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La exposición de Alfonso Palacio en el Prado ya apunta a los 100.000 visitantes

«Prado. Siglo XXI» cerrará el 27 de septiembre con un Picasso que pasará de depósito a donación y otras 97 obras incorporadas desde el año 2000

Una de las salas de la exposición

Una de las salas de la exposición

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«Prado. Siglo XXI», la exposición comisariada por el gijonés Alfonso Palacio y Elena Cenalmor, ha recibido hasta ahora alrededor de 75.000 visitantes y encara su último mes con la previsión de alcanzar entre 90.000 y 100.000. La muestra cerrará el 27 de septiembre. Palacio es director adjunto de Conservación e Investigación del Prado desde febrero de 2025, tras haber dirigido durante casi doce años el Museo de Bellas Artes de Asturias.

La muestra llega al final con una novedad que resume el carácter vivo de las colecciones. El «Busto de mujer», de Pablo Pi casso, llegó a las salas como depósito de American Friends of the Prado Museum. La organización ha anunciado que donará la obra, por lo que el Prado pasará a ser su titular. El cambio se produce mientras la pieza forma parte de una exposición dedicada a explicar cómo se ha enriquecido y transformado la institución durante el último cuarto de siglo.

Abierta desde el 9 de junio en las salas C y D del edificio Jerónimos, «Prado. Siglo XXI» reúne 98 obras seleccionadas entre las más de 14.000 incorporadas a los fondos desde el año 2000. Pinturas y esculturas conviven con documentos, fotografías, audiovisuales, publicaciones y datos que permiten reconstruir la evolución de la institución en 25 años. La procedencia de cada pieza –adquisición, donación, legado o depósito– forma parte del relato.

El propósito, explica Palacio, era «hacer transparente la estructura interna de un museo» y mostrar un trabajo que permanece oculto al visitante. El recorrido permite conocer la labor en con servación, restauración, investigación, educación, comunicación y edición, y seguir la evolución de la museografía. Las telas adamascadas, las peanas, la iluminación o las cartelas sirven para mostrar los cambios del Prado más allá de las obras que cuelgan de sus paredes.

Una parte del relato corresponde a la aprobación de la Ley del Museo Nacional del Prado de 2003. La norma convirtió la pinacoteca en un organismo autónomo y le proporcionó una capacidad de gestión decisiva para dejar atrás la situación que Palacio define como la del «enfermo crónico de los museos de Europa». El centro ha reforzado su autonomía, su proyección internacional y su actividad científica.

El crecimiento tampoco se ha limitado a las colecciones. El Prado ha dejado de identificarse con el edificio de Villanueva para conformar un campus de 76.000 metros cuadrados que incluye los Jerónimos, el Casón del Buen Retiro y el futuro Salón de Reinos. Palacio considera la incorporación de este espacio «el hito de gestión más importante a consumar en los próximos años». Allí se mostrarán piezas relacionadas con su antigua función y se abrirá una sala de exposiciones temporales.

La ampliación vendrá acompañada de otros desafíos. Entre 2026 y 2032 comenzarán a jubilarse conservadores y responsables de colecciones, por lo que será necesario incorporar nuevos profesionales y facilitar que convivan con los veteranos para asegurar la transmisión del conocimiento. El museo pretende, además, reforzar su papel investigador, desarrollar su Centro de Estudios y poner en marcha un programa para formar conservadores destinados a instituciones de todo el país. Las nuevas tecnologías serán otro de los grandes campos de trabajo.

Todo ello deberá hacerse sin perder de vista al público. El Prado cerró el pasado año con 3,5 millones de visitantes y quiere mejorar la experiencia de quienes recorren sus salas, más que continuar au mentando indefinidamente las cifras. «Estamos en un punto de crecimiento, de desarrollo, de evolución continua», sostiene Palacio.

La exposición que recorre esa transformación terminará el 27 de septiembre, pero su desenlace evita cualquier impresión de cierre. El futuro Salón de Reinos, la renovación de los equipos y la do nación del Picasso muestran que el Prado continúa construyéndose mientras cuenta su historia

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