenté del abuelo.

-Su padre levantó un emporio. Pero usted nació ya en una familia acomodada, como hijo de Pepín Corripio. Con un estatus. ¿Se puede perder el norte?

-El norte siempre se puede perder. Pero ahí funciona ese sentido de compromiso del que hablamos. En primer lugar, un compromiso contigo mismo. Sientes que la vida te ha otorgado dones importantes: pertenecer a esta familia. Nosotros empezamos muy temprano en el negocio, sobre todo mi hermano y yo. Y los dos nos sentimos parte de ese desarrollo, nosotros contribuimos. Entonces, todos nos vemos con una temporalidad, como custodios, gestores de un patrimonio que recibimos de unos antecesores y que debemos pasar, más robustecido, a unos sucesores. Nosotros nunca hemos desarrollado un síndrome de impostor, cuando te preguntas: ¿esto que tengo yo, me lo gané o me lo regalaron? Como empezamos todos desde edad muy temprana, no tenemos ese dilema. Ni queremos que nadie en la generación siguiente lo tenga, que pueda decir que le tocó por azar o genética. Todos sentimos que contribuimos a la construcción y nos sentimos parte de este proceso. Básicamente, eso nos aparta de desnortarnos. Y, además, estamos demasiado insertados en la economía, tenemos una responsabilidad con el país. La República Dominicana acogió a nuestro abuelo y a nuestro padre, le dio la oportunidad de desarrollarse. Nosotros tenemos que devolverlo invirtiendo, generando empleo y que ese empleo sea cada vez mejor remunerado. Sentimos una responsabilidad con los 14.000 empleados que forman nuestro grupo. Y orgullo, nos sentimos muy orgullosos de todos ellos. Todos son parte de ese desarrollo.

-Su padre tiene una personalidad muy marcada, casi la de un pensador filosófico. ¿Cómo se lleva ser hijo de Pepín Corripio? ¿Es un lastre?

-Yo diría que papá trascendió a la categoría de sabio. Papá pasó de ser conocido, a ser reconocido, a ser respetado. Y ahora transita una fase que es la de ser consultado y ser querido, lo máximo a lo que puede aspirar una persona. Las personas de verdad quieren a papá. En segundo lugar, si bien papá es una persona extremadamente culta, pero tiene una capacidad de aterrizar los temas prácticos. Explica desde el sentido vivencial, anecdótico. Ha tenido una vida reflexionada. Como decían los filósofos, una vida bien vivida es una vida reflexionada. Papá reflexionó sobre su vida. Él ordena todas sus vivencias en un cuerpo dogmático y te lo sabe encapsular y explicar de forma amena. Eso es lo que lo hace tan popular y tan requerido para dar charlas y exposiciones. Porque lo que hizo, lo pensó y lo complementó con vivencias reales, no con teoría. Eso lo ha hecho una figura grande de República Dominicana.

-¿Y cómo se lleva eso siendo su hijo?

-Desde una doble vía. Una es que te aplaste y otra es que lo agradezcas y busques tu propio camino. Pasas por distintas etapas. Al principio lo ves inconmensurablemente grande y posiblemente inalcanzable. Posteriormente, pasas a un proceso de agradecimiento por haber nacido en ese ambiente y que haya hecho cosas de las cuales nosotros, nuestra generación, vamos a ser beneficiarios. En tercer lugar, es curioso, habiendo recibido todas esas vivencias y ese beneficio de inventario cognitivo, tú encuentras tu propio estilo, tu propia forma, tu propio paso. Tenemos que tomar las cosas buenas de él y, conservando sus valores, actuar sobre ellos. Pretender ser papá me parece un error. Papá es él, nosotros somos nosotros. Si eres una copia de una persona, es posible que vayas a ser una copia degradada, descafeinada, de esa persona. Tú puedes tener alguna oportunidad para ser exitoso siendo un buen original de ti mismo. Sin embargo, hay un tema importante ahí… que es un mérito de papá.

-¿Cuál?

-Papá es grande, un gran hombre. Y él se sabe como tal, pero con humildad. Papá nunca trató de imponer su forma. Cada cual encuentra la grandeza a su manera. Él nos dio ese espacio. Papá y yo nunca discutimos un qué o por qué lo hacemos algo. Lo único en que hemos podido tener diferencias sutiles es sobre el cómo hacemos algo. Él tiene su entorno, su personalidad y mis hermanos y yo tenemos nuestro entorno y personalidad.

-Y su madre, ¿qué papel juega en la familia?

-Un rol extraordinario, de aglutinamiento de la familia. Hay un acrónimo inglés, el CEO o el Chief Executive Officer. Hará unos 15 años, mi papá y yo participamos en Argentina en un panel de la asociación de empresas familiares de Latinoamérica. Allí dije: nosotros tenemos un CEO, el Chief Executive Officer y una CEO, una Chief Emotional Officer, la persona que emocionalmente nos controla a todos. Mi mamá jugó ese rol y fue determinante en todo este proceso. Porque nosotros somos empresarios, ese fue el camino que escogimos, pero antes que empresarios somos personas. Y ella mantiene la familia como un todo unido, armónico, conformado, y hace que funcione para todos.

-¿Cuál es el futuro de Grupo Corripio?

-Lo veo con mucho optimismo, aunque con retos. Tenemos algo que yo asumo como ventaja, algo que es labor de todas las personas que hemos pasado por aquí. Y es la conformación de un capital. Hoy en día el capital es fácil de obtener, la sociedad provee mucha liquidez para buenas ideas, pero aún así la construcción de un capital no se puede minimizar. Es importante porque te permite seguir creciendo con relativa tranquilidad sin incurrir en deudas.

-Más fortalezas…

-Tampoco se puede subestimar la experiencia. Nosotros hemos vivido distintos fenómenos históricos, ciclos económicos distintos. Tercero, todas las generaciones de la familia tienen un compromiso importante de participar, eso tenemos bien ordenado y documentado. Incorporamos desde muy jóvenes a aquellos que deseen desarrollar el Grupo. Afortunadamente son muchos. Esos son los aspectos positivos. Luego vemos retos.

-¿Cuáles?

-La tecnología supone un reto importante. Creo que ni los mismos desarrolladores y gestores de la tecnología tienen una idea clara de hacia dónde nos estamos dirigiendo. Todos esperamos que sea para bien. La tecnología va a tener un valor, aunque puede que pase por unos procesos de reconfiguración de orden económico y social. El trabajo va a seguir debiendo su valor, es un reto importante. El segundo reto es una definición sobre si el grupo debería o no internacionalizarse. De hecho, estamos internacionalizados. Lo que ocurre es que los procesos de inversiones fuera República Dominicana son de un dígito alto dentro de lo que es el grupo y la pregunta es: ¿qué tanto más puede ser eso? También habrá que decidir si la generación siguiente van a querer ser operadores o inversores. Nosotros queremos que sea un grupo operador.

-Como empresario de medios de comunicación, ¿cómo ve su futuro en el contexto de la digitalización?

-Nosotros tenemos medios de comunicación tradicionales, que eran inversiones grandes, comunicación de una sola vía. La digitalización hizo que las barreras de entrada para la comunicación se destruyeran. Cualquier persona puede construir un medio y hemos visto cómo personas en todo el mundo, con poca inversión, construyen un medio de comunicación con incidencia. ¿Qué ventaja vemos nosotros? Nosotros hemos construido una credibilidad. Primero, la información va a ser requerida. Cuando te levantas por la mañana, tú necesitas encender tu brújula. Esa brújula se enciende en la forma de leer la prensa, de ver lo que está pasando. La necesidad del producto va a estar ahí. La persona va a tener siempre requerimiento de información y esa necesidad la cubrimos nosotros. El segundo elemento de requerir información es que tiene que ser confiable. Creemos que suplimos eso.

-¿Cómo?

-Nosotros nos debemos a un nombre, a una marca, a cada una de las cuatro marcas de periódico, de los tres canales de televisión, de las radios. Nosotros queremos que tengan valor. Por eso tenemos que ser respetuosos con lo que decimos. Cuando digo respetuoso quiero decir que nadie nos pueda desmentir, decir que nos equivocamos. Cada uno de nuestros cuatro periódicos se maneja con total independencia. Como dice papá, parecen de dueños diferentes porque cada uno tiene su estilo y su forma de gestionar la información. Salvo que todas se deben, en primer lugar, a la verdad. No nos preocupa la premura de una primicia. Queremos darla, pero lo importante es curar bien la noticia, contrastar fuentes para que cuando salgamos, se haga correcto. La prisa no es nuestro principal reto. La verdad es nuestro principal reto. Junto con la necesidad de información, que nosotros seamos marcas creíbles, creemos que eso hará que nos conservaremos ahí. Sabemos que el modelo económico no va a tener los niveles de rentabilidad, ni de lejos, que tuvieron en los 80, 90 y el primer decenio de este siglo. No lo va a volver a tener y lo asumimos. Sabemos que eso va a ser así, ya no le pedimos rentabilidad. Entendemos con más profundidad el valor social de esa industria y no le pedimos rentabilidad. Esencialmente es lo que decía Jefferson sobre la importancia de la Prensa en la sociedad. Entre Gobierno sin Prensa o Prensa sin Gobierno, escogía lo segundo. Papá tiene el compromiso de que no vamos a cerrar ningún medio. Ese compromiso lo asumimos nosotros. Se lo debemos al país y nos lo debemos a nosotros mismos. Pero es posible que tengamos que llevarlos de formas diferentes de cómo se ha llevado ahora. Lo digital es, de lejos, lo más importante.

-Habla del compromiso con la verdad. Eso hoy parece un concepto en extinción…

-Parecería, parecería. Insisto, la prisa por una primicia no es lo que nos mueve. Nos mueve el respeto por el lector. Hablo de lo que vemos en algunos medios digitales: ese discurso vulgar, agresivo, denostador, como forma de buscar el like y el view… Eso no nos mueve. Podemos decir que, en ese aspecto, tenemos otros ritmos. Sabemos que no podemos resistirnos a esa nueva realidad, pero siempre apegados a estos valores: respetar la credibilidad y el nombre que se ha construido. Una de nuestras marcas, el Listín Diario, que no siempre fue nuestra, va a cumplir 137 años. Nosotros somos continuadores de las personas que lo fundaron y nos daría mucha vergüenza no ser respetuosos con lo que le dio valor para llegar a esos 137 años de vida.

-¿Cómo es hacer negocios en este mundo loco de desorden internacional?

-La situación es preocupante. Pero si la historia nos sirve de algo es para ver que siempre se han pasado por ciclos de reconfiguración. Imagino que las personas que vivieron entre 1939 y 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, pensaban que el mundo se acababa y de ahí salió la expansión importante de la democracia y una prosperidad económica producto de los “baby boomers”. Siento que al final la humanidad avanza siempre en la dirección del progreso. Pero la realidad es una, es más poderosa que nosotros mismos. Si nos concentramos solamente en la queja, en confundir la realidad con el deseo, lo que yo quiero, acabas por frustrarte. Por eso, asúmelo, actúa sobre esa realidad. Hay actuaciones se presentan grandísimas oportunidades. El empresario tiene que contribuir con lo que sabe hacer bien, que es generar valor.

-Su padre cuenta que siempre ha llevado a sus hijos y nietos a la casa familiar de origen en Cabranes para que vean de dónde vienen.

-Sí, es un peregrinaje que hacemos. Yo he llevado a mis nietos. Los llevamos a Valbuena, donde está la casa de mis bisabuelos paternos, por el lado del abuelo Manuel. Eso es una cosa curiosa. Hay familias que tienen vergüenza de venir de la pobreza y nosotros tenemos orgullo de venir de la pobreza. Eso es un recordatorio. Es importante llevar a los muchachos y decir: eso que ustedes ven allá, en República Dominicana, salió de aquí. A mis hijos y a mis nietos, que pronto tendré el octavo, los llevo también al pequeño negocio donde todo empezó, en la parte vieja de la ciudad, en Santo Domingo. Hoy tenemos oficinas grandes, muy cómodas, pero yo los llevo allá y les enseño un salón que era la mitad de éste donde estamos conversando y les digo: aquí había cinco escritorios y tu abuelo, mi papá, se sentaba ahí, y yo me sentaba en este escritorio. Porque la generación siguiente ve estas oficinas grandes, pujantes, con catorce mil empleados, y como nacieron en eso pueden pensar que siempre fue así. No siempre fue así. Y es posible que al futuro tampoco pueda ser así. Eso requiere un esfuerzo de día a día. Recordar que se viene de ahí tiene un valor alto. Primero porque se agradece y se valora el esfuerzo. Y yo diría también que se genera un poquito de temor: si no lo hacemos bien podemos volver ahí. Aunque creamos que es imposible, nada es imposible. Hay que mantenerlo.

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