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Vuelve el sportinguista volador: primer viaje de la temporada y primera desilusión

El primer partido de la temporada mostró un equipo sin ideas, sin ritmo, sin personalidad y completamente fuera de sitio. Era un Sporting que parecía no haber cambiado respecto al de la temporada pasada y que, por momentos, transmitía incluso peores sensaciones

Un momento de encuentro entre el Sporting y el Sabadell.

Un momento de encuentro entre el Sporting y el Sabadell. / Marcos León / LNE

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Diego Álvarez Bada

Diego Álvarez Bada

Diego Álvarez Bada trabaja como sobrecargo de aviación en la línea bandera de México. Es fundador y presidente de la peña "La villa de Quini", la primera y la única peña sportinguista oficial en México y fuera de España. Hasta diez veces al año vuela a España para ver los partidos del Sporting.

Después de tres meses de parón, de un verano largo y de un Mundial de por medio que terminó con España levantando la Copa, esta última semana había vuelto a aparecer ese gusanillo que siempre termina regresando cuando se acerca el inicio del Sporting. Había vuelto la ilusión.

Un verano de muchos cambios, numerosos fichajes y un nuevo entrenador argentino, con experiencia en México en equipos como Puebla, Necaxa y Cruz Azul, donde llegó a ser superlíder antes de su inesperada salida. Había dudas, claro. Era su primera experiencia en España y además apostaba por un sistema de cinco defensas y carrileros que el Sporting apenas había utilizado. Pero había ganas de comprobarlo.

Por eso hice el primer viaje de la temporada. Un largo desplazamiento desde México hasta Madrid por trabajo como tripulante aéreo, después el tren a Gijón y, apenas unas horas más tarde, El Molinón. Todo para volver a encontrarme con el Sporting.

Y la decepción no pudo ser mayor.

Lo que encontré fue un equipo sin ideas, sin ritmo, sin personalidad y completamente fuera de sitio. Un Sporting que parecía no haber cambiado respecto al de la temporada pasada y que, por momentos, transmitía incluso peores sensaciones.

Enfrente estaba un Sabadell recién ascendido que, sin hacer un partido extraordinario, fue mejor. Tuvo un penalti en el minuto 12 para adelantarse y, aunque lo falló, el Sporting ni siquiera reaccionó. Hubo una ligera mejoría tras el descanso, pero desapareció rápidamente. Pocas ocasiones, demasiados balones largos y prácticamente nada de aquel fútbol que se había anunciado durante la pretemporada.

Además, la lesión de Hugo Guillamón, uno de los fichajes llamados a ser importantes, apenas dos minutos después de entrar al campo, terminó de completar un estreno para olvidar. Y a todo esto hay que añadir la ausencia de Douvikas, máximo goleador y uno de los mejores jugadores del Sporting durante los últimos años.

Sé que es solamente la primera jornada. Sé que hay entrenador nuevo, jugadores nuevos y que los proyectos necesitan tiempo. No sería justo dictar una sentencia después de un solo partido.

Pero el problema ya no es solamente este partido.

Es el hartazgo.

Es la sensación de que llevamos demasiado tiempo esperando que algo cambie y de que cada temporada volvemos a empezar con ilusión para terminar perdiéndola poco a poco. Esta vez, ni siquiera ha hecho falta esperar demasiado.

Y eso duele especialmente a quienes hacemos un esfuerzo enorme por estar ahí.

Porque para muchos aficionados acudir a El Molinón significa vivir cerca, comprar una entrada y desplazarse unos kilómetros. Para quienes seguimos al Sporting desde México significa cruzar un océano, cuadrar vuelos, aprovechar viajes de trabajo, coger trenes y llegar a Gijón con apenas unas horas de margen. Significa dinero, tiempo, cansancio y, sobre todo, ilusión.

Y cuando haces todo eso, esperas encontrar algo que justifique el esfuerzo.

No exigimos ganar siempre. Ni siquiera exigimos ascender cada temporada. Exigimos sentir que el equipo está a la altura del esfuerzo de su gente.

Y ahora mismo cuesta sentirlo.

El club lleva demasiado tiempo pidiendo paciencia, pero la paciencia también se desgasta. Hay problemas que se repiten, decisiones que generan dudas y una sensación permanente de que las cosas no terminan de cambiar.

No quiero ser ave de mal agüero. Quedan muchos meses y ojalá este partido sea solamente un mal comienzo. Ojalá el entrenador encuentre la fórmula y este Sporting nos devuelva pronto la ilusión.

Pero después de hacer un viaje tan largo para volver a encontrarnos con lo mismo, uno termina preguntándose hasta cuándo.

La temporada apenas comienza. La paciencia, en cambio, lleva mucho tiempo terminándose.

Y esta vez, desde México, volver a hacer las maletas para seguir al Sporting ya no parece una ilusión. Empieza a parecer un esfuerzo que el club tendrá que demostrar que merece.

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