Crónica de una "calentada" Mundial: el loco viaje del influencer Elopi, que acabó "destrozando la hucha" para juntar a su familia en la final
Relato en siete minicapítulos de una odisea para asistir a todas las eliminatorias de la Roja: hasta que pitaba el árbitro no sabía si tenía que buscar vuelo de vuelta u otro vuelo diferente y hotel

Instagram @elopi23
Eloy González, "Elopi"
Eloy González, "Elopi", va camino de acumular tres semanas en Norteamérica. Allí, concretamente en Estados Unidos, sigue este popular creador de contenido langreano, tras haber tocado la gloria viendo alzar a España la Copa del Mundo en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Ha visto en directo, recorriendo un sinfín de kilómetros y teniendo que meterse a horas intempestivas en reuniones telemáticas de trabajo por la diferencia horaria, todas las eliminatorias: contra Austria, Portugal, Bélgica, Francia y, por su puesto, Argentina. Una locura que se volvió más intensa tras juntar para la final a toda la familia: a su mujer, Sara Fanjul, y sus padres, Mario González ("Mariscal") y Celsi Marañón. Allí sigue con ellos, saboreando aún haber sido testigos, todos juntos, de una gesta histórica. En esta crónica cuenta, en primera persona y en siete pequeños capítulos -7, como el dorsal de Ferran, héroe de la final-, toda una aventura que rozó la inconsciencia y acabó en dulce locura.
1. La “calentada”
"La aventura empezó como empiezan casi todas mis barbaridades: calentándome. Yo tenía entradas compradas desde enero para todo el camino de España, pero Sara trabajaba, yo tenía grabaciones en Madrid y no pude ir a la fase de grupos. Pasó Cabo Verde, pasó Arabia y llegó Uruguay, sin saber si íbamos a ser primeros o segundos. Ahí ataque total de Elopi: vuelo flexible de ida por Los Ángeles, vuelta flexible por Nueva York y la hucha reventando por todos lados. Aquí no me pagó nadie nada: fue romper la hucha y dejarla sin cinta aislante. Mi pá, mi ma y Sara estaban en contra de que marchara solo a Estados Unidos en pleno Mundial como un chiflado de Ciañu. Sara me ayudó con la maleta, sí, pero yo creo que también ponía velas negras contra España para que volviese pronto. Salió mal la jugada: España siguió y yo también”.
2. La camiseta secreta
“La camiseta nueva del Sporting, la primera de Siroko, fue casi un secreto de Estado. Yo ya la tenía una semana y pico antes de que se anunciara, sin parches ni publicidad, recién salida del textil. No fue ni en la maleta: fue en la mochila de mano, para que si se perdía algo, que se perdiese todo menos eso. Y el día antes de que se presentara en El Molinón fui al cartel de Hollywood a grabar un vídeo. Me hizo una ilusión tremenda: presentar a mi manera la camiseta del Sporting en la ciudad de las estrellas. No tendrá nada que ver, pero igual un poquitín de suerte trajo. Para mí fue muy importante. Ye el Sporting, manín”.
3. Primer partido… y abrazos con desconocidos
“El primer partido fue llegar a Los Ángeles y entrar en aquella barbaridad de estadio. Increíble. Iba solo, pero en un Mundial nunca estás solo del todo. Empiezas a conocer gente de toda España, asturianos, españoles que viven en Estados Unidos, peña que va apareciendo en la calle, en los quedadas, en los corteos, en la grada. Y cuando España marca, no sabes ni con quién te estás abrazando, pero sabes que ye de los tuyos. Eso fue muy guapo. Pasar aquel primer cruce y no tener que volver para casa ya fue como decir: vale, esto va en serio. La primera toma de contacto fue una locura preciosa”.
4. Viajes a lo “Cholo Simeone”
“La logística era partido a partido, el Cholo en su máximo esplendor. Hasta que pitaba el árbitro no sabías si tocaba volver o buscar vuelo, hotel y enlaces para la siguiente ciudad. De Los Ángeles a Dallas, 600 y pico pavos un vuelo interno. Todo carísimo. Ahí me ayudó muchísimo una chavala de una agencia de viajes de El Entrego, que con el cambio horario y todo me iba cuadrando opciones: si pasamos, este vuelo; si caemos, esta vuelta; este hotel subió, este ya no tiene sitio. Era una parte menos sentimental, pero muy de Mundial: vivir pendiente del resultado para saber por dónde demonios tirabas al día siguiente”.
5. Punto de inflexión
“El partido contra Portugal en Dallas fue el punto de inflexión. Yo iba ilusionado, pero acojonáu. Portugal tenía un equipazo: Cristiano, Bruno, Nuno Mendes, nuestra criptonita de la banda. Desde que salió el cuadro yo decía que quería a la Portugal de Cristiano, a la Francia de Mbappé y a la Argentina de Messi en la final. Quería retirar a Cristiano y a Messi de los Mundiales y ganar a Francia, que era el coco. Pero contra Portugal sufrí muchísimo. Con el tiro al palo de Nuno, que Pedro Porro desvía con la cabeza, casi me dan cuatro infartos. Luego llegó el gol y ya, más feliz que una perdiz. Ahí empecé a creer de verdad que podíamos ganar el Mundial”.
6. La locura se desborda
“Lo de Francia ya fue otro nivel. Bélgica estuvo bien, pero Francia acojonaba: Dembélé, Mbappé, Doué… venían arrollando a todo el mundo. Y yo ya llevaba días trabajando a mi pá, a Sara y a mi ma: ‘Si ganamos a Francia, tenéis que venir a Estados Unidos’. Mi padre, que era anti Estados Unidos, decía que no lo pisaría en la vida. Sara dudando. Mi madre feliz, porque con tal de viajar, ella encantada. Les dije: preparad mochila, pasaporte y lo que haga falta. Si ganamos a Francia, revienta más la hucha y venís todos. Ganamos. Y tocó movilizar a la familia”.
7. La hucha revienta y la magia estalló en familia
“El día de la final fue tremendo. Primero conseguí una entrada para mi pá. Sara y mi má iban a hacer turismo y subir al Rockefeller Center. Pero esa misma mañana me puse a escarbar y aparecieron otras dos entradas. Otra sacudida a la hucha, que ya no sabía ni por dónde respiraba. Las entradas del Rockefeller, por cierto, nunca conseguí que me las devolvieran. Llegar al estadio fue una odisea: desde Times Square a Nueva Jersey echamos dos horas en coche para un trayecto de veinte minutos. El padre de Sara no se creía que ella fuese a la final y hubo que llamarlo desde el estadio para que se lo creyese. Luego ya fue historia: el ambiente, el gol de Ferran, los abrazos, Sara, mi pá, mi má... toda aquella gente que no sabes ni cómo se llama pero ya conoces de tantos partidos, oíste. La segunda estrella la pusimos allí. Y cambié la vuelta para quedarnos unos días más en Nueva York. Esa fue la aventura de Elopín”.
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