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Asturias exporta "vacas digitales": un proyecto liderado desde la región piensa y ensaya por toda Europa la revolución tecnológica en el campo

El CTIC lidera un consorcio europeo con instituciones y empresas de varios países para convertir los drones, sensores y algoritmos en ayudantes de los nuevos campesinos

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Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

¿Se puede digitalizar una vaca? Pues depende. Pero sí. De hecho, podría decirse que la Fundación CTIC está plantando la semilla de la digitalización de las vacas y de toda la actividad campesina a lo largo y ancho de Europa. Este centro tecnológico con sede en Gijón –y que en Peón (Villaviciosa) cuenta con el RuralTech, una división dedicada a la innovación rural única en España– está liderando un consorcio de ámbito europeo dotado con 5 millones de euros del programa Horizonte en el que se agrupa una veintena de socios de distintos países y ámbitos –investigadores, productores, cooperativas, industrias agroalimentarias…–.

Su objetivo es implementar nuevas tecnologías digitales en las pequeñas y medianas explotaciones campesinas para mejorar su competitividad y, por ende, garantizar una continuidad que mantenga vivo el medio rural donde se implanten. Desde Asturias se coordina, promueve, ensaya y proyecta la tecnología que cambiará la actividad campesina tal y como la conocemos. Al tractor y la fesoria se suman ahora drones, cámaras, sensores y algoritmos.

El foco está puesto en facilitar y optimizar el trabajo y las producciones en aquellas explotaciones agrícolas o ganaderas que son la base de la vida en los pueblos: sin ellas desaparece ese paisaje tan apetecido por el turista; sin ellas tampoco queda horizonte vital para que siga allí el ser humano, la verdadera especie en extinción del mundo rural. Por eso este programa se llama «Guardians», guardianes.

Explica Emilio Tereñes, investigador en inteligencia territorial y miembro del equipo de coordinación de Guardians, que el programa pretende atajar los efectos adversos que la Política Agraria Comunitaria (PAC) produce en territorios como los de Asturias, un peligroso proceso de industrialización, expansión y especialización de la producción agroganadera «que hace que el sector se parezca menos a la figura de ese campesino que no solamente está haciendo un producto, que también está produciendo paisaje, produciendo cultura, formando parte de un proyecto de territorio. Y creemos que la tecnología puede contribuir a cerrar esa brecha entre los grandes agricultores y ganaderos y los pequeños».

Para ello se han aliado, en Asturias, con Campoastur y Capsa, también con el Serida y con explotaciones como Casa Bartuelo y la ganadería Carbayeda, en Gozón, o la plantación de manzanas de sidra J. Terrones. Pero también cuentan con socios en Castilla y León, en Portuga, Italia, Noruega, Suecia y la República Checa. El CTIC es el centro de esa red por la que circulan propuestas tecnológicas; desde las empresa o centros especializados hasta las propias explotaciones en forma de programas piloto y luego, de vuelta, tras ser evaluados, en dirección al sector para poder universalizarse.

No se trata sólo de idear una tecnología. Se trata también de saber qué y cómo lo quiere el agricultor y el ganadero, después probarlo y constatar su fiabilidad y efectividad. Lo cierto es que el repaso, una a una, de todas las tecnologías que se están ensayando (y que aparecen detalladas en los gráficos de esta noticia) remite a imaginarios que hace solo unos pocos años eran de ciencia-ficción.

Hay tecnología para medir los eructos en las vacas (gases de efecto invernadero) al objeto de cuantificar las emisiones y poder así competir, con datos en la mano, con el impacto ambiental de las macrogranjas. Hay aplicaciones de la tecnología blockchain para garantizar la seguridad y autenticidad de los datos de trazabilidad de cada alimento producido. Hay desarrollos de drones que actúan en pareja: uno desde el aire identifica con inteligencia artificial qué zonas de las fincas se están «matorralizando» y un dron sincronizado, por tierra, efectúa los desbroces. Hay algoritmos que indican cuándo hay que echar fertilizante o advierten de riesgos de enfermedades. O aplicaciones, como la que proviene de Lituania y que se probará en Asturias, que «escucha» a las colmenas y puede predecir su evolución o qué peligro de enfermedad existe. También otros desarrollos para mantener a raya a la fauna salvaje que pueda afectar a cultivos o rebaños mediante el uso de cámaras o drones para detectar su presencia y algoritmos que generen sonidos que los ahuyente. Hay sistemas de identificación de ADN para saber qué grado de biodiversidad generan determinadas explotaciones en su entorno o drones que chequean el estado de los viñedos.

Las aplicaciones parece que no se terminan: sensores (a modo de pulseras digitales) que pueden llevar los trabajadores de plantaciones de naranjas para prevenir golpes de calor o «goteros» automatizados que permanecen inyectados en determinados árboles aportando fitosanitarios o nutrientes en el momento preciso…

Innovadores

Hay desarrollos casi llegados del futuro pero, contra lo que pudiera pensarse, son recibidos con los brazos abiertos entre los empresarios del campo. Emilio Tereñes pone un ejemplo que tumba la imagen de un campesinado refractario al cambio: «Trajimos a un encuentro a una profesora que lleva 20 años trabajando en la Universidad de Dublín con tecnología de drones para viñedos. Tuvimos que hacer traducción en vivo, las jornadas eran en Llanes y había ganaderos de carne. Sinceramente, yo me preguntaba qué podía interesarles a ellos esa tecnología de drones para viñedos y, además, con traducción del inglés. Pues, al final, dejamos sin contestar todas las preguntas que hubo porque, si no, ella no llegaba a coger el vuelo. Ellos mismos ya le propusieron cómo se podría adaptar aquello para monitorear pastizales. Ellos están viendo todos los días los problemas que hay en el campo, la falta de tiempo, problemas de seca… y pueden imaginar que haya un vuelo de dron que vea los pastos, que te haga una previsión de los bolos de hierba que vas a tener y de cuánto pienso tienes que comprar».

El coordinador de este programa de «Guardians» añade: «En el campo hay gente maravillosa que no para de implicarse y tirar para adelante, por eso el proyecto se llama así. Porque son los guardianes del territorio, son las personas de las que dependemos para mantener los pueblos en los que algunos locos todavía queremos vivir».

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