El análisis del mundialista volador: Fidalgo, el asturiano que juega con México, se gana un papel protagonista
El gol ante República Checa llegó tiene un peso simbólico evidente: desde David Villa en 2014 no marcaba un asturiano en una Copa del Mundo.

Álvaro Fidalgo, a la derecha, e Israel Reyes, de la selección de México, celebran el gol contra Chequia. / Isaac Esquivel / EFE
Diego Álvarez Bada trabaja como sobrecargo de aviación en la línea bandera de México. Es fundador y presidente de la peña "La villa de Quini", la primera y la única peña sportinguista oficial en México y fuera de España. Hasta diez veces al año vuela a España para ver los partidos del Sporting. Durante estos días escribe crónicas desde México, donde se celebra el Mundial de Fútbol.
México salió a su tercer partido de la fase de grupos con la tranquilidad de estar ya clasificado, pero con un objetivo claro: cerrar con paso perfecto. El hecho de que este Mundial se dispute en casa ha cambiado por completo el ambiente alrededor de la selección. De la duda y la incertidumbre de hace apenas unos meses se ha pasado a una euforia generalizada que se respira en las calles, y en cada rincón del país. México no solo juega un Mundial: lo está viviendo como nunca antes.
Ante República Checa, el guion fue claro desde el inicio. Un rival superado físicamente, castigado por la altura de la Ciudad de México, donde los 2.200 metros se hacen notar con el paso de los minutos. A la media hora ya había síntomas evidentes de desgaste en los checos, que terminaron cediendo terreno de forma inevitable.
México, sin necesidad de acelerar en exceso, fue creciendo con el partido hasta terminar imponiéndose con autoridad y firmando una goleada que le permite llegar a los dieciseisavos de final con pleno de victorias y una sensación de control que refuerza su candidatura en hacer historia en este torneo.
En ese contexto apareció una de las historias de la noche. Resulta inevitable sentir cierto orgullo al ver a Álvaro Fidalgo, futbolista asturiano que llegó a México en plena pandemia, rodeado de dudas y sin grandes focos mediáticos, convertirse en protagonista en el Mundial disputado en el país que le abrió las puertas. Su gol tiene un peso simbólico evidente: desde David Villa en 2014 no marcaba un asturiano en una Copa del Mundo.
Un millón en el Ángel
El estallido posterior al partido fue la confirmación del momento que vive el país. Casi un millón personas abarrotaron alrededor del Ángel de la independencia y Paseo de la Reforma, principal avenida de la Ciudad de México en una celebración que se extendía en kilómetros de marea humana. México está viviendo este Mundial como el epicentro emocional del torneo, y eso se nota también en la llegada de aficiones de todo el mundo, muchas de ellas desplazadas incluso desde sedes en Estados Unidos para vivir la experiencia en territorio mexicano.
Españoles y descendientes
Guadalajara fue otro ejemplo de ese ambiente mundialista. El Estadio Jalisco, prácticamente teñido de rojo, reunió a unos 45.000 espectadores con una mayoría clara a favor de España. No solo españoles o descendientes, sino también una gran parte de público mexicano que decidió volcarse con la selección española, reflejo de los lazos históricos y culturales entre ambos países.
El partido, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo. Uruguay llevó el encuentro a un terreno muy físico, con un juego duro que el árbitro permitió en exceso durante todo el partido, lo que permitió a los charrúas sostener un juego muy duro, con numerosas patadas e intervenciones al límite durante todo el partido y que no fue hasta el minuto 90 que se atrevió a sacar una tarjeta roja. España terminó llevándose la victoria por 1-0 en un duelo tenso, con preocupación añadida por la situación física de jugadores como Nico Williams y Yeremi Pino que prácticamente le dicen adiós al mundial.
La reacción de algunos jugadores y parte de la afición uruguaya dejó la sensación de ser uno de los comportamientos más claros de mal perder visto en mundiales. Llamó también la atención una queja recurrente desde el lado uruguayo: el apoyo mayoritario de la afición mexicana a España en el Estadio Jalisco. Una lectura que, sin embargo, ignora el contexto real del ambiente en México. No se puede entender lo vivido en Guadalajara sin tener en cuenta la enorme colonia española en el país, ni los vínculos culturales, históricos y afectivos que unen a ambas naciones.

Tik Tok
En las gradas no solo había españoles, sino generaciones de descendientes, comunidades enteras y una afinidad natural que se ha construido durante décadas. El fútbol, en este caso, fue solo un reflejo más de esa conexión.
Más allá del césped, Guadalajara ofreció una experiencia completa. El ambiente en el fan fest, Tlaquepaque, uno de los pueblos más emblemáticos de la zona metropolitana de Guadalajara, conocido por sus calles coloniales, su artesanía y su oferta gastronómica, vivió estos días un ambiente especialmente intenso. Con motivo del Mundial, recibió una notable afluencia de visitantes, entre ellos numerosos una aficionados españoles que aprovecharon su estancia en Guadalajara para recorrer la zona. También se podía ver una gran cantidad de personas de distintos puntos de México y del mundo especialmente también de Colombia que dieron forma a un entorno único.
El día del partido fue destacable la presencia de la colonia española en México, especialmente del norte. Numerosos asturianos, gallegos, cántabros y vascos desplazados para acompañar a la selección.
Para quien escribe, esta parte del Mundial llega a su fin. Las vacaciones terminan y el regreso al trabajo marca el cierre de una etapa breve pero intensa, vivida entre estadios, ciudades y encuentros que van más allá del fútbol.

La aparición en pantalla grande del presidente de la peña sportinguista de México y su esposa. / .
En pantalla grande
Y aún queda una imagen difícil de olvidar: la cámara del estadio enfocando un instante en la grada, la aparición inesperada en la pantalla gigante del estadio, yo juntos mi esposa y la bufanda de la peña del Sporting en México “La Villa de Quini” alzándose en medio del Estadio Jalisco, convertida en una pequeña historia dentro de otra mucho más grande.
Y en medio de todo lo vivido, entre México y España, entre Guadalajara y cada historia que se cruzó en las gradas, este Mundial deja una sensación difícil de ignorar. La de un país que ha convertido el torneo en parte de su día a día, y la de otro que lo sigue a miles de kilómetros, pero que también lo siente propio. Dos formas distintas de vivir el mismo fútbol, unidas por algo que no entiende de fronteras: la emoción de ser testigo de algo histórico
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