Valentín Martínez-Otero, presidente del Centro Asturiano de Madrid: "Defiendo que habría que asturianizar España, exportando lo mejor de nosotros mismos pero sin caer en el nacionalismo"
"Los asturianos somos inclusivos y abiertos, porque no tenemos un único modo de sentirnos parte de nuestra región"
"El arraigo no es trinchera, sentirse de un lugar no implica levantar un muro"

Valentín Martínez-Otero. | LNE
Valentín Martínez-Otero (Oviedo, 1963) es el presidente del Centro Asturiano de Madrid, la ciudad que es considerada el quinto concejo de Asturias, donde hay más de 40.000 nacidos en el Principado. Martínez-Otero lleva en la capital desde que tenía 12 años, es doctor en Psicología y Filosofía y profesor en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid. Con un discurso pausado y sosegado, en el actual contexto de polarización política y social tiene una idea que explica en esta entrevista.
Defiende que sería bueno asturianizar España. ¿Qué significa exactamente eso?
Asturianizar España es ofrecer lo mejor de Asturias al resto de España. ¿En qué sentido? Dar lo mejor de nosotros mismos y promover un sentimiento interregional fraterno. Asturianizar se basa en tratar de promover un sentimiento positivo en tiempos de nacionalismos divisivos. Admito que es una expresión un tanto provocadora.
¿Por qué?
Para mí se trata de impulsar el arraigo por la propia tierra, algo que sucede en Asturias, extendiéndolo hacia todas las comunidades, pero sin cerrarse a nada y reafirmando una españolidad que tampoco tiene porque dividir. Es importante tener una identidad inclusiva, abierta y que conviva, algo que escasea. No podemos olvidarnos de la tradición y abrirnos al futuro.
Los asturianos tienen un sentimiento de pertenencia muy fuerte a su comunidad, pero también hacia su país, según estudios sociológicos. ¿Cómo lo analiza?
Tiene que ver con nuestra formación familiar y escolar. En los nacionalismos influye mucho la escuela. De alguna manera, los asturianos tenemos una identidad equilibrada y sana. El nacionalismo me parece lo contrario. Nuestra historia nos lleva a sentirnos asturianos, españoles y también europeos. En alguna ocasión he escuchado esa expresión de "tanto más asturiano cuanto más español, y tanto más español cuanto más asturiano". Es compatible e indisociable.
Defina algo tan subjetivo como la identidad asturiana.
Inclusiva, abierta, convivencial... Una identidad arraigada a la tradición, pero comprometida con el futuro y el presente. Desde un punto de vista psicológico, identifico la identidad como unidiversa: es identitaria, pero diversa. Algo tan obvio a veces se pasa por alto. No hay un único modo de ser asturiano o asturiana, cada uno contribuye a su manera, y no por ello dejamos de sentir o querer Asturias por igual. Incluso está esa identidad recreada desde el exterior, de los asturmexicanos, asturargentinos, asturcubanos o asturmadrileños. La identidad nos permite dar entrada a diferentes vertientes sin quedarnos atados a una única vertiente que nos empobrezca. El arraigo no es trinchera y sentirse de un lugar no implica levantar un muro.
Hay otra paradoja: la lengua asturiana, que no es oficial
La lengua es fundamental, pero es una cuestión controvertida en nuestro caso, porque se juntan intereses políticos y partidistas. De alguna manera, lo que tenemos que evitar son las imposiciones, pero que sea Asturias la que decida con naturalidad sobre su lengua y su futuro.
¿Por qué cree que los asturianos son tan críticos con nuestra propia tierra?
Sí, lo somos, y en cierto modo es lógico. El que está en Asturias vive el día a día, en la calle, en el trabajo o con sus amigos y quizá tiende a criticar. El que está fuera, forzado por la necesidad, o por otras circunstancias, trata de rescatar lo más positivo y surge ese sentimiento de añoranza, que es la señaldá.
¿Los asturianos son ‘grandones’?
Un poco sí. El asturiano es un poco ‘grandón’, porque a veces le falta perspectiva, pero la realidad migratoria le hace poner los pies en el suelo y calibrar las cosas con mayor medida. En general, somos un poco ‘grandones’ con nuestra tierra, exagerando ciertas virtudes.
Vive en Madrid, donde residen más de 40.000 asturianos. ¿Cómo nos ven desde fuera?
Tenemos una buena imagen. El asturiano es bien considerado por el resto de españoles ¿Por qué? Porque nos asocian con una comunidad acogedora, con una región apacible, que quiere a España y que recibe de buen grado a todo el que la visita. En ese sentido hay una buena imagen, sin duda de las mejores. No me sorprende que la tengamos, pero eso no ha de llevarnos a abandonar la autocrítica.
¿Nota que cada vez más asturianos que viven fuera quieren volver?
Notamos ese fenómeno y se ha comentado mucho últimamente. De alguna manera tiran las raíces. Madrid es una gran ciudad, la capital, con muchas oportunidades, pero el ritmo de vida no es fácil, hay mucho estrés. Están los ruidos, los precios, la vivienda...El asturiano de Madrid busca la naturaleza, la ruralidad y el descanso y quizá un ritmo de vida más pausado. Madrid tiene más oportunidades que Asturias, pero el ritmo devora. Eso pesa y genera estrés, por lo que no me sorprende que muchos asturianos, especialmente los jóvenes, se planteen volver. A eso se añade el factor climático, ese calor tan terrible y el hecho de que Asturias sea considerada un refugio climático.
¿Estamos de moda, como dice el Gobierno regional?
Es verdad que estamos de moda, porque reunimos las características adecuadas.
¿Cuáles son nuestras debilidades?
Veo que Asturias, en cierto modo, está eclipsada en el plano sociopolítico y económico. No tenemos mucha relevancia por el protagonismo perverso que asumen otras comunidades y por toda la crisis socioeconómica que atraviesa el Principado desde hace décadas. Por eso hay cierto pesimismo. A veces da la impresión de que Asturias ha perdido peso en el conjunto de España y que no somos suficientemente conscientes de nuestra capacidad para intervenir en el debate nacional. Y eso enlaza también con la idea de asturianizar España.
El Centro Asturiano de Madrid, que preside desde 2013, puede ayudar a asurianizar. ¿Cómo está?
El Centro Asturiano está bien, pero nos gustaría que estuviese mejor. Nos gustaría tener más capacidad de atracción de socios asturianos, jóvenes en una franja amplia de edad que proyecten lo que esta institución centenaria es hacia el futuro. Está bien desde el punto de vista económico, pero nos gustaría dar más vida a la finca de recreo (la Quinta de Asturias), que necesitaría potenciarse.
¿Cuáles son los principales retos?
Que los asturianos que hay en Madrid se vinculen con el Centro del modo que sea. La verdad es que nos cuesta llegar a la gente más joven, pero no solo a nosotros. Tenemos una dificultad compartida para la captación con otras casas regionales.
¿Cuál es el secreto para que el Centro Asturiano se haya mantenido durante tantos años?
Vamos a cumplir 145 años de vida y ahí seguimos, por algo será. El secreto es el trabajo de todas las juntas directivas, muchos socios anónimos y el amor a Asturias de los asturmadrileños. Eso lo explica, porque las dificultades han sido muchas y siguen siéndolo. El Centro resiste.
Ve la evolución de los jóvenes desde las aulas. ¿Es optimista con el futuro?
Veo las nuevas generaciones con esperanza, pero muy cambiadas respecto a otras anteriores. El tiempo pasa rápido y no somos conscientes.
Ponga ejemplos.
El hábito lector se está perdiendo, es una realidad, debido al manejo continuo de las nuevas tecnologías. También noto cierto escepticismo entre los alumnos por todos los cambios políticos y económicos que se producen. Hay también una pérdida de reposo para las relaciones y el trabajo intelectual.
¿Las nuevas generaciones están muy politizadas?
Hay un cierto sector que sí los veo politizados, minoritario, pero significativo. Tuve grupos de alumnos hace unos años más politizados que ahora, pero está presente este fenómeno de la polarización y la politización. Algunos se significan sin tener suficientes datos y eso es peligroso, porque hasta el más pintado puede ser engañado.
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