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El mundialista volador: Atlanta sonríe a España mientras México espera el rugido del león

Tras la victoria ante Arabia Saudí, la ruta mundialista de la selección continúa hacia Guadalajara, donde espera Uruguay y también una importante presencia de aficionados españoles, tanto llegados desde España, como procedentes de la numerosa comunidad española residente en México

Diego Álvarez Bada, delante del estadio de fútbol  de Atlanta donde jugó la selección española.

Diego Álvarez Bada, delante del estadio de fútbol de Atlanta donde jugó la selección española. / .

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Diego Álvarez Bada

Diego Álvarez Bada

Diego Álvarez Bada trabaja como sobrecargo de aviación en la línea bandera de México. Es fundador y presidente de la peña "La villa de Quini", la primera y la única peña sportinguista oficial en México y fuera de España. Hasta diez veces al año vuela a España para ver los partidos del Sporting. Durante estos días escribe crónicas desde México, donde se celebra el Mundial de Fútbol

México vive en la calma antes de la tormenta, como si el país estuviera en el ojo de un huracán. Una tregua breve antes de que vuelva a rugir con los partidos decisivos de la selección mexicana.

La semana pasada la Ciudad de México se tiñó de amarillo. Miles de colombianos invadieron las calles, el transporte público, las plazas y, sobre todo, el Estadio Azteca. En el Colombia-Uzbekistán parecía que Bogotá se había trasladado por unos días a la capital mexicana. Mientras tanto, Guadalajara también vivía su propia fiesta mundialista con la llegada masiva de aficionados coreanos, una de las hinchadas más numerosas y visibles que ha dejado este Mundial en México hasta ahora.

Entre los dos partidos de España hubo seis días de espera que muchos aficionados de la Roja aprovechamos para seguir viajando por Estados Unidos. Como tantos otros españoles desplazados para el Mundial, puse rumbo al vecino estado de Tennessee, haciendo escala en Memphis y Nashville. Fueron jornadas para descubrir una América diferente, lejos de los grandes focos del torneo. Nashville me sorprendió especialmente: una ciudad llena de música, ambiente y personalidad, de esas que invitan a regresar con más tiempo.

El contraste fue enorme al regresar a Atlanta. De nuevo aparecía la sensación de estar en el centro del mundo durante unas horas. El Fan Fest era una auténtica torre de Babel: aficionados de decenas de países compartiendo espacio, viendo partidos, intercambiando camisetas y fotografías. Turistas de todos los continentes disfrutando de un evento que va mucho más allá del fútbol.

Eso sí, el Mundial también tiene su peaje. Filas para entrar al estadio, para comprar comida, para conseguir algún recuerdo oficial o simplemente para participar en cualquiera de las actividades organizadas por la FIFA. Todo se mueve entre una auténtica marea humana que convierte cada desplazamiento en una pequeña aventura. Pero esa es también parte de la magia de una Copa del Mundo.

Ya el día del partido, en los alrededores se veía menos aficionados de Arabia que la semana anterior de Cabo verde, pero sobretodo lo que predominaba era el rojo de España, y no precisamente de españoles. Personas de muchas nacionalidades apoyando a la roja.

En el estadio antes del partido también hubo tiempo para algunos encuentros curiosos. Tuve la oportunidad de quedar con el influencer asturiano Senén Morán, de encontrarme también con los conocidos youtubers XBuyers y con Siro López, quienes me grabaron entrevistas y contenido para sus canales y redes sociales, con mi poncho del Sporting, sorprendidos al verme, como no podía ser de otra manera, aproveché para sacar mis bufandas y banderas y presumir de asturianía y de sportinguismo a miles de kilómetros de Gijón. Porque uno puede encontrarse en Atlanta, rodeado de aficionados de todos los continentes, y seguir llevando al Sporting por bandera.

Sobre el césped apareció la España que todos esperábamos después del tropiezo de la primera jornada. Desde el inicio se vio una selección mucho más intensa y decidida. Con Lamine Yamal en el once titular y con los extremos mucho más abiertos, España encontró la profundidad que había echado en falta ante Cabo Verde. Muy pronto comenzó a encerrar a Arabia Saudita cerca de su área y el dominio se reflejó rápidamente en el marcador. En apenas veinticinco minutos España ya ganaba 3-0 y dejaba prácticamente sentenciado el encuentro. Fue una demostración de superioridad que permitió afrontar el resto del partido con mucha más tranquilidad. A partir de ahí llegaron el control del juego, la gestión de esfuerzos y la sensación de que el equipo estaba pensando también en todo lo que queda por delante. Con una Copa del Mundo tan larga, cada detalle cuenta. Por eso no sorprendió que Lamine Yamal abandonara el terreno de juego tras el descanso, reservando piernas para lo que viene. España bajó algo el ritmo, controló la posesión y evitó desgastarse innecesariamente, consciente de que todavía quedan muchos kilómetros por recorrer si quiere alcanzar el gran objetivo de conquistar la segunda estrella.

La victoria devuelve la calma y permite afrontar el último partido de la fase de grupos con mucha más confianza. España tiene en su mano cerrar la primera fase como líder. El empate le bastaría casi para asegurar la primera plaza, aunque una selección con sus aspiraciones siempre debe salir a buscar la victoria.

Ahora la ruta mundialista continúa hacia Guadalajara. Allí espera Uruguay y también una importante presencia de aficionados españoles, tanto llegados desde España, así como procedentes de la numerosa comunidad española residente en México.

El ambiente volverá a crecer conforme avance el torneo y lleguen las eliminatorias, especialmente cuando la selección mexicana se juegue su continuidad en el Mundial.

Después de la invasión amarilla de Colombia, de la marea coreana en Guadalajara, de unos días recorriendo Tennessee y de una Atlanta completamente entregada al Mundial, toca volver a vestirse de rojo y seguir soñando. Porque el viaje continúa, las distancias se acumulan y los kilómetros siguen pasando, pero la ilusión de ver a España levantar una segunda Copa del Mundo sigue intacta.

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