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El "doloroso amor" de los grandes genios del siglo XX: El escritor asturiano Adrián Gordaliza explora desde Londres las tormentosas relaciones de Nietzsche, Einstein, Camus o Wittgenstein

"Mucha gente hoy cancela la obra de ciertos autores porque en su biografía hay episodios oscuros o su comportamiento no se ajusta a la moral del grupo dominante", afirma este profesor y ensayista, que aborda en "Amor y dolor" las miserias privadas de algunas de las figuras más brillantes del pasado siglo

Adrián Gordaliza con las dos versiones de su libro "Amor y dolor", en español y en inglés

Adrián Gordaliza con las dos versiones de su libro "Amor y dolor", en español y en inglés

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Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

El profesor y ensayista ovetense Adrián Gordaliza Vega, radicado en Londres, acaba de publicar, en inglés y en español, el libro "Amor y dolor", que lleva como subtítulo "La tormentosa vida de los grandes pensadores". Gordaliza (1979) colabora habitualmente con LA NUEVA ESPAÑA con su videocolumna "London Eye", que se publica en la edición digital "Asturias Exterior". También es autor del ensayo «El final de todo: Una sociedad en transición».

-¿Qué le llevó a escribir sobre esos genios que, en su vida privada, eran casi unos monstruos?

-Me resultó atractiva su turbulenta vida sentimental, el hecho de que personajes muy celebrados en su campo fueran un poco desastres en el terreno privado. Además, en muchos casos, una parte de su obra se entiende mucho mejor si conocemos sus circunstancias personales. Es seguro que alguno de ellos va a resultar poco simpático para el lector contemporáneo, pero nunca quise pasarles factura ni hacerles un juicio de valor. Inicialmente me interesé por este tema de manera indirecta, quería saber más sobre los efectos físicos del “desamor”, es decir, del final doloroso de las relaciones románticas. Sobre el tema de cómo funciona un cerebro “enamorado” hay bastante literatura, pero sobre lo contrario no tanto. ¿Por qué algunas personas experimentan esa sensación de dolor físico cuando el amor no es correspondido? Habría que puntualizar bastante qué queremos decir con esto de amor y desamor; se puede amar de formas muy diferentes a personas distintas -padres, hijos, novios, esposos, etcétera, pero creo que en general se entiende a qué tipo de amor romántico me refiero.

-¿Cree que existe realmente una contradicción entre ser una personalidad destacada en el ámbito científico o literario y un perfecto canalla en sus relaciones personales? Dicho de otra manera ¿por qué a un autor genial tenemos que suponerle ejemplaridad en todos los ámbitos de su vida?

-Es un debate muy actual. Mucha gente hoy cancela la obra de ciertos autores porque en su biografía hay episodios oscuros o su comportamiento no se ajusta a la moral del grupo dominante. Le pongo un ejemplo: en la escuela primaria de mi hija en Londres, cada curso tiene el nombre de un pintor famoso. Los de primero son Rothko, los de segundo Dalí, los de tercero Kusama, etc. Si atendemos a su biografía, Rothko era un alcohólico deprimido que acabó suicidándose, Dalí defendió públicamente a Franco, al que le unía una relación de interés mutuo. Kusama ingresó en un hospital psiquiátrico… Algunos padres han sugerido elegir otros que vayan más en línea con los valores que pretenden promocionar hoy en día. Personalmente, yo no les pido ejemplaridad a ninguno de ellos. Como escritor, simplemente me parecen más atractivos con todas sus contradicciones, sus aristas, sus luces y sus sombras.

-¿La conclusión que se extrae de todas las historias que usted cuenta es que la inteligencia no nos vacuna contra la vileza o las flaquezas morales?

-Si algo hemos aprendido en los últimos años es que existe un mito muy potente en torno a la inteligencia. Es una de esas ideas oscuras que parecen muy claras pero a medida que la analizamos se ve su complejidad. ¿De qué inteligencia hablamos? Porque hay muchas: espacial, física, logico-matemática, social, etcétera Ser más o menos inteligente para algún campo no implica que lo seamos para otros. Hay asesinos en serie que están considerados como personas muy inteligentes, pero luego se demuestra que no son capaces de relacionarse con normalidad. También hay deportistas de élite que hacen cosas increíbles, con una inteligencia física espectacular, pero luego son incapaces de articular dos frases seguidas.

-¿Y si la genialidad fuera unida a la infelicidad?

-Pues desconozco si hay algún estudio sobre el tema, pero con la palabra “genio” ocurre algo parecido a “inteligencia”. En muchos casos la supuesta genialidad está unida a otra condición psicológica que tiene efectos negativos en la vida de esas personas. Isaac Newton era un genio absoluto de la mecánica y la matemática, pero estaba como un cencerro. Tampoco se le conoce ninguna relación sentimental. Otros, en cambio, son unos mujeriegos de campeonato, como Albert Camus que coleccionaba amantes, pero no estoy seguro de que estemos hablando de un genio en el mismo sentido que Newton. 

-¿De todos los personajes que ha explorado, hay alguno que le repugne especialmente?

-No, y eso que hay algunos que han hecho barrabasadas increíbles, como el contrato que le hizo firmar Albert Einstein a su primera esposa, la pobre Mileva Marić. Unos años después de casados quiso obligarla a que mantuviera la casa limpia, servirle tres comidas diarias, no dirigirle la palabra, no pedirle que salieran juntos y ni hablar de contacto físico. Y eso que Mileva era también una científica de nivel. Otros son difíciles de comprender, como el caso de Martin Heidegger que mantuvo su carnet del partido Nazi hasta el final de la II Guerra Mundial y admiraba a Hitler; pero al mismo tiempo estaba enamorado de una estudiante judía con la que tuvo una relación hasta el final de su vida. Nada menos que Hannah Arendt. Tal vez Ludwig Wittgenstein me resulte menos agradable. En el libro cuento también cómo una vez cuando era maestro rural en un pueblo de Austria le dio un sopapo a un niño que lo dejó inconsciente. El padre lo denunció, pero no hubo consecuencias, tal vez porque pertenecía a una de las familias más ricas de Europa. Aunque para ser justos hay que contar también que renunció a toda su fortuna y vivió voluntariamente en condiciones de semi pobreza, y que años después regresó al pueblo de Austria para pedir perdón a los niños que había aterrorizado en su etapa de maestro. Era todo un personaje y sus contradicciones son muchas.

-¿Y hay alguno que haya llegado a comprender?

-Admito que sigo teniendo un favorito. La historia de Friedrich Nietzsche me sigue resultando especialmente triste. A pesar de su filosofía radical, él era un hombre muy educado y amable que viajaba constantemente por Europa buscando alivio para sus muchas enfermedades. Al final de su vida estaba casi ciego, se automedicaba con opiáceos, sus amigos le habían abandonado, la mujer que amaba le rechazó en varias ocasiones, tenía una relación complicada con su madre y su hermana, y finalmente un día colapsó. Cuando paseaba por una plaza de Turín se abalanzó al cuello de un caballo que estaban azotando y se desmayó. Ya nunca se recuperó de aquello y estuvo durante diez años —hasta su muerte— en un estado de locura y confusión constante. Para colmo su hermana era simpatizante de la naciente ideología nazi y manipuló algunas de sus obras para que encajara con los principios del Nacional Socialismo.

-¿Qué ha aprendido durante la escritura de este libro?

-Muchísimas cosas, y probablemente esa fuera la motivación principal para escribirlo. Los autores que he elegido vivieron durante el siglo XIX y me sorprendió que durante aquella época se viajara tanto. Lo hacían constantemente: París, San Petersburgo, Vienna, Cambridge, Berlín, Roma, etc. En una época en donde el tren era el rey del transporte y estos autores se paseaban por Europa como Pedro por su casa. Eran los inicios del turismo europeo que explotó en el siglo XX, especialmente a partir de la década de los 60.

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