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Un asturiano, a pocos kilómetros de las llamas que asolan Francia: "Es una imagen devastadora"

Pepe Álvarez pasaba unos días de vacaciones en Arcachón cuando los incendios cercaron la bahía y obligaron a activar evacuaciones preventivas en el suroeste de Francia.

Pepe Álvarez, con el incendio de Cat Ferret al fondo, desde Arcachón

Pepe Álvarez, con el incendio de Cat Ferret al fondo, desde Arcachón

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Xuan Fernández

Xuan Fernández

Con las columnas de humo al otro lado de la bahía, a apenas unos kilómetros de distancia. Así vivió los incendios que estos días asolan el suroeste de Francia el ovetense Pepe Álvarez, propietario de varias tiendas de productos gourmet y a granel en la capital asturiana, al que el fuego sorprendió durante sus vacaciones en Arcachón, en el departamento de Gironda, junto a Las Landas. La zona lleva días intentando contener varios incendios forestales de grandes dimensiones que han obligado a movilizar un amplio dispositivo de emergencias y a activar evacuaciones preventivas.

Más de 220.000 personas han sido desalojadas en el suroeste de Francia por los incendios. De ellas, unas 167.000 corresponden al gran incendio de Gironda, el que afecta a la bahía de Arcachón, Cap Ferret y el entorno de Burdeos.

"Impresiona mucho ver un paisaje así. Aunque estás a decenas de kilómetros, ves esas columnas de humo y te das cuenta de que eres muy pequeño frente a un incendio de estas dimensiones. Era una imagen completamente devastadora. Es algo que no se olvida", explica a LA NUEVA ESPAÑA Álvarez, ya de vuelta en Asturias tras unos agitados días en los que él y su familia siguieron con preocupación el avance de las llamas.

El ovetense, que veranea desde hace años en la bahía de Arcachón, vio por primera vez el incendio el jueves pasado días durante una excursión familiar en barco al faro de Cap Ferret, uno de los enclaves turísticos más conocidos de la zona. "Vimos una columna de humo a lo lejos. Al principio no le dimos mucha importancia porque pensamos que era un incendio controlado. Seguimos con la excursión y, al volver, la columna de humo ya era enorme y se veía desde toda la bahía. Ahí empezamos a preocuparnos", recuerda.

Al día siguiente, el viernes, la zona amaneció con ceniza sobre las terrazas y un intenso olor a quemado. Los bomberos ya trabajaban en la apertura de cortafuegos para proteger los distintos núcleos habitados. Álvarez decidió seguir las indicaciones de las autoridades y mantener el plan previsto con su familia. "Fuimos a la Duna del Pilat a pasar la tarde. Toda esa zona está rodeada por kilómetros y kilómetros de pinares. Cuando estábamos allí vimos un pequeño conato de incendio en medio del bosque, muy cerca de donde nos encontrábamos. Nos pusimos en alerta por si aparecían nuevos focos", relata.

Evacuación ordenada

Fue entonces cuando vivieron el momento de mayor tensión. El aparcamiento de la Duna del Pilat, con capacidad para cerca de 900 vehículos, estaba prácticamente lleno. Las autoridades activaron el protocolo de emergencia y levantaron las barreras para agilizar la salida de los coches. "No hubo escenas de pánico. La gente actuó con mucha tranquilidad y la organización fue ejemplar. No hubo atascos, ni accidentes, ni ningún problema, y las autoridades francesas consiguieron apagar ese foco antes de la medianoche", explica.

Mientras tanto, el gran incendio de Cap Ferret seguía avanzando y se declaraban nuevos focos en otros puntos del entorno. "El viernes por la noche Cap Ferret estaba ardiendo. En plena madrugada nos sonó en el móvil una alerta de evacuación. Aunque luego comprobamos que no afectaba exactamente a nuestra zona, el susto fue importante. Sales a la terraza, miras hacia la playa y te das cuenta de la magnitud de lo que está pasando", recuerda.

Finalmente, la familia pudo continuar sus vacaciones sin necesidad de abandonar el alojamiento, aunque con la incertidumbre permanente de la evolución del fuego. La lluvia caída durante las últimas horas contribuyó a aliviar la situación y facilitó el trabajo de los equipos de extinción. Álvarez regresó este sábado a Asturias con la sensación de haber vivido muy de cerca una de esas imágenes que dejan huella. "Por suerte no hubo víctimas, pero cuando ves miles de hectáreas calcinadas y pueblos enteros amenazados entiendes la fuerza que tiene un incendio. Es una experiencia que impresiona y que nunca olvidaré", concluye.

La península de Cap Ferret continúa con restricciones de acceso mientras prosiguen las labores para controlar definitivamente el incendio.

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