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La futbolista Laura Diaz hace el análisis, jugador a jugador, de la pretemporada oviedista: nace un equipo intenso, incómodo para el rival

Arrancan los motores del Real Oviedo de cara a la nueva temporada. En El Requexón ya giran la llave de contacto, el motor carraspea y Julián Calero pisa el acelerador con cuidado, tratando de descubrir hasta dónde puede llegar el vehículo que le han construido

Los jugadores del Oviedo celebran un gol en el último encuentro de pretemporada, contra el Le Havre.

Los jugadores del Oviedo celebran un gol en el último encuentro de pretemporada, contra el Le Havre. / Irma Collín / LNE

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Laura Díaz González

Laura Díaz González

La futbolista avilesina Laura Díaz González, apasionada seguidora del Real Oviedo, comenzó a enviar desde Hong Kong sus análisis sobre la evolución del equipo azul para la edición "Asturias Exterior" de LA NUEVA ESPAÑA. Con su sección "Lo más lejos a tu lado" debutó como cronista oviedista justo en la temporada del sueño, del regreso a Primera. En China estudió Relaciones Internacionales, siguió su formación en Bruselas y ahora emprende una nueva etapa laboral desde Madrid. Ella, que pertenece a la llamada "generación del barro", que acompañó al Oviedo en sus peores momentos, analiza desde la capital de España la marcha del Oviedo, que inicia una pretemporada con la mira puesta al regreso a la Primera.

Hay dos sonidos que anuncian que el verano empieza a agotarse. El primero es el de las maletas cerrándose a la fuerza, con una rodilla encima para convencer a la cremallera. El segundo, para quienes contamos los años de agosto en agosto, es el de los tacos golpeando el suelo de El Requexón. El Real Oviedo ha vuelto a arrancar. De momento, como esos coches que llevan semanas aparcados al sol: con alguna sacudida, olor a motor caliente y varias luces del cuadro de mandos todavía encendidas.

El garaje, eso sí, se ha llenado de piezas nuevas. La dirección deportiva ha trabajado durante el verano con una velocidad poco habitual para entregar a Julián Calero una plantilla reconocible antes de que empiece la competición. No está terminada (en el mercado nunca conviene pronunciar esa palabra), pero ya permite intuir qué vehículo quiere construir el técnico: intenso, físico, incómodo para el rival y con más alternativas que el de la última temporada. Sobre el papel, el coche parece más completo. Otra cosa será comprobar si todas sus piezas pertenecen realmente al mismo modelo.

Los fichajes

La zona del campo que más invita al optimismo es el centro. Allí aparece Daniel Villahermosa, el fichaje que mejores sensaciones ha dejado durante la pretemporada. Mientras otros corren como si quisieran terminar el partido antes de entenderlo, él juega con la pausa de quien ya conoce el camino. Recibe, levanta la cabeza y ordena el tráfico. No necesita dar diez toques para demostrar que tiene calidad ni acelerar cada vez que el balón pasa por sus pies.Villahermosa puede ser el futbolista que dé sentido a todo lo demás. Su asociación con Alberto Reina resulta especialmente prometedora. Los dos quieren la pelota, saben encontrar espacios entre líneas y tienen capacidad para gobernar los encuentros desde el juego.

A su alrededor, el Oviedo ha incorporado centrocampistas de perfiles diferentes. Aritz Aldasoro añade intensidad, recorrido y llegada. Es un futbolista muy adecuado para la propuesta de Calero, ese jugador que presiona, gana metros y aparece cerca del área, como demostró con su gol ante la Ponferradina. No será quien marque el ritmo con mayor delicadeza, pero sí quien permita sostenerlo cuando el rival obligue a jugar con el cuchillo entre los dientes.

Youness puede cumplir una función parecida desde el equilibrio. Tiene físico, margen de crecimiento y capacidad para cubrir terreno, cualidades imprescindibles para proteger a futbolistas más creativos. Si Villahermosa y Reina están llamados a llevar el volante, Aldasoro y Lachhab tendrán que impedir que el coche derrape en cada curva.

Las dudas empiezan a aparecer al mirar hacia las bandas. Si bien Pablo Sáenz ha dejado detalles interesantes, movilidad, golpeo y facilidad para acercarse al área, y su gol en Núremberg confirmó que puede tener más peso del que se esperaba inicialmente, aún le falta una mejor lectura del juego y más precisión de cara a puerta.

Jacobo González también ofrece una virtud escasa, la voluntad de encarar. No siempre elegirá bien, pero al menos se atreve. Su actuación ante la Ponferradina dejó gol y buenas sensaciones, y puede convertirse en uno de esos jugadores capaces de romper un encuentro con una conducción o un disparo inesperado. En una categoría donde los partidos suelen cerrarse como las persianas de un chiringuito al final del verano, disponer de futbolistas que busquen una rendija nunca está de más.

Más fría ha sido la impresión causada por Aisar Ahmed. Ha mostrado energía y voluntad, pero por ahora su juego parece ir siempre una marcha por delante de sus decisiones. Se precipita con el balón, mide mal algunas incorporaciones y no termina de ofrecer seguridad en su costado. Es joven y todavía tiene tiempo para adaptarse, aunque sus primeros minutos no han despejado las dudas sobre si está preparado para asumir un papel importante desde el comienzo.

En el lateral contrario aparece Juan Cruz, una incorporación que ofrece experiencia, colocación y conocimiento del fútbol profesional. Sabe interpretar los partidos y difícilmente cometerá errores por ingenuidad, el problema, al menos de momento, está en el físico. Le falta velocidad y puede sufrir cuando tenga que defender muchos metros a su espalda o enfrentarse a extremos explosivos. Su inteligencia le permitirá anticipar situaciones, pero la categoría también exige piernas, y habrá tardes en las que llegar medio segundo tarde resulte suficiente para que el rival encuentre la autopista abierta.

Samu Rodríguez representa una apuesta distinta. Es joven, rápido y tiene margen para crecer. Su llegada mira tanto al presente como al futuro y puede generar competencia en el lateral derecho. Todavía debe demostrar que está preparado para mantener la regularidad durante una temporada completa, pero responde a una política lógica: incorporar futbolistas que puedan rendir y, al mismo tiempo, aumentar su valor.

La delantera es la parte del vehículo que más trabajo necesita. Chris Ramos es el refuerzo que ofrece mayores certezas. Tiene potencia, velocidad y capacidad para atacar los espacios. Puede convertir un balón largo en una jugada peligrosa y permitir que el Oviedo salga con rapidez cuando el rival adelante sus líneas. No es un delantero para vivir únicamente dentro del área; su utilidad estará también en todo lo que provoque lejos de ella, pero veremos si encaja en el estilo de juego de Calero.

Carlos Fernández aporta experiencia y calidad, aunque llega acompañado por una pregunta que se repite desde hace varias temporadas: ¿podrá tener continuidad? Sabe jugar de espaldas, asociarse con los centrocampistas y aparecer en zonas de remate. A pleno rendimiento sería un delantero diferencial en la categoría, el inconveniente es que esa condición, estar a pleno rendimiento, se ha convertido en una promesa demasiado habitual. El Oviedo necesita al futbolista, no al recuerdo de lo que pudo ser.

Víctor Mingo parece encontrarse en otra fase de su carrera. Tiene físico y condiciones para pelear con los centrales, pero probablemente necesite una cesión que le permita acumular minutos. Mantenerlo toda la temporada en el banquillo serviría de poco. Necesita carretera, aunque sea lejos del Tartiere, antes de demostrar que está preparado para conducir en una categoría tan exigente.

El caso más difícil de explicar es el de Alexandru Ișfan. Su fichaje genera más dudas que certezas. Llega con poco bagaje, cifras discretas y una trayectoria que no parece justificar una apuesta especialmente firme. Parece que el Oviedo vuelve a recorrer el camino de incorporar delanteros rumanos de dudoso recorrido deportivo, presentados como oportunidades escondidas que solo unos pocos parecen capaces de detectar. Ișfan tendrá tiempo para demostrar que las dudas eran injustas, el fútbol permite corregir cualquier curriculum en noventa minutos; sin embargo, a día de hoy es el fichaje menos convincente del verano. No porque haya jugado lo suficiente para ser condenado, sino porque resulta complicado entender qué méritos deportivos justifican su llegada. En una delantera que ya necesita certezas, añadir otra incógnita parece más un riesgo que una solución.

Los amistosos

En este sentido, los amistosos han ofrecido señales contradictorias, como corresponde a cualquier banco de pruebas. El empate sin goles ante el Al-Qadsiah sirvió principalmente para repartir minutos. Contra el Deportivo volvió a faltar gol, aunque el Oviedo mostró fases de dominio y una estructura más reconocible. La goleada ante la Ponferradina fue el primer día de auténtica aceleración, cuatro goles, protagonismo de los nuevos y buenas respuestas de la cantera. Después llegó el partido de Núremberg y, con él, un golpe de realidad. El equipo entró mal, defendió con demasiada pasividad y recibió dos goles antes de terminar de comprender el ritmo del encuentro. La reacción del segundo tiempo, culminada con el tanto de Pablo Sáenz, mejoró la imagen, pero no escondió los problemas. Al Oviedo todavía le cuesta protegerse cuando pierde el balón y sufre cuando el rival acelera por los costados.

No conviene extraer sentencias de los amistosos. En verano, los equipos se parecen a esas fotografías tomadas junto al mar en las que favorece la luz, se ocultan los defectos y todo parece más sencillo de lo que será en noviembre, pero la competición eliminará los filtros. Entonces se sabrá si Villahermosa y Reina pueden gobernar el centro del campo, si Chris Ramos encuentra continuidad, si Juan Cruz logra compensar con experiencia lo que le falta de físico y si apuestas como Ahmed o Ișfan tienen realmente sitio en el proyecto.

El Oviedo parece haber mejorado su sala de máquinas. Tiene más talento en el centro, distintas opciones para correr y futbolistas capaces de ofrecer soluciones variadas. Pero la defensa aún necesita ajustes y la delantera continúa rodeada de interrogantes. Hay piezas que ilusionan, otras que requieren paciencia y alguna que provoca un ruido difícil de ignorar.

El verano se termina. Las terrazas empiezan a vaciarse, las noches se acortan y en el Tartiere ya se escucha el giro de la llave. El motor está encendido. Ahora falta saber si el resto del coche responderá cuando llegue la primera cuesta.

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