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Angelina Coro, una cabraliega en el terremoto de Venezuela que solo tiene una almohada y mucho "miedo en el cuerpo todavía"

"El edificio donde vivo está rajado, pero nosotros estamos bien, aunque a cada rato hay réplicas", afirma esta cabraliega residente en Caracas, una capital azotada por un seísmo entre 7,1 y 7,5 grados que ha dejado más de mil heridos y una cifra de heridos que ya supera los 164 muertos

Angelina Coro, a la izquierda, junto a su hermana Inés Coro en su emotivo reencuentro de este verano en Llanes.

Angelina Coro, a la izquierda, junto a su hermana Inés Coro en su emotivo reencuentro de este verano en Llanes. / E.L.

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Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

Lo único que tiene es una almohada. El edificio de Caracas donde vive se ha resquebrajado. Es de madrugada en la capital venezolana y Angelita Coro Alonso, con la voz igual de quebrada, manda un mensaje de voz a Asturias para contar que, por fortuna, ella y su familia están bien. Han sobrevivido a los dos terremotos que en la pasada madrugada (hora española, a las 18.05 horas en Venezuela) sacudieron el norte del país. Por el momento, hay 164 muertos y más de 1.000 heridos. Son las cifras oficiales. Los testimonios de los asturianos presentes en la zona que LA NUEVA ESPAÑA ha recogido apuntan a que estas cifras subirán, especialmente en el entorno costero de La Guaira, donde llegan noticias de numerosas construcciones totalmente desplomadas. La Guaira es una zona con mucha presencia de emigrantes españoles, también muchos de origen asturiano. Desde el Centro Asturiano de Caracas subrayan que, a esta hora, no tienen constancia de ninguna víctima mortal.

Angelita Coro, de 78 años, participó este verano en el programa “Añoranza”, organizado por el gobierno del Principado para facilitar el reencuentro con su tierra natal a emigrantes asturianos con dificultades económicas para hacer el viaje.  Angelita trabaja como masajista en la capital venezolana, es la única de las hermanas que no ha regresado a Asturias. Tiene una residiendo en Cangas de Onís y otra en Llanes. Este verano se reencontró con ellas. Aunque mantienen comunicación constante, Angelita no había pisado Asturias en los últimos veinte años. Pudieron abrazarse. Fue un día de muchas lágrimas.

Pero lágrimas de alegría. Las de esta madrugada en Caracas nacían de la incertidumbre y el miedo. Aquí todavía van a ser las tres de la mañana y todavía  no podemos entrar al edificio. Tenemos que esperar”, cuenta Angelita desde la capital venezolana. “Yo subí a buscar una almohada, muy rápido, corriendo porque a cada rato hay réplicas, a cada rato está temblando”, añadía. “El edificio está muy rajado, tienen que venir los bomberos y Defensa Civil que pode entrar”.

En la calle, en la noche, a las puertas del desastre se decía: “¿Tú sabes lo que es eso? Toda una vida para tener algo y ahora… Son pérdidas materiales, pero qué dolor”. Angelita es una persona animosa, todo cariño hacia los demás. Parece que no pierde nunca el buen humor. Este verano decía que no tenía previsto regresar a Asturias porque sus dos hijos todavía la ataban al país al que llegó desde Cabrales siendo una niña. Anoche, medio en broma y medio en serio, decía: “Cualquier cosa me iré pa mi tierra, me iré debajo de un puente a Asturias”. El terremoto ha sido más que un susto: “Tengo el miedo en el cuerpo todavía, pero estamos bien. Mis dos hijos están bien, mi nietico está bien y mi nuera está bien”. Solo tienen una molesta incógnita por resolver: “De lo único que no sabemos nada es de la mamá de mi nuera y del hermano, que es médico. Están en La Guaira y no nos podemos comunicar con ellos”.

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