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Habla un ovetense que lleva 40 años en Ceuta: "Es como si estuviéramos sitiados; todos los comercios tienen al Ejército en la puerta"

"Imagina que 200.000 personas entraran sin control en Oviedo y se quedaran 25.000 viviendo por la ciudad", expresa el marino asturiano, que narra la preocupación de los ceutíes y su sensación de "abandono"

Un grupo de migrantes, tratando de subir a un autobús anoche

Un grupo de migrantes, tratando de subir a un autobús anoche / V. M.

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Nacho Blanco

“Ahora mismo veo 8, 9, 10, 11, 12... al menos 20 chavales que están en una tienda esperando para cargar el móvil”. Así describe la situación de Ceuta, mientras camina por sus calles, el ovetense Vicente Merayo. Una buena parte de las 80.000 personas que cruzaron la frontera con Marruecos el pasado 30 de julio ya ha abandonado la ciudad autónoma, pero aún permanecen entre 8.000 y 10.000 migrantes en la población, según estimaciones oficiales. A pesar de que la situación se ha atenuado, la tranquilidad de la que gozaba Ceuta ha desaparecido. “La vida ha cambiado”, sentencia Merayo.

Él ha visto de todo: Estados Unidos, Angola, Sudáfrica, Japón, numerosas islas del Pacífico... Su carrera de marino le ha llevado a conocer medio mundo, por lo que explica que está habituado a la aventura. Pero esto es inédito para él. “La gente está preocupada, sobre todo los que tienen hijos. Es como si 200.000 personas entraran sin control en Oviedo y se quedaran 25.000 viviendo por la ciudad”, expresa para dar una idea de lo sucedido.

El ovetense Vicente Merayo.

El ovetense Vicente Merayo. / LNE

Tras trabajar como capitán en la línea de ferri que une Algeciras con Tánger y Ceuta, Merayo se casó en la ciudad autónoma y ya lleva 40 años viviendo en ella. “La población se había habituado a una seguridad y una tranquilidad constantes, pero eso ha cambiado. Estas cosas son imposibles de imaginar”, señala.

“Es como si la ciudad estuviera sitiada”

Tanto en las afueras como en el centro de Ceuta, donde reside Merayo, muchas de las tiendas que habían cerrado durante los primeros días de crisis migratoria ya han reabierto sus puertas, pero no con normalidad. “Todos los comercios tienen al ejército a la puerta, que dejan pasar a los migrantes en función de cuántos sean y del plan en el que vengan. Es casi como si la ciudad estuviera sitiada”, describe.

De momento, los migrantes siguen recorriendo las calles de la ciudad buscando, entre otras cosas, sitios para cargar sus teléfonos, pero su escaso conocimiento de castellano complica la situación: “Ya hay sitios en los que les dejan cargarlo, pero muchos no hablan nada de español. El otro día me encontré con una chica sola de unos 14 o 16 años que no sabía el idioma e iba diciendo que quería 'maa, maa'. Estaba pidiendo agua. Aún no ha habido agresiones graves a nadie, pero a este paso igual pasa algo”.

Imagen de una de las tiendas de la ciudad, abarrotada

Imagen de una de las tiendas del centro de la ciudad, abarrotada / V. M.

Una ciudad que se siente “abandonada”

Además, la respuesta a la grave crisis por parte del Gobierno central ha provocado cesazón entre buena parte de la población ceutí: “Hay una impresión general de que han abandonado a la ciudad y no se toma ninguna medida”. Además, Merayo hace hincapié en que la situación aún es sostenible gracias a la época del año. “Ahora todavía hay buen tiempo y no hay colegio, pero cuando los días se acorten va a haber un montón de guajes y guajas que salen a las siete de la tarde de clase, ya de noche. Ahí habrá que tener cuidado”, avisa.

Asimismo, hay algunos espacios, como la playa, en los que la población no se siente cómoda. “La gente se ve intimidada. Yo soy muy de playa y, si quieres coger una sombrilla, no puedes porque muchos las utilizan para dormir. Lo mismo con las duchas... A nivel turístico, se han cargado esto”, narra. Otro de los problemas que ha comenzado a manifestarse durante los últimos días ha sido un incremento en los casos de sarna o de piojos, lo que hace aumentar para Merayo y miles de ceutíes la sensación de "abandono" y hastío.

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