17 de julio de 2009
17.07.2009
Perfil

«El modelo creará una enorme deuda pública, que tardará dos décadas en sanearse»

«Si la arquitectura del nuevo sistema responde a los criterios del Estatut,
no le puede venir bien a Asturias»

17.07.2009 | 02:00
«El modelo creará una enorme deuda pública, que tardará dos décadas en sanearse»

Catedrático de Hacienda Pública

Oviedo, Juan A. ARDURA

Es uno de los principales expertos de la región en financiación autonómica. Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Oviedo, ha dado en el último año numerosas conferencias sobre la reforma de un sistema que afecta al conjunto de las autonomías de España, a excepción del País Vasco y Navarra. Ahora, tras el visto bueno del Consejo de Política Fiscal y Financiera, llega el momento de extraer conclusiones sobre la revisión de un sistema que, como dijo hace meses, debería haberse abordado en un momento más oportuno y no en plena crisis. A Monasterio no le gusta la pugna entre territorios, que se ha visualizado en los medios de comunicación, sobre qué autonomías salen mejor paradas en el nuevo sistema. «Como economista me preocupan otras cuestiones de las que se habla bastante menos», advierte; pero, a estas alturas de la negociación, recuerda que hace más de un año en la prensa catalana ya se apuntaba como objetivo lograr 3.800 millones adicionales en el nuevo sistema de financiación.


- ¿Cuál ha sido su primera impresión del nuevo sistema de financiación?


-Cualquiera que se asome al documento se da cuenta de que el nuevo sistema es más complejo que el anterior. En principio, todos deberíamos ser sensibles al hecho de que si ha aumentado la población en algunas autonomías, un hecho objetivo, el sistema debe corregirse para que tengan más recursos.


-¿Hay autonomías perjudicadas o beneficiadas con este nuevo modelo?


-No se trata de que unas autonomías digan que sacan más recursos y que otras digan que pierden. En la financiación autonómica el objetivo es que cada comunidad autónoma disponga de los recursos suficientes para atender los servicios de sus ciudadanos, porque cuando un asturiano va a Valencia y tiene que acudir a un hospital público querrá recibir una atención adecuada, y viceversa cuando un valenciano visita Asturias.


-Pero algunas comunidades sostienen que no reciben los fondos necesarios para atender a sus ciudadanos.


-Siempre es un asunto espinoso. La solidaridad puede medirse en la financiación per cápita, pero las modulaciones que se introducen en el nuevo sistema lo oscurecen. En el nuevo modelo habrá cuatro fondos, uno para servicios públicos, otro de suficiencia, otro de competitividad y otro de cooperación, pero su evolución no se conocerá hasta 2012. Hasta entonces sólo habrá conjeturas. Creo que hay temas más importantes, de mayor calado para el sistema, que las cifras que están centrando el debate mediático en estos momentos. Como economista me preocupan otras cuestiones.


-¿Por ejemplo?


-El nuevo sistema, que coincide con una etapa de caída de los ingresos por impuestos y de déficit presupuestario, va a suponer una acumulación enorme de deuda pública, que tardará dos décadas en sanearse. Ésta es una cuestión muy importante, que será preciso abordar. Además, la contribución del nuevo sistema a una mayor corresponsabilidad fiscal de las autonomías es nula. Se quita a las comunidades autónomas la capacidad normativa sobre el impuesto de patrimonio. Ése es un mal mensaje, porque supone una cierta deslegitimación del impuesto. El déficit público se verá agravado por mucho que el Gobierno central haya incluido una especie de recomendación piadosa en el documento definitivo con el argumento de que dado que las autonomías van a tener más dinero, se endeuden menos.


-¿El nuevo sistema de financiación responde más a las necesidades de Cataluña que a las de las autonomías menos ricas o dinámicas, como Asturias?


-Es innegable que Cataluña ha asumido con más profundidad el desarrollo de su autonomía y que la arquitectura del nuevo modelo de financiación responde en buenas dosis a los criterios regulados en el Estatuto de Cataluña, que es una comunidad densamente poblada y con un alto crecimiento económico. Si el nuevo modelo tiene esas características, evidentemente, no le va a venir bien a Asturias, que es una autonomía con un desarrollo demográfico muy reducido y que depende más de la solidaridad interestatal.


-¿Supone un handicap para el nuevo sistema de financiación no partir con el aval de la unanimidad en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, con el que sí contó el modelo ahora vigente, aprobado durante el mandato de José María Aznar?


-En mi trayectoria profesional ya he asistido a cuatro o cinco negociaciones sobre el modelo de financiación autonómica, y varias de ellas no fueron aprobadas por unanimidad, pero el modelo vigente, de 2002, fue aprobado con el acuerdo unánime de todas las comunidades autónomas, y ahora resulta que es la fuente de todos los males. Entiendo que este debate está muy marcado por las posiciones políticas, que propician una puesta en escena en la que interesa más hablar sobre cantidades que sobre la evolución del modelo.


-¿Este nuevo modelo de financiación recorta el margen de actuación del Estado?


-El nuevo sistema inyecta más recursos. Es algo favorable para las autonomías, porque habrá más dinero para los servicios cuya titularidad corresponde a las comunidades, pero también supondrá que quede menos dinero para los servicios de titularidad estatal.

Un experto en financiación


Carlos Monasterio es catedrático de Hacienda Pública en la Universidad de Oviedo.


Doctor en Economía por la Universidad de Oviedo.


Sus líneas de investigación se han centrado en el federalismo fiscal y en la hacienda autonómica, la economía de la Seguridad Social y las reformas fiscales y la imposición personal.


Ha publicado dos libros sobre financiación de las comunidades autónomas: «El sistema de financiación autonómica 2002» y «El laberinto de la financiación autonómica».

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