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El ocaso de una era en Cuba: muere Ramiro Valdés, descendiente de asturianos que fundó el aparato de inteligencia cubano y asesor del chavismo

El histórico dirigente, uno de los comandantes de la Revolución, deja tras de sí un legado marcado por su papel en la seguridad del Estado y su influencia más allá de la isla.

Ramiro Valdés Menéndez.

Ramiro Valdés Menéndez. / Lne

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María José Iglesias

María José Iglesias

Ramiro Valdés Menéndez, uno de los últimos supervivientes del núcleo fundador de la Revolución cubana y una de las figuras más temidas y controvertidas del régimen instaurado por Fidel Castro en 1959, ha fallecido en La Habana a los 94 años, tras meses de rumores sobre su estado de salud. Para unos fue un héroe revolucionario; para otros, el símbolo más visible de la crueldad del aparato represivo cubano. En cualquier caso, su muerte cierra un capítulo fundamental de la historia contemporánea de Cuba y marca un nuevo paso en el fin biológico de la generación que moldeó el destino de la isla durante más de medio siglo.

Nacido en Artemisa el 28 de abril de 1932, en el seno de una familia de emigrantes asturianos asentados en Cuba —con raíces familiares en Gijón y en las Cuencas Mineras—, Valdés encarnó la trayectoria de una generación que pasó de la lucha guerrillera al ejercicio absoluto del poder. Su nombre quedará asociado tanto a los episodios fundacionales de la Revolución como a la construcción del aparato de control político y seguridad que sostuvo al régimen durante más de seis décadas. Participó en el asalto al cuartel Moncada en 1953, considerado el punto de partida de la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista. Tras su paso por la cárcel y el exilio en México, se incorporó a la expedición del Granma y combatió en la Sierra Maestra junto a Fidel Castro, Raúl Castro y Ernesto Guevara hasta el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959.

Su legado histórico quedó marcado menos por su papel como guerrillero que por la labor desarrollada posteriormente al frente de los organismos de seguridad del Estado. En 1961 asumió el Ministerio del Interior y dirigió la creación y consolidación de la Seguridad del Estado, la contrainteligencia y los servicios secretos cubanos, instituciones que se convertirían en la columna vertebral del sistema de vigilancia política de la isla. Durante décadas fue considerado uno de los hombres más poderosos del país y uno de los principales exponentes de la línea dura del castrismo. Mantuvo estrechos vínculos con los servicios soviéticos durante la Guerra Fría y supervisó estructuras responsables de la persecución de opositores, la infiltración de organizaciones disidentes y el control político de la sociedad cubana.

Por estas razones, numerosos exiliados, activistas y organizaciones defensoras de los derechos humanos lo señalaron como uno de los máximos responsables de la represión ejercida por el régimen. Entre sus detractores era conocido como “El carnicero de Artemisa”, sobrenombre que reflejaba la dureza con la que se identificó su gestión al frente de los órganos de seguridad.

El hombre de Cuba en Venezuela

La influencia de Ramiro Valdés trascendió las fronteras cubanas. En enero de 2010, el entonces presidente venezolano Hugo Chávez anunció su incorporación a una comisión destinada oficialmente a afrontar la grave crisis energética que atravesaba Venezuela. Numerosos analistas y dirigentes opositores sostuvieron que su verdadera misión era muy distinta. Para amplios sectores de la oposición venezolana, Valdés fue el principal asesor cubano en materia de inteligencia, control social y organización de los servicios de seguridad del Estado.

Su presencia alimentó la percepción de una creciente influencia de La Habana sobre Caracas. No en vano, muchos venezolanos comenzaron a referirse a su país como “Cubazuela”, convencidos de que la experiencia política cubana estaba siendo exportada al proyecto bolivariano. Dirigentes históricos de la izquierda democrática venezolana, como Américo Martín, afirmaron que Valdés desempeñó un papel clave en el diseño de estrategias destinadas a neutralizar a la oposición y reforzar el control político del chavismo. Aunque estas acusaciones nunca fueron reconocidas oficialmente por Cuba o Venezuela, contribuyeron a consolidar la imagen de Valdés como el gran estratega de la seguridad revolucionaria más allá de la isla.

En Cuba también se le atribuyó un papel determinante en el control de las comunicaciones y el acceso a internet. Tras dirigir el grupo empresarial Copextel y asumir posteriormente el Ministerio de la Informática y las Comunicaciones, fue señalado por numerosos observadores como uno de los principales responsables de la política de censura y supervisión de la red en la isla.

El declive biológico de la generación revolucionaria

La muerte de Ramiro Valdés se produce en un momento especialmente simbólico para Cuba. Más allá de la desaparición de uno de los hombres fuertes del régimen, su fallecimiento confirma el progresivo ocaso biológico de la generación que protagonizó la Revolución de 1959 y gobernó la isla durante más de seis décadas.

Ramiro Valdés con Fidel Castro.

Ramiro Valdés con Fidel Castro. / Cedida a LNE

En los últimos años, han desaparecido la mayoría de los dirigentes históricos que acompañaron a Fidel Castro en la Sierra Maestra, en el desembarco del Granma y en la construcción del Estado revolucionario. Los supervivientes de aquella generación son cada vez menos y su influencia política se ha reducido a medida que nuevas figuras han asumido la dirección del país.

La coincidencia entre este relevo biológico y las recientes medidas de apertura económica impulsadas por las autoridades cubanas resulta especialmente significativa. La ampliación del espacio para la iniciativa privada, la flexibilización de determinadas actividades empresariales y la búsqueda de fórmulas alejadas de la ortodoxia socialista reflejan una realidad que habría sido difícil de imaginar durante los años de mayor poder de dirigentes como Valdés. Aunque el sistema político cubano mantiene intactas sus estructuras fundamentales, la desaparición de los comandantes históricos simboliza el final de una época. La Cuba que emerge de la actual crisis económica se encuentra cada vez más distante de la generación que hizo la Revolución y más condicionada por los desafíos del presente que por las consignas y certezas ideológicas del pasado.

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