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Una asturiana de adopción, atrapada por el gran incendio de Madrid: "Ayer fue cuando todo empezó a ponerse peor, pero hay muchisima cooperación entre la gente"

Paula Verdeal, residente en Valdemorillo y veraneante habitual de Villaviciosa, detalla la solidaridad entre propietarios de caballos para ayudar en emergencias como el fuego de la Sierra Oeste

El gran incendio que afecta a la Sierra Oeste de Madrid.

El gran incendio que afecta a la Sierra Oeste de Madrid. / Paula Verdeal

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Zaira Varas

Oviedo

La relación de Paula Verdeal con Asturias va mucho más allá de las vacaciones. La joven madrileña, residente en Valdemorillo y veraneante habitual en Buslaz (Villaviciosa), forma parte de la Casa de Asturias de Guadarrama, donde es vocal de Juventud, integra la banda de gaitas La Tarabica y este año ha asumido la dirección del grupo de baile tradicional. Esta semana, sin embargo, el folclore quedó en un segundo plano. Le tocó vivir de cerca el gran incendio que afecta a la Sierra Oeste de Madrid.

La joven siguió durante toda la jornada la evolución de un fuego que obligó a evacuar varios municipios y mantuvo en alerta a miles de vecinos. Aunque su vivienda no llegó a verse directamente amenazada, la incertidumbre fue constante. "Ayer fue cuando todo empezó a ponerse peor", explica.

Verdeal reside en Valdemorillo, uno de los municipios afectados por el dispositivo de emergencia. Aun así, aclara que el fuego no llegó a las inmediaciones de su casa. "Yo no lo tenía tan cerca. Lo tenía pegado, pero estaría a unos cinco o seis kilómetros. El fuego no se veía tanto; lo peor, sobre todo, era el humo". La densa columna obligó a permanecer pendientes de la evolución del incendio durante toda la jornada. "Evacuaron prácticamente a todos menos a nosotros y a El Escorial", añade.

Humo visible por el gran incendio de la Sierra Oeste de Madrid

Humo visible por el gran incendio de la Sierra Oeste de Madrid / Paula Verdeal

Otra de sus preocupaciones, sin embargo, estaba a pocos kilómetros de allí. Sus cinco caballos permanecen en una finca de El Escorial, una de las zonas que durante horas estuvo pendiente del avance de las llamas. "Estuvimos a punto de tener que irnos con ellos", relata.

Si la situación hubiese empeorado, el plan ya estaba preparado. "Los íbamos a repartir por fincas que nos dejaban otras personas y, si no era posible, los llevaríamos a cualquier hípica que tuviera espacio". La joven destaca la solidaridad que existe entre los propietarios de caballos en este tipo de emergencias. "Todo el mundo se pone en contacto para ayudar. Enseguida empiezan a ofrecer sitio para los animales y hay muchísima cooperación". De hecho, explica que algunos propietarios optaron por trasladar a sus caballos antes de que el incendio pudiera acercarse más. "Había mucha gente que tenía miedo y se los llevó". En su caso, finalmente no fue necesario.

La evolución del viento terminó siendo determinante: "Cambió el tiempo y la trayectoria del viento, así que no hizo falta moverlos", resume Verdeal, después de una jornada en la que el humo y la incertidumbre marcaron el ritmo en buena parte de la Sierra Oeste madrileña.

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