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El campo asturiano, ante sus retos futuros

Sector primario y también prioritario: el agro asturiano se revuelve para reivindicar su viabilidad

Cuidar la industria agroalimentaria, guiar el relevo generacional, garantizar la rentabilidad y facilitar el trabajo, claves para reconducir la profunda crisis del medio rural asturiano

Vacas lecheras pastando en una finca de Posada de Llanera. | Luisma Murias

El medio rural asturiano se ha puesto de moda para vivir, para emprender y, por supuesto, para hablar de él. Porque el futuro de sus ganaderos y agricultores pende de un hilo, algo de lo que vienen avisando ellos mismos desde hace unos años. Ahora la situación se ha agravado en los últimos meses con el encarecimiento de los costes de producción, la crisis de materias primas, la guerra de Ucrania... Nada que no se sepa ni que se haya hecho visible con la gran manifestación en Madrid de hace algo más de un mes, donde miles de productores de toda España salieron a la calle a reclamar no ya tanto medidas y apoyos, sino algo más sencillo: que les dejen trabajar y les faciliten las cosas con menos normativa, menos burocracia y menos cargas fiscales.

El debate en torno al futuro del sector primario está servido. Toca hablar del campo, o del medio rural, o del pueblo, o de la aldea... Porque para empezar genera ya discusión cómo referirse al mismo, ya que el uso de un término u otro lleva implícito un posicionamiento, una forma distinta de ver y abordar la cuestión. Hay muchos retos y LA NUEVA ESPAÑA ha preguntado a conocedores y estudiosos del sector, así como a sus protagonistas, su valoración.

El campo asturiano, ¿en agonía permanente?

Los líderes agrarios Mercedes Cruzado (Coag) y Ramón Artime (Asaja) rechazan tal afirmación y advierten que lo que hay es una crisis concreta, como nunca vista, a la que hay que meter mano. Juan Antonio Lázaro, gerente del grupo de desarrollo rural del Bajo Nalón, es optimista. “Hay elementos que permiten serlo. El gran margen de desarrollo que la agricultura tiene en Asturias o la orientación de las explotaciones ganaderas hacia el extensivo de calidad como sugiere la UE, y no tan solo el bovino, son dos aspectos clave”, sostiene. Ve dos hándicaps: las dificultades de acceso a la tierra y la falta de relevo generacional, que se deben afrontar “legislativamente”. Así, “debemos pasar de las lamentaciones a la acción. La agonía es el preludio de la muerte y aquí debemos hablar del renacimiento del campo asturiano, prefiero sustituir las lamentaciones por el trabajo y al pesimismo por la creatividad”, argumenta.

Tampoco comparte eso de “agonía permanente” el arquitecto especialista en ordenación del territorio Xuan Pedrayes, miembro del grupo “Asturianos”. Advierte: “Decir eso parece que va mal permanentemente. No es cierto. Basta con pensar cómo era el sector agrario asturiano hace 50 años. La media de vacas por explotación sería de 7-10 y, por tanto, los ganaderos eran directamente pobres. Hoy en día, sin duda, hay más de 50 vacas por explotación y la productividad por vaca y por persona habrá aumentado muchísimo. Es cierto que hay problemas, pero es también indudable que ha habido una transformación positiva del sector agrario en el sentido de estar más tecnificado, producir con más calidad, tener más tamaño”.

¿En qué espejos debe mirarse el medio rural asturiano?

Las organizaciones agrarias no creen que haya que buscar fuera nada. Lo mismo opina Pedrayes. “Las comparaciones no son válidas porque los entornos institucionales suelen ser muy distintos”, advierte. “La pregunta correcta es cuáles son las claves para que el sector agrario mejore. Elijo una de la que se habla poco: es necesario potenciar la industria transformadora. Donde hay industria, hay más volumen y los agricultores y ganaderos pueden producir más porque tienen quien se lo compre. Es cierto que las industrias pagan precios más bajos que los que se obtienen con la venta directa pero esos precios se pueden compensar con mayores cantidades”.

No tiene ningún problema Juan Antonio Lázaro en echar una mirada fuera y ver si hay algo bueno para Asturias. Por ejemplo, en la vecina Galicia, donde “están haciendo muchas cosas bien, como es el enfoque que le están dando al acceso a la tierra con intervenciones integrales y con base jurídica. Por proximidad y afinidad biogeográfica, cultural y estructural debemos fijarnos en ellos”. Habla también de las cooperativas del valle del Jerte extremeño. “Hay muchas referencias interesantes y válidas, pero muchas veces lo que nos hace falta es creernos lo que vemos en el espejo y quitarnos complejos y prejuicios”, aconseja Lázaro, quien también barre para casa: “Aquí ya estamos haciendo cosas muy buenas que imitan en otros sitios, como el desarrollo del kiwi, la producción quesera...”.

Nuevas tecnologías y medio rural.

“Todos los avances son buenos si se saben rentabilizar. Son una gran mejora para nuestro sector porque nos permiten en muchos casos vender nuestros productos en cualquier parte del país y nos evita desplazarnos para realizar las tediosas tareas burocráticas. No obstante, nos enfrentamos a dos hándicaps fundamentales, en primer lugar, la mala conexión a internet y la falta de formación para el manejo de las nuevas tecnologías en la gente mayor”, avisa Mercedes Cruzado. Porque nadie pone en duda que los avances tecnológicos son una bendición para los trabajadores en el medio rural.

Lázaro matiza: “Son indispensables para el agro asturiano, pero sin caer en la sobredigitalización o en una dependencia extrema”. Y reseña que “la agricultura y la ganadería 4.0 llevan implantadas en Asturias hace ya tiempo, solo hace falta pasarse por algunas granjas bovinas de Salas o plantaciones de kiwi de Pravia y verlo”. Echa en falta, como Cruzado, “alfabetización digital, orientada a paliar uno de los lastres mas graves para la actividad agraria en Asturias, que no es otra que la excesiva burocratización de todos los procesos”.

Ninguna duda tiene Xuan Pedrayes, a quien más bien ofende que se llegue si quiera a plantear “si era mejor segar con guadaña que con segadora, o arar con vacas en vez de con tractor”. Huye Pedrayes de ese “enfoque hippie o urbanita” con el que a veces muchos hablan de la aldea, su término preferido. Él lo tiene claro: “La productividad de las personas depende fundamentalmente del capital tecnológico. Sin esas mejoras, no puede aumentar la productividad, que es la fuente de la riqueza. No hay problema de tecnificación, sino de rentabilidad”.

Enfoque para reconducir y hacer del sector primario un sector con empleo y generador de riqueza.

Ramón Artime tiene claro que para empezar hay que prestar apoyo a los que están y los que son el futuro: “Los que tienen en torno a 40 años, empezaron hace 10 y 15 años, y tienen en sus manos que esto siga adelante. A esos hay que dar apoyo”. Mercedes Cruzado defiende “poner en valor” el producto. Juan Antonio Lázaro resume: “La profesionalización del sector y la conexión entre productores y mercado es el primer paso importante. Toda actividad económica debe generar riqueza y esta directamente crea empleo, tanto en la producción como todo el proceso asociado. Debemos buscar un enfoque de rentabilidad, tanto de las explotaciones productivas o de las empresas de transformación asociadas, que nos permita seguir evolucionando e invirtiendo”.

Xuan Pedrayes invita a mirar en un sector del que cree que “no se habla” y tiene mucho potencial: el forestal. “La falta de una cultura forestal es uno de los mayores fracasos de los gobiernos asturianos. La gestión del monte está dando de comer a provincias como Soria. Euskadi es una potencia maderera teniendo menos riqueza y masa forestal que nosotros. Es una vergüenza que desde el inicio de la autonomía no haya habido voluntad política de apostar por el mundo forestal”, asegura.

Retos.

“Si queremos garantizar un crecimiento de la agricultura en Asturias, este debe pasar por la mejora del acceso a la tierra y la simplificación de las ayudas para desarrollar o iniciar la actividad. Para el primer sector en general, debemos garantizar un relevo generacional”, resume Juan Antonio Lázaro. “Pero el primer reto insalvable es devolver la ilusión y la esperanza al medio rural asturiano, evitando la sangría demográfica, ya que sin gente no hay tierras labradas”, agrega.

También habla de garantizar la forma de vida Pedrayes. “La productividad y calidad son la clave, pero no vale con hacer 10 quesos muy ricos y venderlos a 100 euros el kilo. El volumen es muy importante para que las explotaciones sean rentables. Y el volumen solo puede venir de manos de la industria y, sobre todo, de una industria con capacidad de exportar. Si estamos pensando en producir cabrales solo para las sidrerías asturianas, el sector irá a menos. Si estamos pensando en que en las tiendas de quesos de Europa se venda cabrales, el sector irá para arriba”, ejemplifica. El arquitecto rechaza que se enfrente al producto artesano con el industrial: “Hay sitio para todos, un cabrales artesano con muy baja producción no debería impedir que se pueda vender cabrales industrial en cualquier ciudad del mundo, como hacen los italianos con el gorgonzola, los franceses con el gruyere”.

Ramón Artime ve un reto importante revertir la situación y que la UE “deje de pensar en leyes y normativas que, lejos de ayudar, dificultan”, algo que solivianta mucho a los ganaderos y agricultores, que de un tiempo a esta parte se sienten “atacados” por las decisiones que se toman en las ciudades sin conocer el territorio: “Que la gente del campo se eche en manos de opciones políticas extremas es por algo, basta mirar cómo han votado los agricultores y ganaderos en Francia o en Castilla y León...”.

Porque advierte: “Si seguimos así, la soberanía alimentaria está en riesgo y la crisis energética que vemos ahora puede llegar a la alimentación, reducida esta a unos pocos que puedan pagar productos caros porque será muy caro producirlos. No es broma lo que se plantea”.

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