Una mujer de tango y dinamita: la argentina que contó la revolución asturiana del 34 y fue la primera letrista del género de Gardel
María Luisa Carnelli (1898-1987), cuyas crónicas sobre la comuna de octubre se reeditan ahora, abrió camino a las mujeres como corresponsal de guerra y también en el género musical más argentino, cuyos enfoques renovó
Fue una militante comunista ortodoxa que recorrió en 1935 unas Cuencas “infectadas de militares, tricornios y fusilería ”y que estaba convencida de que la insurrección de los mineros habría triunfado si sus líderes hubieran tenido la "audacia bolchevique"

Ilustración de María Luisa Carnelli creada con IA a partir de un retrato de la autora argentina publicado en la prensa de la época.
Tango y dinamita. Este extraño binomio -cuyos términos nunca se mezclaron- define la vida y la obra de la escritora, poeta y periodista argentina María Luisa Carnelli (La Plata 1898-Buenos Aires 1987), que pasa por ser la primera mujer letrista de conocidos tangos (dos de ellos popularizados por Gardel) y, además, una combativa militante comunista que visitó Asturias en 1935 para narrar los hechos revolucionarios de octubre del año anterior y la represión que, en esos momentos, estaba aplicando con ferocidad el Gobierno de derechas de la II República sobre los protagonistas de la insurrección minera.
Todo eso, y el análisis de los motivos que llevaron a aquel estallido obrero, lo dejó escrito María Luisa Carnelli en la obra “UHP. Mineros de Asturias”, que acaba de ser reeditada y que próximamente estará en las liberarías de la mano de la Editorial Almud, que la ha incluido en su Biblioteca Añil Feminista. Acompañan al texto histórico varias aportaciones de distintos historiadores, como Carmen Suárez (ex consejera de Educación del Principado y directora de la Fundación Barreiro), Ernesto Burgos (colaborador habitual de LA NUEVA ESPAÑA), Rafael Flores, Oliva Blanco y Marisa Manchado. El libro también cuenta con ilustraciones de Alfonso Zapico.

María Luis Carnelli y, primero por la izquierda, Raúl González Tuñón, con varios militares en el frente de Madrid, durante la Guerra Civil. La imagen corresponde al periódico argentino "La Nueva España", de los que ambos eran corresponsales en la contienda española. / "UHP. Mineros asturianos"
“Tango y dinamita” es el título que, en este libro, llevan los estudios dedicados a la vida y la obra de Carnelli. Son dos términos que marcaron su vida, pero que nunca se mezclaron. Nunca en sus letras introducía sus ideas comunistas. De hecho, casi ni mostraba su verdadera identidad. Firmaba sus letras como Mario Castro, el nombre de su hijo, o como Luis Mario, masculinización invertida de su propio nombre. Primero lo hacía para ocultarse de su padre, un severo conservador que renegaba del género. Después, eran los propios músicos quienes se avergonzaban de que una mujer firmara la letra de sus composiciones.
Cuenta Oliva Blanco en esta redición de la obra “UHP. Mineros de Asturias” que Carnelli fue una renovadora del género y “reformuló de manera original temas convencionales del tango”, como el amuro (el abandono del hombre por parte de la mujer), la milonguita (historia de una ingenua joven de barrio que encuentra su perdición en el centro de la ciudad) o el compadrito, que alude a los jóvenes arrabaleros de modesta posición social.
El lunfardo, como se habla en los tangos
Al escribir sus letras de tangos, esta autora argentina demostró tener un hábil manejo del lunfardo, la jerga que caracteriza el género musical más argentino. El lunfardo se originó en la región del Río de la Plata, inicialmente entre la delincuencia. Después pasó a las clases bajas y más tarde se fue extendiendo gracias, precisamente, a las desgarradoras historias que contaban los tanguistas. Rafael Flores Montenegro en esta reedición, que en las letras de Carnelli “hay una vindicación sin tibieza de los hechos del arrabal, la voz de la realidad, el tono y los dichos de los personajes que lo habitaban”. Los tangos nunca reflejaron su activismo comunista. Y había en esas letras otra contradicción: los protagonistas de sus desgarradas historias casi siempre eran hombres.
Carnelli, una feroz revolucionaria comunista, como luego se verá al hablar de sus escritos acerca de la comuna asturiana, tenía razones para plegarse a las reglas del juego masculinas en el mundo del tango porque, según propia confesión, haber escrito “Cuando llora la milonga”, una de sus obras más populares, que cantó Gardel, le había dado más plata que toda su obra literaria, ocho libros de poesía y narrativa. En el tango encontró también a quien fuera su compañero sentimental hasta 1943, el año en el que él falleció. Se trataba del escritor, letrista de tangos, poeta y periodista Enrique González Tuñón, que junto con su hermano Raúl alcanzaría cierta notoriedad literaria en su época en Argentina. Ambos, tal y como ya habrá sospechado el lector por sus apellidos, procedían de una familia de emigrantes asturianos.
Un libro secuestrado por la dictadura argentina
"UHP" consta de tres partes: los antecedentes históricos de la revolución, un relato documentado de los sucesos de octubre y en la tercera, una detallada denuncia de la represión posterior. Este libro fue secuestrado en Argentina, durante la dictadura del militar Pedro Pablo Ramírez entre 1943 y 1944.
Carnelli estará en España entre 1935 y 1938, aunque con una breve estancia intermedia en Argentina. Además de enviar sus crónicas a varios periódicos argentinos –entre ellos uno creado en 1936 para luchar contra el fascismo y llamado “La Nueva España”- también mantendrá una activa colaboración con el Socorro Rojo Internacional. En el frente será herida tres veces.
A Carnelli, tal y como subraya la historiadora Carmen Suárez, “le cabe el honor de haber sido una de las primeras mujeres que abrieron camino, como corresponsal de guerra, a otros muchos estudios” sobre la revolución de octubre de 1934. Fue una de las primeras que publicó un libro sobre lo ocurrido en la comuna asturiana “junto con la obra canónica de Manuel Grossi Mier, ‘La insurrección en Asturias’, de 1935”, apunta Suárez.

María Luisa Carnelli / .
La presencia y visión femenina de Carnelli es importante en el contexto de un acontecimiento histórico en el que, como incide Carmen Suárez, las mujeres fueron silenciadas. Como si ninguna asturiana hubiera vivido y sufrido la revolución de octubre. “De momento, casi nada sabíamos de las mujeres excepto el icono tantas veces nombrado de Aida Lafuente Penao”.
Las crónicas de Carnelli, que tienen un indudable aroma poético, se escriben también desde una clara intención de adoctrinamiento comunista, pero como añade Carmen Suáerez “aportan datos muy significativos de los acontecimientos de 1934”.
Llega una espía a Tuilla
Cuando llegó a Asturias, tal y como recoge en sus crónicas, Carnelli fue tomada por una espía. Ernesto Burgos en un texto recogido en esta edición –procedente de un artículo publicado con anterioridad en LA NUEVA ESPAÑA- destaca que la condición femenina de esta autora convertía aquel periplo por la Asturias postrevolucionaria en “una arriesgada aventura”.
El primer contacto que tuvo con las Cuencas fue el apeadero de Tuilla. Según consigna en su texto. María Luisa Carnelli se encontró unas comarcas “infectadas de soplones, de fuerzas militares, de tricornios y fusilería”. La máquina represiva estaba funcionando a todo lo que daba.
La escritora argentina no esconde su militancia comunista, ni renuncia a enjuiciar a los dirigentes socialista del 34 y ni culparlos del fracaso de la insurreción. Lamenta que el levantamiento solo hubiera fraguado en Asturias. “Faltó la organización necesaria para impulsar y dirigir a las masas en la lucha”, escribe. Y añade: “Además de no existir el frente único proletario de combate, no se hizo campaña insurreccional entre los campesinos, razón por la cual estos no participaron en la revolución. No se actuó en base a un programa revolucionario. Faltó en la dirección socialista temple, audacia, decisión y agilidad bolchevique”. Comunista ortodoxa, culpa de “traición” tanto a los “jefes reformista sindicales de UGT”, que “se inhibieron al principio e hicieron cuanto pudieron para sabotear el movimiento”. Lo mismo les recrimina a los anarquistas sobre el fracaso de la huelga en Barcelona.
"Lo que dice todo el mundo"
En “UHP”, acrónimo del famoso lema de unidad obrera (“Uníos hermanos proletarios”), Carnelli también recoge una escena, que sitúa en la pensión de Sama de Langreo donde se alojó -la “Fonda Vallina”-. Se trata de una partida de tute en la que está representada “la burocracia del pueblo”, encarnada por un empleado de banco, otro de la alcaldía, un cura y un aspirante a notario. Uno de ellos, al que describe como “un reaccionario fanático”, trata de trasladarle su visión de los estragos que causó la revolución de octubre para que a la periodista “no le den gato por liebre”. Así, le habla de “niños con los ojos arrancados, frailes y curas desollados y expuestos en los ganchos de las carnicerías, mujeres violadas, monjas sometidas a torturas”. La autora argentina no traga: “Delirios imaginativos”, escribe. E ironiza sobre el particular: “Sade y Torquemada redivivos campando por las calles de Oviedo y por los pueblos y aldeas de toda Asturias”. Le pide pruebas a su interlocutor. No las tiene. Él dice que es cierto porque “lo dice todo el mundo”.

Carnelli con González Tuñón y dos militares en el frente de Madrid durante la Guerra Civil. / .
Sangre, dolor y locura
La segunda parte de “UHP” está dedicada a pormenorizar los combates que se produjeron entre el 5 y el 19 de octubre de 1934 en Asturias. Y la tercera parte, está dedicada a consignar las consecuencias, la represión. Escribe: “En todas las prisiones de Asturias, en los cuarteles y conventos convertidos en cárceles, gotea aún la sangre rebelde de los torturados, ayer de dolor, gritos de locura, estertores de muerte hacen estremecer de horror los viejos muros y el frío enlosado de las celdas”.
Carnelli no ahorra páginas para describir los castigos recibidos por los protagonistas de la revolución asturiana y sigue, en su mayor parte, lo contenido en el informe remitido al presidente de la II República, Niceto Alcalá-Zamora, por parte del diputado y exministro leonés Félix Gordón Ordás, del Partido Republicano Radical Socialista. De hecho, lo transcribe ampliamente. Comienza así: “Es considerable la cifra de personas asesinadas por elementos de la fuerza pública durante la represión en las provincias de León, Palencia y Asturias sin según ningún procedimiento legal ni atenerse a ninguna norma de guerra”. Refiere, entre otros casos de muertes o torturas, el de Javier Bueno, director del periódico “Avance”, “al que hicieron cavar su propia tumba en el patio del cuartel· de los Guardias de Asalto, “donde comenzaron sus tormentos”. Habla también, ateniéndose a ese informe, de las “razzias” en Villafría, en Oviedo, a cargo de las tropas Regulares.
La hermana de Aida Lafuente
La escritora argentina se hace eco también de otro informe redactado por los propios presos en la Cárcel Modelo de Oviedo, sobre lo sucedido en el interior de la prisión a partir del fracaso de la revolución. Entre otros muchos casos, en ese texto de denuncia pública aparece mencionada Maruja Lafuente Penaos, hermana de Aida, la víctima que se convirtió en el gran símbolo de la Comuna asturiana. En el informe, los presos aseguran que la obligaron a desnudarse “delante de las fuerzas que le tomaron declaración”.
Carnelli, sin mencionar de dónde ha salido la información, se extiende más. Cuenta que a Maruja la han sentenciado dos veces a muerte y que ya ha pasado por un simulacro de fusilamiento. Espera la muerte en la cárcel ovetense. “Pero no es la idea de la muerte lo que la tortura”, puntualiza la periodista argentina. “Lo que la atormenta es estar allí, vejada, insultada de palabra y de intención, semidesnuda bajo la mirada de los moros que soslayan su juventud”.
Te toca, mocita
Escribe la autora argentina que “un teniente o un capitán” del ejército se le acerca y le dice que esta vez sí será su hora. “Ahora te toca a ti, mocita”. Se mofa de ella por llorar y Maruja, según lo que relata la comunista argentina, le responde con brío: “Sí, lloro, pero no de cobardía; lloro de indignación y de asco, ¡perro!”. Como respuesta, el oficial le salta un diente con la culata de su revólver. Entonces aparece un teniente del Tercio, que intercede. Lo que Carnelli recoge en “UHP” es que se trata el mismo oficial (de la Legión) que en (San) Pedro de los Arcos diera la orden de disparar sobre Aida Lafuente”. En esta ocasión, en cambio, se quita el abrigo y tapa a Maruja, que está semidesnuda.
La escritora argentina recoge a continuación una declaración del teniente, pero sin aclarar cuáles son sus fuentes. La apasionada militancia comunista de la autora hace poner en cuarentena la declaración que la atribuye al propipo legionario que mando ejecutar a “La rosa roja de Asturias”. Escribe Carnelli que este oficial explicó así su gesto salvador sobre Maruja: “Ví morir a la otra (Aida), yo mismo di la orden de disparar sobre ella. Era la criatura más valiente que he conocido. Guardo su pañuelo salpicado de sangre, en un extremo lleva bordado en relieve el rostro de Lenin”. Carnelli añade que Aida Lafuente “había recibido ese pañuelo en la Rusia Soviética, testimonio del afecto de sus camaradas”. No hay constancia de que la joven militante de las Juventudes Comunistas que murió en combate con 19 años, el 13 de octubre de 1934, haya estado en la Unión Soviética.
La segunda República Soviética que nunca llegó
María Luisa Carnelli termina su libro sobre la comuna asturiana con una encendida profesión de fe revolucionaria: “La masa minera, que hoy aparece apagada y taciturna bajo el temporario poder de la carabina y del machete, tiene una pavorosa semejanza con esa masa de mineral, apagada también y silenciosa, que descansa en la profundidad de la tierra. Pero, así como ésta, transformada en roja brasa, será luego luz, calor y energía, también aquella, conectada a través de las Alianzas Obreras, se transformará de nuevo en esa masa latente y ardorosa que ha de luchar y morir para darle en tributo al mundo la segunda República Soviética”. La escritora argentina profetiza a renglón seguido que, llegado ese momento, todos los obreros de España se unirían a los mineros asturianos.
Rubricaba esas palabras en enero de 1936. Solo seis meses después, el 18 de julio, se producía la sublevación militar en África. La segunda República Soviética, como ya se habrá percatado el lector, nunca llegó.
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