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Antonio Valdés y Fernández Bazán, linaje asturiano en el nacimiento de los EE UU: el marino que llevó armas, medicinas y dinero para apoyar la independencia

El marino organizó hace 250 años el envío desde puertos españoles, entre ellos los de Gijón, Avilés y Candás

Antonio Joaquín Valdés Fernández Bazán

Antonio Joaquín Valdés Fernández Bazán

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María José Iglesias

María José Iglesias

Los Estados Unidos de América viven hoy la resaca de una gran fiesta de cumpleaños. Si cada 4 de julio es un estallido de fuegos artificiales en todo el país, incluidas sus bases militares, en esta ocasión la celebración ha sido aún más especial. Cumplir 250 años lo merece, un largo periodo que va de George Washington a Donald Trump, dos figuras antagónicas como las caras de la moneda del país que vive entre el sueño americano y la pesadilla de quienes no tienen ni remota oportunidad de alcanzarlo.

El caso es que eso de que "Estados Unidos no tiene historia" es hoy un poquito menos cierto. La cultiva, desperdigada por las infinitas llanuras de Kansas o Iowa; los majestuosos lagos del norte, el desierto de Arizona; el lujo excesivo de Texas o Las Vegas; las elegantes costas de Nueva Inglaterra y sus islas; los manglares de Florida, los hielos de Alaska, el bullicio de Nueva York, los horizontes despejados de Delaware, el cementerio de Arlington, el Parque Militar de Gettysburg; la paz de las montañas del Estado de Washington, Colorado, Montana o las Carolinas e incluso en el Disney World de Los Ángeles y Orlando.

Todo eso y mucho más es la América que brotó el 4 de julio de 1776 cuando las Trece Colonias británicas se proclamaron libres en Filadelfia . El Imperio británico perdía la joya de la corona que ceñía Jorge III. El mundo asistía, sin saberlo, a un giro radical de la historia. Dos siglos y medio más tarde, aquel estado incipiente es el más poderoso del planeta. Aquella guerra se prolongó hasta 1783 y aunque poco se habla de ello, la contribución de España fue fundamental para su resolución. La primera gran democracia moderna tuvo apellidos españoles: el del malagueño Bernardo de Gálvez; el de José Moñino, conde de Floridablanca y también un nombre asturiano menos conocido, pero clave en la logística que dio la victoria al nuevo país: Antonio Valdés y Fernández Bazán (Burgos, 1744-Madrid, 1816), del linaje de los Valdés-Salas, artífice, desde el reinado de Carlos III, de una parte esencial del apoyo español a las colonias rebeldes.

Humillar a Gran Bretaña

Si Gálvez fue el gran héroe de las campañas militares en Luisiana y Florida, Valdés fue el organizador del esfuerzo naval español. Su nombre apenas aparece en los relatos de la independencia norteamericana, pero los historiadores lo sitúan entre los grandes responsables del éxito militar español . Valdés desarrolló su carrera en la Armada y, tras finalizar la guerra, Carlos III lo nombró ministro de Marina. Reorganizó la flota, fortaleció los arsenales y coordinó el complejo sistema logístico que unía Cádiz, Ferrol, Cartagena, La Habana y Veracruz. Su misión era lograr que nunca faltaran barcos, marinos, armas, víveres o municiones. En los inicios de la rebelión España optó por mantenerse en un segundo plano, pero a Carlos III, el "mejor alcalde de Madrid", le pudo más la tentación de humillar a Gran Bretaña, el eterno enemigo a lo largo de la historia. Armas, pólvora, medicinas, uniformes y dinero atravesaron el Atlántico desde puertos españoles. En las crónicas aparecen mencionados los de Avilés, Gijón y Candás. Las mercancías llegaban a Nueva Orleans y La Habana, desde donde continuaban hacia Florida. Valdés vigilaba todos los pasos como artífice en la sombra.

En 1779 España entró en guerra con Inglaterra, como aliada de Francia. La gran traca final del conflicto la desencadenó la colecta organizada en La Habana en la que participaron los prósperos comerciantes, azucareros y tabaqueros de origen asturiano, para financiar la campaña de Yorktown (19 de octubre de 1881), donde los aliados lograron la rendición de los británicos.

Estirpe de marinos

Antonio Valdés nació en Burgos en 1744 por circunstancias profesionales de su padre, el militar Francisco Valdés. Su madre, María Josefa Fernández Bazán, perteneció a una estirpe de marinos castellanos. La rama paterna le viene de la histórica casa de los Valdés-Salas, linaje señero del occidente asturiano, que hunde sus raíces en los concejos de Valdés y Salas. Durante siglos, la familia proporcionó a la Corona navegantes, militares, gobernadores y altos funcionarios.

Entre sus antepasados está el fundador de la Universidad de Oviedo, Fernando de Valdés-Salas, enterrado en la colegiata salense de Santa María la Mayor, en el sepulcro cincelado en alabastro por Pompeyo Leoni, una joya del Renacimiento español que denota el poderío familiar. Hoy su memoria es custodiada desde la Fundación Valdés-Salas, que preside el jurista Leopoldo Tolivar Alas.

Antonio Valdés heredó la vocación de servicio de sus ancestros. Y mientras él coordinaba la maquinaria naval desde España, Bernardo de Gálvez dirigía las operaciones militares en América. En 2014 el Congreso de Estados Unidos concedió a Gálvez la ciudadanía honoraria. Su retrato está colgado en el Capitolio. En cambio, la figura de Valdés permanece olvidada. Además, y al hilo de este cumpleaños tan especial, hubo otro gran protagonista asturiano en América del Norte. En 1565, Pedro Menéndez de Avilés fundó San Agustín (Florida), la ciudad habitada más antigua de los Estados Unidos. Y es que ya lo dijo Washington: "No sin España".

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