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Una final que se vive con el corazón partido: así ven el duelo los asturianos que residen en Argentina

La comunidad asturiana en Argentina explica cómo afrontan un partido que enfrenta al país en el que nacieron con la tierra de sus padres y abuelos | "Ha triunfado la hispanidad", destacan

Una final que se vive con el corazón partido: así ven el duelo los asturianos que residen en Argentina

Una final que se vive con el corazón partido: así ven el duelo los asturianos que residen en Argentina / LNE

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Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Oviedo

Hay partidos que dividen a un país, a una región... Un Real Madrid-Barça o un Oviedo-Sporting, por ejemplo. La final del Mundial que disputarán España y Argentina este domingo dividirá también familias, salones, casas y corazones a uno y otro lado del Atlántico. Para los miles de asturianos y descendientes de asturianos que viven en Argentina, el último choque del Mundial será mucho más que un partido. Será un encuentro entre sus dos patrias.

España y Argentina se jugarán el título mundial el domingo 19 de julio en el estadio de Nueva York-Nueva Jersey. El encuentro comenzará a las cuatro de la tarde en Argentina y a las nueve de la noche en España. LA NUEVA ESPAÑA ha hablado con los responsables de varios centros asturianos repartidos por Argentina para conocer cómo afrontan las horas previas a una final tan soñada como incómoda.

Todos coinciden en una idea: el corazón está partido. Sin embargo, cuando el balón comience a rodar, la mayoría terminará inclinándose por la camiseta albiceleste. España representa los orígenes, los apellidos, la familia y las costumbres heredadas. Argentina es el lugar en el que nacieron, crecieron y aprendieron a vivir el fútbol como una pasión difícil de explicar. En Buenos Aires y su entorno puede haber más asturianos y descendientes de asturianos que en Oviedo o Gijón, una realidad que se explica por el peso que tuvo la emigración hacia el país sudamericano.

La última radiografía difundida por la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales situaba en Argentina a 34.362 personas inscritas como asturianas, la mayor comunidad en el exterior. El 88% de las nuevas inscripciones correspondía a personas nacidas fuera de España, prueba de que las siguientes generaciones conservan su vinculación con la tierra de sus antepasados. En todos ellos, Asturias sigue presente en las fiestas, las aulas, las familias y la memoria de quienes emigraron.

Fabián Martínez Lorences, presidente del Centro Asturiano de Lanús, resume el sentimiento general de la colectividad. Para él, la final supone la culminación de un Mundial vivido con una doble ilusión. "Para los españoles que vivimos en Argentina, esta final es muy especial. Nuestras dos patrias han llegado a lo más alto de la máxima competición del fútbol mundial", explica.

Martínez Lorences cree que la elección dependerá de la historia de cada aficionado. Los emigrantes tenderán a apoyar a España, mientras que sus hijos y nietos se inclinarán por la albiceleste. En cualquier caso, quedará un consuelo. "Si no gana España, los emigrantes tendrán la alegría de ver felices a sus hijos y a sus nietos. A los nacidos aquí nos sucederá lo contrario: apoyaremos a Argentina, pero, si no gana, al menos lo habrá hecho el equipo de nuestros padres y abuelos", señala.

Carlos Antonio Ferré Rodríguez, presidente del Centro Cangas del Narcea de Asturias en Buenos Aires, tampoco esconde sus contradicciones. "Tengo el corazón partido. Si en una final del mundo se enfrentan Argentina y España, resulta muy difícil elegir. Amo a los dos países y admiro lo que representan", afirma.

Ferré Rodríguez tiene familia española y se considera "español de adopción", pero reconoce que la fuerza de la selección argentina terminará imponiéndose cuando empiece el encuentro. "Tengo familia española y soy español de adopción, pero el domingo, lo siento, vamos a intentar ganarles", comenta entre risas.

Más allá de la rivalidad deportiva, destaca los vínculos entre ambos países. "Para muchos de nosotros, este partido representa la celebración de dos naciones hermanas. Cualquiera de los dos que triunfe nos hará felices. Habrá triunfado la hispanidad", sentencia.

En La Plata, la presidenta del Centro Asturiano, Soledad Noemí Pérez Manzotti, ha pasado todo el Mundial animando a las dos selecciones. Hasta ahora no había ningún problema: España y Argentina avanzaban por caminos diferentes. El domingo esos caminos se cruzarán. "Llegamos a la final después de alentar durante todo el Mundial a dos equipos que ahora van a encontrarse", explica.

La victoria ante Inglaterra tuvo una carga emocional especial por la memoria de las Malvinas. Con España no habrá rechazo, sino cariño y reconocimiento. "Jugaremos contra un equipo al que queremos y por el que sentimos una enorme hermandad. Amamos España, celebramos su cultura y sus tradiciones, pero vivimos en un país apasionado. Este domingo disfrutaremos del espectáculo, aunque seremos bien argentinos", señala.

En su casa tampoco faltarán las supersticiones. "Veremos el encuentro cumpliendo las mismas condiciones que en todos los anteriores: el sillón en el mismo lugar, las camisetas puestas de la misma manera y cada uno sentado en su sitio. Lo viviremos como si estuviéramos dentro del campo", relata.

Para Lila Magdalena, presidenta del Centro Asturiano de Santa Fe, el encuentro será "mucho más que un partido de fútbol". Su institución cuenta, además, con un colegio en el que se imparte cultura asturiana.

"La final del Mundial entre Argentina y España será un abrazo simbólico entre dos pueblos unidos por la historia, la cultura y los lazos de la emigración", asegura. "Serán noventa minutos en los que la pasión por el fútbol se fundirá con la emoción de sentirse parte de dos patrias queridas", explica.

El mismo dilema se vivirá en Rosario. Luis Fernando Echevarría, presidente del Centro Asturiano, recibió la clasificación de ambos equipos con orgullo y cierta inquietud. "Esta final me llena de orgullo, aunque, siendo sincero, casi preferiría no tener que vivirla. Mi corazón estará partido entre dos países que amo", reconoce.

No se atreve a pronosticar un marcador, aunque sí deja una pista evidente sobre sus preferencias. "Ojalá sea un partido digno de una final. No quiero decir un resultado, pero espero que el sol salga por el lado del sur", comenta con humor. "La amistad entre España y Argentina seguirá ganando siempre", afirma antes de despedirse con un "¡Puxa Asturies!". Pilar Simón Poli, del Centro Asturiano de Buenos Aires, comprueba cómo crece la expectación en la capital. Argentina defiende el título y otro éxito amenaza con paralizar de nuevo el país. "Si llegan a salir campeones otra vez, será una auténtica locura", pronostica.

"Tengo el corazón partido y no soy la única. Aquí hay muchísimos descendientes de españoles. Yo soy la primera generación nacida en Argentina; toda mi familia es de Caso y siempre hemos tenido Asturias muy presente", relata.

Las puertas del Centro Asturiano estarán abiertas para vivir el encuentro de manera colectiva. Allí se mezclarán camisetas albicelestes, prendas rojas de España, banderas asturianas y conversaciones en las que un mismo aficionado defenderá durante cinco minutos a una selección y, poco después, encontrará argumentos para elogiar a la otra.

Desde Tucumán, la presidenta del Centro Asturiano, Mariana Cano Boloña, considera que la final "trasciende directamente lo que es el fútbol". Su afecto por España, sin embargo, no modificará su deseo cuando empiece el encuentro. "Cuando hablamos del resultado, el corazón no entiende de explicaciones y solo ve el celeste y blanco", afirma. "Quiero que gane Argentina. Nací con este sentimiento y no voy a dejar de alentar a esta selección", añade.

La directora general de Emigración y Políticas de Retorno del Principado, Olaya Romano, destaca la intensidad de los lazos entre Asturias y Argentina. "La historia de Asturias está ligada a Argentina. Allí encontraron acogida miles de asturianos que construyeron una nueva vida sin dejar de sentirse parte de esta tierra. Me consta que los asturianos en Argentina tienen el corazón dividido, pero independientemente del resultado está el hecho de que nos une un vínculo mucho más fuerte que cualquier rivalidad deportiva: el de las personas, las familias y una historia compartida que seguimos cuidando cada día desde las políticas de emigración y retorno".

José Manuel García Vecino, presidente del Centro Asturiano de Mar del Plata, es uno de los pocos que apoyará abiertamente a la Roja. "Mi corazón está con España. Aquí me dicen que, como vivo en Argentina, tengo que apoyar a este país. No hay forma de que lo puedan entender. Pero no saben lo que es España", sostiene.

García Vecino admite sentirse "en una encrucijada", aunque valora que ambas selecciones hayan alcanzado el último partido. "Lo positivo es que los dos llegamos a la final y eso no tiene precio. Lo veré tranquilo y quiero que gane el mejor. Esperemos que España salga campeón", zanja.

España y Argentina se disputarán una Copa del Mundo, y en los centros asturianos habrá algo que permanecerá intacto después del partido. Continuarán las celebraciones del Día de Asturias, las clases de cultura asturiana, las comidas familiares, la música, los bailes, los recuerdos de los pueblos y las historias de aquellos emigrantes que cruzaron el océano buscando una vida mejor.

Unos celebrarán el título en las calles. Otros aplaudirán con cierta resignación al país de sus padres y sus abuelos. En muchas casas, probablemente, convivirán ambas cosas. Será una final con el corazón partido, aunque también con una ventaja: para los asturianos de Argentina, cualquiera de las dos derrotas será un poco menos dolorosa. Y cualquiera de las dos victorias tendrá algo de propia.

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