13 de abril de 2008
13.04.2008
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Los bolos, olímpicos por un día

13.04.2008 | 02:00
Bernardo Menéndez y Ramiro Paniceres, con una de las antorchas olímpicas.

¿Será algún día la cuatreada deporte olímpico? Difícil, aunque nada resultará imposible para la insistencia de Desiderio Díaz, presidente de la Federación Asturiana de Bolos. De momento, en la visita que una delegación federativa está haciendo esta semana a las comunidades asturianas asentadas en Buenos Aires y Mar del Plata, ya han conseguido participar, de una manera muy particular, en el desfile que la llama olímpica de Beijín 2008 hizo el viernes por la capital argentina.
Para mantener la seguridad de un partido de fútbol entre el River y el Boca -no cabe mayor rivalidad en esta República azul y blanca- las autoridades destinan 1.500 efectivos. El viernes, el paso de la antorcha olímpica por Buenos Aires requirió de un operativo de seguridad de 5.700 personas, entre policías, efectivos de la prefectura y empleados públicos. Para animar estaban todos los chinos que regentan los miles de supermercados bonaerenses de 24 horas. Se echaron a la calle en masa. Y los taxistas porteños se preguntaban cómo era posible que todos hubieran abandonado el trabajo y, al tiempo, pudieran mantener siempre atendidos sus negocios.
La cosa está que arde con la llama de Beijín 2008 y nadie quería que, en su única visita a Sudamérica, el fuego olímpico acabase apagado por las protestas organizadas contra la represión china del Tíbet. Al final, tras un recorrido protegido por cuatro cordones de agentes corredores y dos filas de quads, la ex tenista argentina Gabriela Sabatini, última relevista del recorrido, cruzó al trote el campo del Club Hípico Argentino para devolver el fuego al pebetero que llevaría este símbolo olímpico rumbo a África, a Tanzania.
La llama desfiló por Buenos Aires llevada en alto por deportistas de varias disciplinas olímpicas, todos conocidos medallistas argentinos. Pero en el Club Hípico Argentino también pasó a manos de dos campeones que, sólo de momento, no gozan de las bendiciones del Comité Olímpico Internacional. Las dos «estrellas» de los bolos asturianos, las figuras de la cuatreada, el campeón del mundo Bernardo Menéndez y el ganador del memorial «Cajetilla» Ramiro Paniceres, lograron fotografiarse portando una de la llamas que habían participado en el recorrido. Una de las relevistas les cedió la oportunidad de tocar, aunque fuera ya apagada, esta pieza roja fabricada en aluminio y decorada con un símbolo tradicional chino, la nube de la buena suerte.
En el Club Hípico Argentino se mezclaron sanísimos plusmarquistas nacionales, un par de señores engominados que eran clones de Videla, infinitas azafatas argentinas, dandis con flequillo, un vigilante de seguridad obsesionado con la relación monetaria peso/euro, un reportero de «Caiga Quien Caiga» que iba a pillar al presidente del Gobierno de Buenos Aires, Mauricio Macri, y, la guinda, la pareja de figuras de la cuatreada que pasaban por allí gracias a una invitación personal.
Estuvo bien tocar el fuego olímpico, pero la lumbre que la pareja de campeones de bolos viene a encender a Buenos Aires nada tiene que ver con la de Beijín 2008. Este fin de semana Bernardo y Ramiro disputarán con jugadores locales un torneo de cuatreada en las instalaciones deportivas que el Centro Asturiano tiene en el barrio de Vicente López. El lunes viajarán al Centro Asturiano de Mar del Plata. Cada llama, según sea olímpica o no, sigue su propio curso.

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